La pandemia arrasó con la vida de muchos y obligó a varios a reinventarse. Algunos salieron ilesos y solo una minoría se benefició de este virus que dejó al mundo entero encerrado en sus hogares durante meses. Florencia Servente es de esas pocas privilegiadas. El covid-19 potenció a esta arquitecta de 37 años y la llevó, sin saberlo, a descubrir una pasión que arrastraba desde la niñez. La catapultó a la fama sin buscarlo. Un celular, contenido interesante y la ayuda inicial de su esposo cineasta para editar buenos videos bastaron para que se convirtiera en un fenómeno viral inesperado que trascendió fronteras sin necesidad de moverse de su casa.
La cuenta @mamaarquitectauy está entre las más populares de Uruguay hoy: supera el millón y medio de seguidores -la mitad son de la vecina orilla- y es el primer nombre que les salta a las marcas cuando buscan a alguien del rubro home.
La abrió con un único fin: mostrar las casas que refaccionaba como arquitecta independiente para atraer clientes. La emergencia sanitaria la obligó a dar un giro de 180 grados y lo que arrancó como una simple vidriera se transformó en su principal fuente de ingresos en cuestión de meses.
Creció como una bola de nieve y de forma orgánica; ni siquiera le dio tiempo a sentarse a pensar y digerir lo que estaba sucediendo. Un día se levantó, era creadora de contenido y las marcas se peleaban por tenerla. “No tenía idea de que se podía vivir de eso en Uruguay. Para mí, influencer eran las Kardashian”, dice entre risas y en tono naif a Sábado Show.
Una cosa llevó a la otra y terminó en la pantalla chica regalando tips para enamorarse de su hogar, como dice la descripción de su cuenta de Instagram. Primero la invitaron a ser columnista en Bien con Lourdes (Canal 4) y luego en La mañana en casa (Canal 10).
En 2025 fue jurado de Maestros del hogar, el exitoso formato ideado por Canal 4, donde distintas parejas se medían en diseño y bricolaje, y que incluso se vendió al exterior.
Este año dio un salto mayor y asumió el reto de la conducción en Transformá tu hogar. El ciclo va los sábados a las 18:00 por Canal 4 y mantiene el espíritu de una dinámica que ya realizaba en sus redes: remodelar una habitación elegida por un cómplice que busca sorprender a otro.
Los interesados en participar deben ingresar a www.canal4.com.uy y completar un formulario.
El estreno es la excusa perfecta para profundizar en la historia de Florencia Servente y conocerla mejor.
La inquieta arquitecta que se convirtió en influencer
Creció en una cooperativa de viviendas de ayuda mutua en la Cruz de Carrasco. En su casa no sobraba el dinero, así que su padre -soldador de oficio- aprovechaba su talento manual para hacer placares y muebles. Florencia acompañaba y, cuando se le daba por empapelar el cuarto o grafitear el patio, no le cortaban las alas.
Aunque es hija de dos empleados, el arte revoloteaba en la familia. Su padre hizo Bellas Artes y, además, conoció a su madre en un taller de grabado. Eso sí, cuando llegó el momento de elegir una profesión, no tuvo la misma libertad. En su casa eran más conservadores y querían que fuera a la facultad a hacer una carrera. Como le gustaba dibujar, se inclinó por Arquitectura.
“Hace 20 años tampoco había tantas opciones y muchos que tenían un perfil artístico se volcaban a Arquitectura. Es una carrera súper completa, te abre mucho la cabeza”, comenta.
En paralelo a la facultad, hizo una pasantía de dos años en el área de realojos de asentamientos de la Intendencia de Montevideo, una experiencia de la que salió enriquecida. De los manuales que elaboraban para entregar a los usuarios y enseñarles a cuidar su nueva casa, sacó varios piques que usa hasta hoy cuando piensa contenido para sus redes.
Esa etapa, además, fue el puntapié para que empezara a meterse en el rubro audiovisual: comenzó a filmar videos para mostrar las viviendas por dentro, cuando antes solo se sacaban fotos. “Mi jefa estaba chocha”, recuerda.
Se recibió en 2016 y se asoció con otra amiga arquitecta para trabajar de forma independiente refaccionando cocinas y baños. Todo marchaba bien, pero al año quedó embarazada y lo que creyó que iban a ser tres meses de licencia se convirtió en un año. “La maternidad me llevó puesta”, reconoce. Le costaba desprenderse de su hija y además sentía que era “cambiar plata por plata” y que no valía la pena. Tampoco tenía un trabajo esperándola: debía generarlo.
En marzo de 2020, todo parecía empezar a acomodarse. Su hija iba a arrancar el jardín de infantes y a Florencia la esperaba una obra en un apartamento, así que decidió abrir una cuenta de Instagram con el propósito de tener una vidriera donde mostrar sus proyectos y atraer clientela.
La bautizó @mamaarquitectauy, inspirada en cuentas de nutricionistas o psicólogas infantiles que había empezado a seguir después de ser madre. “Lo pensé como una forma de comunicar más informal y cercana, similar a esas que veía, pero trasladada a mi profesión”, explica. El plan era compartir contenido valioso, sencillo y útil; por ejemplo, cómo combinar la grifería de un baño.
Ni en sus sueños más remotos creyó que iba a dejar su profesión para dedicarse de lleno a ser influencer. Para Florencia, influencer eran las Kardashian. La pandemia, sin embargo, hizo añicos ese prejuicio.
Se cancelaron las clases y se frenó la construcción. La reforma prevista quedó trunca y pensó: “¿Ahora qué hago?”. Encerrada en su casa, no se le ocurrió mejor idea que mostrar los arreglos que hacía desde siempre, pero ahora con público.
“Empecé a compartir en historias las fotos y los mensajes con indicaciones que le mandaba a mi tía, que estaba arreglando un murito. A la gente le encantaba”, recuerda.
El cambio de vida de Florencia Servente
El rubro hogar explotó en tiempos de confinamiento, las marcas buscaban medios digitales donde mostrarse y fue todo ganancia: “Soy como los vendedores de tapabocas”, bromea.
Sus videos pegaban y los seguidores caían como moscas. Y todo de forma orgánica. A los cuatro meses ya tenía 10 mil y, cuando en una semana la llamaron tres marcas grandes, decidió formalizar el negocio. “Fue la primera vez que pensé: ‘Esto se puede convertir en el trabajo’. Para mí esto era la vidriera”, comenta.
Reconoce que al principio no sabía qué cobrar y terminaba preguntando a las agencias qué le aconsejaban. Hasta hoy se repite: “No estés con cabeza de kiosquero”. “Venía con eso de cobrar según el tiempo, porque los dibujantes cobran por hora”, dice.
El cambio de chip implicó entender que la imagen vale. “Hoy me llaman todo el día con propuestas y me puedo dar el lujo de tirar para arriba”, asegura.
En 2021 se la jugó y dejó su trabajo como arquitecta. Confiaba en que el proyecto seguiría creciendo. Además, el cambio le traía muchas ventajas: trabajar desde casa, tener flexibilidad con sus hijas y, sobre todo, hacer algo que le encanta.
Jamás la escucharán quejarse de ser influencer porque, según dice, son todos privilegios: “Es cómodo, sencillo, ganás bien”.
La comunidad de un millón y medio de seguidores es lo que más despierta curiosidad. La mitad son argentinos y la mayoría son mujeres de entre 25 y 50 años.
No se dedica a pautar y, aunque hay marcas que lo hacen por ella, el quid de la cuestión no pasa por ahí. “La clave está en hacer contenido que se vuelva viral e invite a la gente a seguirte”, explica.
No tiene una fórmula exacta, pero en su rubro parte del éxito está en mostrar una solución desconocida, novedosa y fácil de aplicar.
Los creadores de contenidos suelen quejarse del algoritmo, pero para ella es súper justo. “Instagram no te odia, le das lo mismo. Le importa cómo reacciona la gente. Si subís algo, se llena de comentarios, likes, se guarda, se comparte… pasa algo mágico y se lo ofrece a todo el mundo sin que pagues. Hay videos míos con más de 15 millones de visualizaciones”, dice.
Entre ese millón y medio de seguidores está Andrea del Boca y también el fan de Wanda Nara. “Vi que me había empezado a seguir y en realidad me quería vender algo”, cuenta entre risas sobre este pintoresco personaje.
La mayor satisfacción la vivió cuando Laura Canoura le mandó un mensaje para preguntarle algo de cocina.
Cómo llegó la arquitecta influencer a conducir en Canal 4
Debutó en el programa de Lourdes Ferro en Canal 4: les gustó lo que hacía en redes y la convocaron. “Crecí viendo Utilísima y me encantó la idea”, recuerda. Luego pasó a Canal 10 y llegó Maestros del hogar de forma particular.
Una compañera de facultad le mandó el link para que se anotaran juntas y ella pensó: “Si hay una competencia de bricolaje en Uruguay, tengo que ser parte”. Averiguó quién estaba detrás, llegó al productor Matías Garay y le escribió. Él la tenía en el radar y la invitó a una prueba de cámara.
Fue sin tener idea y terminó como jurado. La experiencia le permitió ganar confianza, además de probarse en un medio distinto, con otro público y en una gran producción. “Fue un desafío enorme. Era un set increíble, 12 horas de rodaje. Siento que hice un máster de comunicación”, asegura.
Mientras grababan, propuso adaptar a televisión el formato de transformaciones que ya hacía en redes. Así nació Transformá tu hogar. “Era el programa que quería hacer”, asegura.
Ya cumplió varios deseos -algunos casi utópicos-, pero todavía hay lugar para soñar en grande.
Aunque disfruta el presente, ansía a dar un paso más: armar un proyecto solidario, al estilo “transformá tu ONG”, para ayudar a instituciones a través de alianzas con empresas. “Me gustaría generar esas instancias, pero necesito otro soporte logístico”, concluye.
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