El sótano de un bar montevideano que se convierte en una bizarra sala de espera de casting durante el trasnoche

Inspirada en Tortonese y Gasalla, "Trash" apela al humor absurdo para retratar el folclórico universo de los castings y poner sobre la mesa temas de agenda. Los detalles de una original propuesta del under montevideano.

Agustín Urrutia es uno de los protagonistas de "Trash", la obra del under montevideano.
Agustín Urrutia es uno de los protagonistas de "Trash", la obra del under montevideano.
Foto: Valeria Piriz

Los castings son de las experiencias más bizarras para los actores. Retratar ese universo disparatado con el humor absurdo como bandera, sin dejar de poner sobre la mesa temas que interpelan, es el motor de Trash. La obra con dramaturgia de Luciana Lagisquet y Paola Larrama comenzó a gestarse en 2019 y se estrenó el pasado 5 de junio en el sótano de Andrómeda Bar, con localidades agotadas. La propuesta busca recuperar el espíritu del trasnoche, el under y los bares como espacios de encuentro cultural.

Hay planes más originales, más escondidos y menos evidentes que otros en el corazón de la ciudad. A veces hace falta rascar un poco para encontrarlos, pero cuando sucede, la recompensa vale la pena. Eso puede pasarles si se animan a bajar al sótano de Andrómeda Bar los próximos 19 y 20 de junio a las 23:00.

Podrán disfrutar de 25 minutos o una hora -dependerá de si deciden quedarse a ver uno o los dos castings que integran Trash- de carcajadas provocadas por la bizarrez, el humor absurdo, personajes que rozan lo inverosímil y una mirada crítica sobre temas de actualidad. Todo en un formato que también invita a encontrarse con el arte lejos de las convenciones más tradicionales.

Acérquense a Durazno y Convención para vivir la experiencia poco habitual de cenar o tomar algo mientras asisten a una obra que cambia en cada función. Siempre hay un invitado distinto que se presenta igual que en cualquier audición: sin libreto y dispuesto a improvisar en su prueba.

Su presencia obliga al elenco estable -integrado por Paola Larrama, Agustín Urrutia y Santiago Mesa- a adaptarse a cada propuesta y mantener viva la dinámica, sin perder de vista la estructura pautada. Trash tiene un principio, un desarrollo y un final, y eso no se negocia. Sin embargo, la espontaneidad de la improvisación hace su magia. Lo inesperado siempre juega sus cartas.

Mientras uno desciende al sótano con su numerito en la mano, ya empieza a respirar el folclore de las audiciones. El murmullo constante que se cuela en la escena sin pedir permiso, las conversaciones paralelas y la dificultad para prestar atención a todo lo que ocurre forman parte del paisaje. “Está buenísimo hacerlo en un bar porque es la misma sensación que cuando vas a que te prueben y pasan muchas cosas a la vez”, observa Paola Larrama a Sábado Show.

La próxima oportunidad para ver Trash y adentrarse en el under montevideano será el 19 y 20 de junio en Andrómeda Bar. El plan del equipo es instalar una temporada para recuperar el horario trasnoche e incluso reformular el formato con nuevas versiones de castings.

Las entradas se reservan vía WhatsApp al 099 088 441. Por más información, el Instagram es @trasnochetrash.

De la carpeta de Drive al sótano de un bar

Santiago Mesa, Paola Larrama y la actriz invitada Karen Halty en una de las escenas de "Trash".
Santiago Mesa, Paola Larrama y la actriz invitada Karen Halty en una de las escenas de "Trash".
Foto: Valeria Piriz

Para hablar del origen de Trash hay que viajar en el tiempo hasta 2019 y ubicarse en una carpeta de Drive compartida entre Luciana Lagisquet, Claudio Quijano, Vic Pereira, Paola Larrama y Pablo Sintes. Se titulaba Casting y ahí empezó a bosquejarse el proyecto.

El grupo de amigos artistas se reunía en la Casa Carlos Gardel -la residencia de Larrama por entonces- y jugaba a recrear el maravilloso universo de las audiciones. “Nos gustaba la idea de agarrar ese mundo que habitamos y poner sobre la mesa las situaciones más bizarras que suceden”, repasa la dramaturga y actriz.

No llegaron a redactar un guion en aquellas primeras juntadas; solo probaron escenas. La dinámica consistía en citarse a una hora y que una dupla le tomara audición a la otra. El formato sobrevivió, aunque el contenido terminó siendo otro.

Retomar el plan. La pandemia y la muerte de Pablo Sintes en 2020 pusieron todo en pausa. “Fue un quiebre y el proyecto quedó totalmente detenido”, comenta Larrama. Revivió un año atrás, con el regreso de Lagisquet a Uruguay después de su paso por Buenos Aires. Las ganas de hacer algo juntas las llevaron de nuevo a aquel Drive y a los recuerdos de esas reuniones en Barrio Sur. Y todo volvió a andar.

Se comunicaron con Quijano y Pereira, pero otros compromisos laborales les impidieron sumarse. En el camino aparecieron Santiago Mesa y Agustín Urrutia, con quienes habían compartido proyectos anteriores, y la química fue inmediata.

Trash toma su nombre de lo descartable de los castings, pero también de una estética estallada y de un alma estridente y grotesca, muy presente en los personajes que las inspiraron desde la primera reunión de reencuentro. “Aparecieron referencias claras: Urdapilleta, Tortonese, Gasalla, Capusotto, programas como Cha Cha Cha y Todo por dos pesos. Ellos no buscaban ser realistas en la composición de personajes y dijimos: ‘Lo queremos hacer así’”.

Abrazadas a esas referencias, trascendieron el absurdo de los castings para enfocarse también en cuestiones “jodidas” de agenda, aunque con cierta distancia. Así se metieron con la explotación laboral en el mercado audiovisual, las jornadas interminables y situaciones que, según Larrama, suelen venderse como una gran oportunidad.

Agustín Urrutia actuando en el sótano de Andrómeda Bar en la función trasnoche de "Trash".
Agustín Urrutia actuando en el sótano de Andrómeda Bar en la función trasnoche de "Trash".
Foto: Valeria Piriz

“Que se normalice no recibir remuneración o las excesivas jornadas de rodaje. También pusimos sobre la mesa las campañas políticas y discursos que andan en la vuelta y nos parecen una aberración. Nos estamos divirtiendo, sí, pero haciendo teatro con una postura”, explica.

Bajo ese faro, escribieron a cuatro manos de forma tan natural e integrada que hoy no logran descifrar qué material brotó de la pluma de una o de la otra. Así nacieron cuatro divertidos castings: la funeraria Martínez, la serie adolescente Creciditos, el helado Caliente Palito y la campaña del Partido por la Familia y la Patria.

Cada función incluye dos castings y el público puede optar por ver uno o ambos. La primera parte está libretada -aunque se permiten algunas licencias- y cuando el invitado entra en acción, sucede lo que ocurre en cualquier casting. “No sabemos qué hace, a qué vino ni qué energía tiene. Dejamos existir su propuesta y, a la vez, sostenemos la estructura pautada”, dice.

La historia se cierra con la pieza publicitaria terminada y las risas están aseguradas. “Eso también pasa en la vida real. Ves el resultado y decís: ‘Nada que ver con lo que me pedían’”, comenta Larrama.

Reflotar el trasnoche fue una de las principales motivaciones de este equipo. La idea del horario surgió cuando empezaron a evaluar la posibilidad de llevar la obra a un espacio no convencional y también de la mano de sus referencias humorísticas. “Era adolescente cuando el under estaba prendido fuego en Montevideo. Muchas de esas pintorescas historias me las contaron y dije: ‘Quiero vivir eso’”, comenta Larrama.

También les entusiasmaba la idea de que sus colegas artistas pudieran asistir después de sus propias funciones, así como la posibilidad de volver a instalar la conversación en los bares.

“La cultura de sótano fue fundante en una época de Montevideo: veías toques, monólogos, se daban discusiones políticas, encuentros. Los bares tienen mucho potencial y hay algo de todo eso que se puede retomar. En eso estamos: probando”, cierra Larrama, con la ilusión de que la propuesta se consolide y tenga continuidad.

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