En los años ’80, cuando la televisión abierta marcaba el pulso de las noches familiares, Temple de acero (Remington Steele) se convirtió en una cita ineludible para miles de uruguayos. Creada por NBC y emitida en Uruguay por Canal 4 los domingos en horario central, la serie logró un éxito notable gracias a una combinación infalible: misterio, comedia romántica, diálogos afilados y una química irresistible entre sus protagonistas.
La historia giraba en torno a Laura Holt (Stephanie Zimbalist), una detective privada tan competente como subestimada por el solo hecho de ser mujer. Cansada de que los clientes no confiaran en ella, decide inventar a un socio masculino ficticio: Remington Steele.
El problema -y el gran acierto de la serie- surge cuando ese personaje imaginario cobra vida en la piel de un encantador estafador interpretado por Pierce Brosnan, quien asume la identidad del detective inexistente y se instala en la agencia.
A partir de allí, Temple de acero construye su encanto sobre el juego de apariencias, la tensión romántica no resuelta y un humor sofisticado que se apoyaba tanto en referencias al cine clásico como en situaciones absurdas.
Cada episodio ofrecía un caso policial, pero el verdadero atractivo estaba en el ida y vuelta entre Holt y Steele: ella, metódica, inteligente y adelantada a su tiempo; él, elegante, irónico y siempre al borde del engaño.
La serie fue pionera en varios sentidos. Presentó a una protagonista femenina fuerte, profesional y autónoma, además de mezclar con naturalidad el policial con la comedia romántica, en un tono liviano pero inteligente que envejeció mejor que muchas producciones contemporáneas.
En Uruguay, su emisión por Canal 4 la transformó en un verdadero fenómeno. Los domingos de noche, Temple de acero era parte del ritual previo al lunes: una serie “para ver en familia”, comentada al día siguiente en la escuela, el trabajo o el almacén del barrio.
Su estética glamorosa, los exteriores lujosos y el carisma de Brosnan la distinguían del resto de la grilla.No es casual que el éxito del programa haya catapultado a Pierce Brosnan al estrellato, al punto de convertirlo años después en James Bond. Algo de ese ADN estaba ya presente en Remington Steele: el traje impecable, la ironía seductora y el aire de espía elegante.
Originalmente, Temple de acero se emitió entre 1982 y 1987. A más de cuatro décadas de su estreno, la serie conserva intacto su encanto. Es una postal televisiva de los ’80, sí, pero también una serie que supo ser moderna, divertida y memorable.
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