Por un tiempo, el silencio fue su única respuesta. El argentino Jey Mammón desapareció de la televisión, los escenarios y, por momentos, de sí mismo. Pasó de estar en la cima. a ser el centro de un escándalo que lo dejó sin aire y sin voz. En días, la exposición mediática lo convirtió en un blanco, la justicia archivó la causa y la condena llegó por otro lado: la opinión pública en redes sociales.
Más de un año después, el conductor habla desde un lugar distinto. “No me canceló la gente, me canceló un sistema”, dice en una charla con Sábado Show con motivo del espectáculo que dará en Montevideo el 12 de noviembre.
En Montevideo, donde comenzará su gira con Jey de Girafa, dice que público le tiene cariño y que todavía mantiene algunos amigos de este lado del río, como Rubén Rada, a quien fue a visitar apenas llegó a Uruguay. Sobre su presente, su gira y su vuelta a los escenarios, es esta charla.
En marzo de 2023, el nombre de Jey Mammón -uno de los conductores más populares de la televisión argentina- quedó en el centro de una tormenta mediática. Una denuncia por abuso sexual presentada años atrás por Lucas Benvenuto, un joven que había sido víctima de una red de abusos en su adolescencia, se volvió pública y el efecto fue inmediato: la cadena Telefe suspendió al conductor, su programa La Peña de Morfi quedó sin figura principal y el artista desapareció del mapa mediático.
El caso tuvo una particularidad: la denuncia no era nueva. Había sido presentada en 2020 y archivada por la Justicia por prescripción, ya que el hecho denunciado databa de hacía más de una década. Sin embargo, cuando Benvenuto habló en televisión, el caso se reactivó en la esfera pública. La opinión se dividió en tiempo récord, las redes sociales amplificaron el escándalo y los medios se encargaron de multiplicar versiones, opiniones y juicios sin sentencia.
Sus primeras reapariciones despertaron tanto aplausos como cuestionamientos. Pero, con el tiempo, las aguas se fueron calmando. El año pasado retomó su carrera artistica con el espectáculo Jey de Girafa, una propuesta que mezcla música y humor con canciones, anécdotas y personajes como Estelita, su clásico alter ego. También volvió a la televisión con un programa propio en Canal 9 que, espera, próximamente llegue a la televisión uruguaya.
Esta semana estuvo en Uruguay, gracias a al espectáculo lo traerá por primera vez a los escenarios de Montevideo. Se presentará el 12 de noviembre en el teatro Stella, antes de iniciar una pequeña gira por le interior del país.
“Estoy muy agradecido. No lo digo por compromiso, lo digo porque lo sentí”, dice Jey Mammón a Sábado Show. En la pequeña gira de medios que hizo para Jey de Girafa, dice que le preguntaban por programas que ni él se acordaba. También le preguntaron por los actos de la AMIA, donde cantaba. “Terminé cantando la canción en vivo. Fue emocionante. Me hizo pensar en todo lo que uno hace a lo largo de los años y en cómo, a veces, se pierde la noción del camino recorrido”, dice el conductor.
—¿Te cuesta disfrutar de lo que vas logrando?
—Muchísimo. Muchas veces estás corriendo. Te subís a un auto, a un avión, hacés notas, shows, grabás algo, y no parás nunca a mirar. Hasta que un día te das cuenta de que las cosas que soñabas ya pasaron, pero no las viviste. Yo trato ahora de frenar un poco, de mirar a la gente a los ojos, de disfrutar un café después de una función. Antes era todo vértigo.
—¿Seguís siendo tu propio productor?
—Sí, desde siempre. Desde los tiempos en que hacía teatro a la gorra. Yo soy de llamar, de insistir, de armar todo. Y cuando digo todo, es todo: desde el diseño del afiche hasta el orden de los temas. Me gusta involucrarme. Es un trabajo artesanal, pero me hace sentir que tengo el control creativo. No me gusta que otros decidan por mí lo que quiero contar.
—¿Cómo vivís esta visita a Montevideo?
—La estoy disfrutando mucho. Vine muchas veces, pero nunca a hacer funciones. Tengo amigos acá, como el Negro Rada, a quien admiro profundamente. Y siempre me pasa que cuando estoy en Uruguay me dan ganas de quedarme. Hay una tranquilidad, una manera de mirar las cosas sin tanto apuro. A veces jodo con que me mudaría, pero no sé si es tan en chiste (risas).
—Tu programa se emite en Argentina por Canal 9, ¿hay planes de que se emita también en Uruguay?
—Todavía no se ve acá, pero estamos trabajando para que llegue. Mientras tanto, se puede ver en YouTube. Igual me sorprende mucho que acá la gente recuerde cosas de Los Mamones, programas enteros, entrevistas puntuales. A veces me nombran invitados que ni yo me acordaba (risas).
—Fue un fenómeno televisivo muy recordado.
—Sí, y en un contexto muy particular. En plena pandemia, cuando todos estábamos encerrados, el programa se convirtió en una compañía para mucha gente. Algunos me contaban que lo veían desde una cama de hospital o en plena cuarentena, y que era el único momento en el que se reían. Eso te marca. Me hizo entender que el humor también puede ser un servicio.
—¿Qué te dejó esa experiencia?
—Aprendí que cuando estás en el centro de todo, es muy fácil perder el eje. Cuando todo el mundo te dice que sí, que sos genial, podés empezar a creer que la realidad es eso. Y no. Lo más importante que me dejó Los Mamones fue entender el valor del equipo, del respeto y del contacto humano.
—Contame qué se va a ver en el espectáculo Jey de Girafa.
—Es un espectáculo integral, con música, humor, personajes y mucha interacción con el público. Está Estelita, claro, pero también hay momentos donde me saco todas las máscaras y hablo desde otro lugar. Hay canciones que marcaron etapas mías y de la gente. Es un viaje emocional, sin exagerar. Y cada función es distinta. A veces me emociono, otras me río más de lo previsto, otras el público me sorprende. Es un show vivo, no una repetición.
—¿Cómo fue volver a subirte al escenario después de todo lo que pasó?
—Fue difícil, pero necesario. Yo no sabía cómo me iba a recibir la gente, si iba a venir, si iba a aplaudir o quedarse fría. Pero la respuesta fue muy amorosa. Cuando te pasa algo tan duro como la cancelación, perdés la confianza en el otro. Y el teatro me la devolvió. Ahí no hay edición ni filtro. Si te quieren, te lo hacen sentir.
—¿Cómo viviste el proceso de la cancelación?
—Fue durísimo. Pasé de estar en mi mejor momento a desaparecer. Sentís que todo lo que hiciste se borra de un día para el otro. Pero también entendí que no me canceló la gente: me canceló un sistema. Las redes, los medios, esa maquinaria que se alimenta del escándalo. Pero el público, el de verdad, nunca me soltó.
—¿La justicia te acompañó?
—Sí. La justicia fue clara desde el principio. Lo que hubo después fue una distorsión mediática enorme. Muchos no leyeron ni una línea del expediente, pero opinaban igual. Por eso decidí callar un tiempo, para que hablen los hechos. Y cuando uno tiene la conciencia tranquila, el tiempo termina acomodando todo.
—¿Cómo fue emocionalmente?
—Al principio, devastador. Me costaba salir a la calle. Sentía que todos me miraban. Después entendí que Twitter no es el mundo real. Que el odio no está en la gente, sino en ciertos sectores que viven de amplificarlo. Y que, al final, la verdad no se grita, se sostiene.
—¿Hoy sentís que volviste?
—Sí, pero distinto. Ya no me interesa ser “el más visto” o “el más famoso”. Me interesa hacer lo que amo, con libertad y con alegría. Antes decía que mi mejor momento había sido Los Mamones. Hoy creo que es este. Porque ahora disfruto, entiendo, y no tengo miedo.
—¿Qué lugar tiene la gente en todo esto?
—Todo. La gente es el verdadero cuarto poder. No los medios, ni las redes. Ellos eligen a quién escuchar, a quién ir a ver, a quién creerle. Y tienen una sensibilidad enorme. No se los puede subestimar.
—¿Qué sigue ahora?
—Sigo con la gira, que arrancó en Montevideo y se va a extender por Argentina y otros países. Después seguramente haga temporada en la costa. Y el programa, que ahora dura una hora, viene creciendo. Estoy contento.
—¿Y en lo personal? ¿Cómo estás?
—Bien. Soltero, que no es lo mismo que solo. Estoy abierto a estar en pareja, me gustaría encontrar algo estable. Pero no tengo ansiedad. Creo que las cosas llegan cuando uno está bien con uno mismo.
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