Es hija de una famosa actriz, fue la voz de "Anina", se recibió de psicóloga y se abre camino en la música

En casa de Federica Lacaño se respiraba arte y lo absorbió desde niña. Se formó en actuación y canto, estudió Psicología y hoy se abre camino en la escena musical. Esta es su historia.

La cantante y compositora Federica Lacaño.
La cantante y compositora Federica Lacaño.
Foto: Estefanía Leal

Hay imágenes de la infancia marcadas a fuego en la memoria y retina de Federica Lacaño (27). Se recuerda desgarrándose frente al espejo, cantando canciones pop a grito pelado y desplegando un histrionismo precoz. También las veces que aseguró que era bailarina de flamenco y la cantidad de puestas en escena que montó en el living de su casa para canalizar esa personalidad movediza e inquieta que llevaba a su abuela paterna, Lala —pianista—, a afirmar que su nieta no podría aprender ese instrumento.

Federica no paraba quieta, y eso no ha cambiado, como se verá en las próximas líneas. La genética, en su caso, juega fuerte. A esa abuela pianista se suma un abuelo escritor, Carlos Mendive, y una madre actriz, directora y referente del Instituto de Actuación de Montevideo (IAM).

Está convencida de que heredó de María Mendive el manejo del escenario y ese proceso de pasar las canciones —propias y ajenas— por el cuerpo. “Además de ser música y compositora, soy intérprete”, afirma a Sábado Show. Y no cabe duda de que se lo contagió su madre.

Su padre también tuvo mucho que ver en su vínculo con la música. Marcelo Lacaño cantaba puertas para adentro, pero su hija se emocionaba cada vez que lo veía desempolvar una vieja viola, afinarla a oído y entonar temas de Luis Alberto Spinetta, Charly García o Luca Prodan.

Esa mezcla de juego y herencia encontró un cauce más profesional con el paso del tiempo, aunque el escenario no fue su único lugar en el mundo. Desde chica habitó otro espacio que también la marcaría: la terapia. Las posibilidades de pensamiento y el acompañamiento la sedujeron, y se anotó en la Facultad de Psicología por curiosidad. En ese recorrido fue decantando su segunda vocación.

La inquietud que la caracterizaba en la niñez sigue intacta. No se queda en un solo lugar: combina su carrera de solista con el rol de corista y su trabajo como psicóloga, tanto en consultorio como en un colegio. Y tiene en el tintero ir a más en la actuación.

Encuentra en el freestyle algo catártico y liberador, aunque reconoce no ser la mejor rimando. Crear desde la improvisación le resulta natural. Ya grabó cuatro canciones de su autoría —“Mantra”, “Vino”, “Luna en la ciudad” y “ControlR”— que fusionan soul, rock, pop y rap. Su plan ahora es “amigarse con la versatilidad” y unificar ese material en un EP junto a un mismo productor.

Además, se prepara para presentarse el 8 de mayo en la Sala Camacuá, como corista invitada por Silvina Gómez. También abrirá ese show junto a Mechi Muniz.

A continuación, un poco más de la historia de Federica Lacaño.

El arte como motor

Su madre la llevaba a los talleres para infancias que se dictaban en el IAM para saciar esa sed artística, y todo parecía indicar que lo suyo sería la actuación. Las tablas le tiraban fuerte, pero a los 13 años pidió ir a aprender canto y en esas clases con Maité Gadea se sumergió en un proceso creativo que le dejó huella y hoy agradece.

En esos tres años, un día interpretaba a María Callas y otro hacía yoga: ese juego terminó de enamorarla.

Su debut frente a público fue en Los Maristas. Estaba en cuarto de liceo, era nueva en el colegio y se anotó en un concurso. Cantó “Everybody Hurts”, de R.E.M., y, a pesar de los nervios, comprobó que era lo suyo.

Antes había tenido una experiencia clave: fue la voz de Anina, la animación dirigida por Alfredo Soderguit y estrenada en 2013. Llegó a través de un casting abierto entre alumnos más chicos del IAM. Federica era una de esas niñas: se presentó y quedó.

“Me divertí mucho. Iba un par de veces por semana a leer el guion con Alfredo, que me apadrinó y me acompañó”, cuenta.

Grabaron durante un año y, cuando vio el resultado final en pantalla, no entendía nada. “Con el tiempo dimensioné, le di valor a ese trabajo y quise mucho a esa niña que logró hacer todo eso”, señala.

En 2023 fue extra en Amores pendientes, de Óscar Estévez, y al año siguiente participó de la obra Yo también quiero ser un hombre blanco heterosexual, con texto de Carla Zúñiga y dirección de María Mendive, donde además de cantar, tenía un rol en escena.

La actuación es un pendiente a profundizar. Hizo un curso en el IAM y luego otro en La Escena, enfocado en actuación ante cámara, pero en paralelo se recibió de psicóloga y continuó su carrera como cantante, y no logró sostener el ritmo.

Las ganas de retomar los estudios de actuación están, pero hoy tiene varias puertas abiertas: la psicología, la música y también la locución.

Prioriza la música y asiste al Conservatorio Sur, donde encontró el rigor que buscaba: tras ser autodidacta, se acercó a la guitarra desde un enfoque académico y continúa con clases de canto.

Entre el sueño del EP y las ganas de estudiar actuación

En 2018 fundó la banda Perros de Rocha y en 2024 dio el salto como solista. Su punto de partida para componer es siempre emocional: las experiencias, los vínculos, los lugares; todo puede transformarse en canción. “Sangre de toro”, por ejemplo, nace de un rincón del Cabo Polonio al que iba de niña y que con sus amigas bautizaron como “el país de las sirenas”, entre las rocas.

El escenario es su lugar de conexión. Ahí encuentra fuerza y sentido, y se enfoca en generar un encuentro: mira a los ojos, baila y transmite en el intento de provocar algo en el otro.

El 2024 fue un año bisagra: se recibió de psicóloga, hizo teatro y se animó a su primer viaje sola por Europa. En cada destino buscó una experiencia artística, desde festivales de danza urbana en Ámsterdam hasta canciones compartidas con músicos callejeros en Barcelona y Roma, además de sumarse a una jam de jazz.

En paralelo, empezó a explorar otro rol: el de corista. La invitación de Facundo Balta en 2023 la llevó a un terreno nuevo, donde profundizó en la escucha, la armonización y la versatilidad. Cantó con Isabel Lenoir en el Teatro Solís, ORIAH y Fulana de Val. Y lo hará con Silvina Gómez el 8 de mayo en la Sala Camacuá.

Mientras tanto, proyecta un nuevo toque con su banda y avanza en la grabación de un EP con canciones propias. La idea es unificar ese material, trabajar con un mismo productor y explorar esa versatilidad que la define. Si algo queda claro es que quedarse quieta no es una opción para ella.

La multifacética Federica Lacaño.
La multifacética Federica Lacaño.
Foto: Estefanía Leal

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