Juan Manuel Fábregas
Parece mentira, pero hace 30 años, Misión imposible no era sinónimo de Tom Cruise. La marca, que se convertiría en una de las grandes franquicias del cine de acción del siglo XXI, era apenas una serie de las décadas de 1960 y 1970. Pero este mes se cumplen 30 años de su transformación en un fenómeno cinematrográfico, aniversario que se celebra hoy y el lunes 11 en Movie Montevideo, a las 21.00, con el primer capítulo de las aventuras del agente Ethan Hunt interpretado por Cruise.
En la década de 1990, Paramount, los dueños de los derechos cinematográficos de la serie, se cruzó con un joven Cruise, ansioso meterse a productor. Junto a su representante Paula Wagner, fundaron la Cruise/Wagner Productions, y decidieron que Misión imposible sería su proyecto inaugural.
Después de conversar un tiempo con Sydney Pollack (el director de Nuestros años felices, Tootsie y África mía, entre otras) para desarrollar una historia, Cruise fue por Brian De Palma, cineasta que, si bien, había dirigido éxitos tanto en los 70 (Carrie) como en los 80 (Los intocables),y tenía varias películas de culto (El fantasma del paraíso, Vestida para matar, El sonido de la muerte, Caracortada, Carlito’s Way), siempre fue el menos querido de sus cogeneracionales del llamado Nuevo Hollywood, entre los que estaban Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Steven Spielberg o George Lucas.
De Palma consiguió la colaboración de dos de los guionistas más importantes de Hollywood: David Koepp, que escribió Jurassic Park y con quien De Palma ya había trabajado en Carlitos’s Way, y Robert Towne, guionista de Chinatown, un reputadísimo “script doctor”, o sea el responsable de arreglar guiones ajenas. Juntos crearon el juego de máscaras, traiciones, misterios y un diskette robado (¿hay algo más noventoso?), que constituyen la trama de esta primera Misión imposible.
De Palma, además, rodeó a Cruise de grandes nombres: Jon Voight, Henry Czerny, Ving Rhames (que se convertiría en una presencia recurrente de la saga), y a prestigiosos nombres europeos como los franceses Emmanuelle Béart y Jean Reno, y las británicas Kristin Scott Thomas y Vanessa Redgrave.
La película tiene todo su primer acto filmado en Praga, por insistencia de De Palma. El despliegue le cumpló a Cruise el capricho de tener una “gran escena de acción con agua”. Se volvió una de las escenas más reconocibles de la película, cuando Ethan Hunt hace explotar, chicle-bomba mediante, un restaurante lleno de peceras gigantes, para escapar corriendo de una compleja situación.
Nacían así dos constantes, ambas vinculadas a la estrella de Cruise: hacer sus propias escenas de riesgo y correr frenéticamente, una marca de agua de sus actuaciones.
Pocos cineastas tan hábiles con la cámara como De Palma, quien aquí se encargó de diseñar las secuencias de acción. Además de llenar la película de planos holandeses (donde la cámara se inclina lateralmente, rompiendo la horizontalidad) el director homenajea una vez más, como en toda su carrera, a Alfred Hitchcock, especialmente en el uso del suspenso en el episodio del robo a la bóveda de la CIA, quizás la escena más recordada de toda la película, con Tom Cruise colgando desde el techo y evitando que una gota de sudor que cae por sus lentes, les arruine el ser descubiertos.
Misión imposible no se encuentra entre lo mejor de la filmografía de Brian De Palma (allí estarían Carrie, El sonido de la muerte y Carlito’s Way siguen siendo su podio), pero inició a una de las franquicias de acción más rentables globalmente.
En 2000, el hongkonés John Woo hizo lo que pudo con Misión imposible 2, pero es la más floja de toda la saga con creces, y parecía haber enterrado la historia para siempre. Es entonces cuando en 2006, el televisivo J.J Abrams (creador de las series Alias y, principalmente, Lost), debutó en el cine y resucitó la franquicia con Misión imposible III, con la ayuda de un muy buen villano en Philip Seymour Hoffman.
Cinco años más tarde, en 2011, el director de animación Brad Bird saltaría a la acción real con Misión imposible: Protocolo fantasma, y ya en 2015 con Nación secreta, llegaría a la serie Christopher McQuarrie, que se encargaría de dirigir las últimas cuatro entregas que terminó el año pasado con Sentencia final, y cuya sexta entrega, Repercusión de 2018, es el pináculo de toda la franquicia, además de una de las mejores películas de acción del siglo XXI.
Pero todo ya estaba en ese primer capítulo dirigido por De Palma que está cumpliendo 30 años: las máscaras perfectas para pasar por cualquier persona, las inesperadas traiciones, los raros artilugios tecnológicos, las eternas corridas y acrobacias de Tom Cruise. Y sí, esa música del argentino Lalo Schifrin, -adaptada para la ocasión por dos integrantes de la banda U2- que transporta a un mundo de intriga y espionaje.