"No era el momento": Nadia Theoduloz habló de su drama familiar durante su suplencia en "Desayunos Informales"

En un mano a mano íntimo, la modelo recordó sus días en la casa de Pancho Dotto, su etapa más difícil tras la maternidad y cómo el hockey en Peñarol se convirtió en su principal refugio personal y emocional.

La modelo Nadia Theoduloz.
La modelo Nadia Theoduloz.
Foto: Leonardo Mainé

Nacida y criada en la Curva de Maroñas, Nadia Theoduloz amaba jugar al fútbol, pero ser profesional de la pelota no era una opción. Así que llevó un book a la agencia Valentino y, a los 16 años, ya estaba haciendo publicidades. La descubrió Pancho Dotto cuando tenía 20 y se la llevó a Buenos Aires. Pudo haber hecho carrera y dinero en la vecina orilla, pero priorizó un vínculo de pareja y regresó. Dio sus primeros pasos en televisión en Verano en barra (Canal 12) y, más para acá, llegó a la final de Fuego Sagrado famosos (Teledoce), a pesar de que aceptó competir sin saber hacer ni un pancho.

Fue mamá de Manuela en noviembre de 2023 y la maternidad la pasó por encima: a la nueva vida se le sumó la etapa final de la enfermedad de su madre, y atravesó una crisis que incluyó un tratamiento con antidepresivos. En febrero se sumó al equipo de hockey de Peñarol y fue su refugio. Hoy maneja un complejo deportivo con su esposo y quiere volver a la pantalla chica. De todo eso, además del recuerdo de sus días en Buenos Aires, la depresión que superó y su próximo desafío, charló con Sábado Show.

— De chica te gustaba mucho el fútbol. ¿Cuándo dijiste: “quiero ser modelo”?
— El sueño se despertó en la adolescencia. A los 14 empecé con algún casting y a los 16 entré en Valentino Bookings, agencia con la que sigo. Presenté unas fotos y ahí empecé.

— ¿Alguien te descubrió?
— Puedo decir que me descubrió Pancho Dotto en un desfile en el Conrad, a mis 20 años. Estuve un tiempo trabajando con él en Buenos Aires, me recibió espectacular. No cambiaría nada, pero no me quedé a probar. Me quedó en el debe, pero fue una experiencia súper linda.

— Hasta viviste en la casa de Dotto, con su madre, ¿no?
— Sí, increíble. El apartamento donde estaban las chicas estaba lleno y, al lado de su casa, en San Fernando, tenía un apartamento donde vivía su mamá y me quedé un tiempo ahí. Era divina. Me llevaba el desayuno a la cama. Cuando llegué a la agencia me llenaron de regalos.

— ¿Y por qué no te quedaste?
— Porque era chica, extrañaba y prioricé a mi pareja de aquel entonces, y no a mí. Siempre prioricé a los demás. De grande lo aprendí y no me lo permito.

— ¿Cómo fue ese tiempo allá?
— Estuve un tiempo y gané lo que nunca gané acá. El primer mes viajé a Chile a hacer una campaña de lentes y los montos eran increíbles.

— Hubieras hecho plata...
— Tampoco quiero asegurar algo que no pasó, porque capaz que me hubiese ido mal y tenía que volver. Pero la oportunidad me la dieron y la pasé espectacular.

— ¿No volviste a intentarlo?
— No. Después la vida me fue dejando en Uruguay, aunque viví en España, Portugal e Italia porque mi primer novio (Horacio Peralta) jugaba al fútbol y me iba con él.

— Fuiste a Miss Uruguay con 17 años y fue un impedimento para viajar a Miss Universo, ¿cómo lo viviste?
— En mi lugar fue Nicole Dupont, si mal no recuerdo. Tenía todas las esperanzas de viajar, pero la organización me explicó que por la edad no podía y no había mucho para hacer. Soy muy práctica y cambio el chip rápido. Fue una experiencia súper linda haber estado en el certamen acá.

— ¿Cómo te trata el ambiente del modelaje? ¿Lo has sufrido?
— Acá no hay mucha competencia. En Argentina estaba ese mito de que te hacían tropezar en las pasarelas, pero acá nunca tuve inconvenientes.

Nadia Theoduloz planea abrir una cafetería con la esposa de su padre.
Nadia Theoduloz planea abrir una cafetería con la esposa de su padre.
Foto: Leonardo Mainé

— ¿Y en Argentina?
— Para nada. Me acuerdo que, después de un desfile en La Rural, me quedé conversando con Zaira Nara y me invitó a bolichear. Salimos y fue muy macanuda porque nunca la había visto.

— ¿Quedaron amigas?
— No, fue solo esa vez que nos cruzamos en ese desfile.

— En 2023 te convocaron para Fuego Sagrado y no sabías hacer ni un pancho. ¿Dudaste si aceptar?
— Yo estaba embarazada, tomando sol en la playa de Ibiza, y me llega un mensaje de Ana Laura Faral por Instagram para saber si me copaba participar. “Hago un pancho y se me quema hasta el agua, no sé cocinar”, le contesté. Después lo pensé y dije: “Puede ser una oportunidad divertida”. Y fue una de las mejores experiencias. Mi meta era pasar el primer programa con dignidad. Pero me copé y llegué a la final con Esteban Batista, que terminó ganando. Conocí gente hermosa y me divertí muchísimo.

— ¿Te gustaría volver a la tele? ¿Has recibido propuestas?
— Estoy abierta, pero no he tenido propuestas sólidas. No sé si me juega en contra que soy un poco tímida. Tampoco me han dado la oportunidad de estar un tiempo. Al mes y medio de haber sido mamá de Manuela me llamaron para una suplencia en Desayunos Informales y no tuve peor idea que decir que sí. La pasé divino, pero no era el momento.

— ¿En qué tipo de programa te gustaría estar?
— Algo descontracturado. Me sentiría cómoda en un magazine. De hecho, la experiencia en Desayunos, más allá de todo el caos mental, fue súper linda.

— Además de manejar un complejo deportivo con tu esposo, ¿seguís con el modelaje?
— El modelaje nunca lo tomé como un trabajo serio, sino como una oportunidad de hacer dinero fácil. Cuando era más chica pude trabajar muy bien en publicidad, pero los desfiles y la alta costura no me gustaban.

— Has dicho que encontraste la paz en Maxi Rodríguez. ¿Cómo estás hoy con tu esposo?
— Espectacular. Es el mejor compañero de vida. Nunca pensé en ser mamá y con Maxi se despertó mi deseo. Sin dudas fue lo mejor que hicimos en nuestra vida.

— Has hablado públicamente de etapas difíciles y del uso de antidepresivos, ¿cómo te sentís hoy?
— Bien. En su momento me tocó tomar antidepresivos y fue la mejor decisión que pude haber tomado.

— ¿Cómo fue ese proceso?
— Manu nació en noviembre y, a fines de diciembre, acudí a la psiquiatra porque tenía una leve depresión posparto. Estaba muy angustiada y ansiosa porque no solo había cambiado mi vida por mi hija, sino que atravesé en paralelo la enfermedad de mi madre y fue una de las situaciones más dolorosas que viví. Uno romantiza la maternidad; pensé que iba a poder sola con todo y me desbordé.

— ¿Qué te ayudó a salir? ¿Te sirvió la terapia?
— Sí. De hecho, fue mi psicóloga la que me recomendó en su momento que visitara a una psiquiatra y comenzara con los antidepresivos. Mi hija nació en noviembre y arranqué con el tratamiento en enero. Duró un año y me cambió la vida porque pude afrontar las cosas y dejar de vivir con esa angustia y ansiedad que no me permitía disfrutar de mi hija.

— ¿Cómo influyó la enfermedad de tu mamá en este proceso?
— Me dolió porque ella era una mujer súper activa, deportista, y le tocó una enfermedad neurológica degenerativa durante ocho años que la arruinó. Al final no podía comer ni caminar.

— ¿Cómo transitaste ese final?
— Perdí a mi madre el 8 de abril del año pasado, que además tuvo un cáncer. Durísimo. Era como otra hija porque dependía de mí para muchas cosas. Estando embarazada iba a cocinarle, a bañarla. Ella estaba imposibilitada y terminó en un residencial en febrero y en abril falleció. La necesité mucho en esta etapa y no la tenía como me hubiese gustado y ella hubiese querido: acompañándome y disfrutando a su nieta.

— ¿Qué papel ocupa la espiritualidad en tu vida?
— Soy cero espiritual.

— ¿El hockey es tu catarsis?
— Así es. Me hace muy bien. Descargo, corro, me divierto. Tenemos un grupo maravilloso.

— ¿Te ha salvado en estos momentos difíciles?
— Sin duda. A veces no tengo un buen día, voy a la cancha y digo: “qué bien que hice en venir, distraerme”. Es un regalo. Lo más importante es el apoyo y la contención del grupo, que no es fácil de conseguir.

— ¿Cuándo y por qué empezaste?
— Siempre me gustó el hockey, soy hincha y socia de Peñarol y no me copaba ir a otro equipo. Vi que había un llamado y dije: “me anoto. ¿Qué mejor que representar al club de mis amores, desde mi lugar?”

Nadia Theoduloz juega al hockey en Peñarol.
Nadia Theoduloz juega al hockey en Peñarol.
Foto: Leonardo Mainé.

— ¿Jugás bien?
— Me defiendo. Trato de arrastrar marcas para que mis compañeras, que tienen mejor dominio de la bocha, lleguen al área y hagan el gol.

— ¿Siempre fuiste deportista?
— Cero. Me obligo a hacer deporte. Voy al gimnasio. Jugaba al pádel. Lo tomo como una diversión, para descontracturar.

— Cumpliste 40, ¿cómo te pegó?
— Mentalmente siento que soy una adolescente. Pensé que me iba a chocar más. Uno tiene que aceptarse y trato de llevarlo de la mejor manera. Me siento bien con mis 40.

— Sos muy activa en la defensa de los animales, ¿es un debe del Estado?
— Sí. Tengo tres perros y tres gatos, y hago lo que puedo desde mi lugar. Si bien ahora somos muchísimos más abocados a este tema, falta mucho por hacer. En campaña todos están; cuando asumen el gobierno, no hay nadie.

— Tus padres militaban en el Partido Comunista, ¿qué lugar ocupa la política en tu vida?
— Antes era de izquierda, pero los políticos nos han defraudado un montón y no me identifico con ningún partido.

— ¿Cuál es tu próximo desafío? ¿Qué tenés pendiente?
— Paula, la mujer de mi papá, es geóloga y repostera, y queremos abrir una cafetería. No tiene nada que ver con lo mío, pero me gustaría tener ese desafío con ella, que fue la que me ayudó en Fuego Sagrado. No tenemos nombre, solo palabras y ganas.

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