El mundo se derrumbó para Eliana Routin aquel febrero de 2025 apenas supo que había perdido a su segundo hijo a las 11 semanas de gestación. El golpe la noqueó con la potencia de lo inesperado. La dejó sin fuerzas, sin ganas, sin consuelo. Pero también con un niño de cinco años —y su propia vida— por salvaguardar. De ese pecho hecho trizas, y de la necesidad de dejar registro e iluminar la tragedia, nació Primavera abierta, una obra que honra los duelos e invita a atravesar el dolor desde un lugar más amoroso.
Pasó noches enteras en vela tratando de ordenar el caos mental y el shock emocional que la invadió tras la pérdida de su bebé. Cuando su hijo Valentín y su pareja se iban a dormir, Routin se sentaba frente a la computadora y tecleaba sin parar, con el corazón entre las manos. Lo hacía con la desprolijidad e intensidad propias de la verborragia y el desahogo.
No había en esos primeros borradores un fin artístico, sino una necesidad urgente de registrar esa experiencia de la forma más fiel y honesta posible.
“Necesitaba no olvidarme de todo lo vivido porque pasa el tiempo y empezás a desdibujar esos relatos. ‘Me sentí de esta manera, me pasó esto, veo este rayito de luz acá’”, recuerda.
El material pudo haber sido una suerte de diario íntimo o un texto para compartir con sus seres queridos. Todo cambió cuando encontró un cuaderno con su planificación para 2025. Revisó varias páginas hasta llegar al 20 de setiembre, la fecha probable de parto. “Quiero estrenar una obra cuando iba a nacer ese bebé”, pensó.
Decidió entonces convertir aquellas palabras nacidas del dolor en una pieza teatral que trasciende su historia personal y abraza una experiencia universal.
Un mes antes del estreno se quebró una pierna y todo se pospuso de forma abrupta. Primavera abierta tuvo que esperar. Le costó asimilar ese freno repentino, pero luego entendió que debía procesar lo vivido.
“Estaba empecinada con estrenar en setiembre. Sin embargo, tenía que atravesar mi duelo. Fueron cuatro meses de dejar de pensar en la obra. El mensaje era clarísimo: dar espacio y entender que todo tiene su tiempo. Fue literalmente el quiebre”, explica.
Escrita y protagonizada por la propia Eliana Routin -hija de Pinocho Routin-, dirigida por Paola Larrama y con música en vivo de Papina de Palma, la pieza se estrenará el 10 de junio en la Sala Hugo Balzo y permanecerá en cartel hasta el 14. Las entradas están disponibles en Tickantel y en la boletería del Auditorio.
La música de fondo, una guitarra siempre a mano y las cantarolas familiares marcaron la infancia de Eliana Routin. De niña le costaba entender que se podía vivir de la murga y de dar talleres, como hacía su padre, Pinocho Routin. “Hoy hago eso”, dice entre risas. Incluso compartió escenario con él y con su mellizo, Camilo Routin (director de la murga Cayó la cabra) en La rimbombante travesía del ropero disparate.
Empezó clases de piano a los cuatro años junto a su hermano, probó la danza y a los 16 se enamoró de la actuación en Sal y Pimienta, la escuela de Danna Liberman. Estudió en el Instituto de Actuación de Montevideo (IAM) y encontró en el teatro el lugar ideal para conectar ella misma y dejar huella en otros.
Shock de actuación y Papina de Palma en escena
La escritura fue su compañía en pleno proceso de duelo, cuando todavía no sabía dónde estaba parada. “Fue como si de la nada me bombardearan con colores y no sabía a qué correspondía cada cosa. Una imagen muy confusa y dije: ‘Necesito ordenar todo lo vivo’”, recuerda.
La decisión de poner el cuerpo en escena, sin embargo, fue un desafío al que inicialmente quiso escapar. “Pensaba en tres actrices porque me daba mucho miedo estar sola en el escenario”, se sincera. Hoy no le pasa. Encuentra en el equipo un sostén fundamental y además está convencida de que quiere compartir esta historia.
“Es un trabajo honesto y siento que con esos trabajos vivos algo te va a pasar. No sé qué, porque no direcciona a un lugar”, expresa.
La primera persona en leer el texto fue la directora Paola Larrama, a quien convocó el 10 de junio de 2025, exactamente un año antes del estreno. La química fluyó desde el primer encuentro. “Ella es muy amorosa y así ha sido toda su dirección”, elogió Routin, que destacó la apertura y la escucha que encontró en un momento donde las necesitaba especialmente.
Larrama quedó impactada por la “honestidad y ternura” de un material tan íntimo, aunque su devolución fue clara: “Hagamos que se vuelva más universal”. Así, la historia concreta de una pérdida gestacional se abrió a los duelos en general, la ausencia y la transformación que deja la pérdida de un ser querido o una separación.
“La obra se pregunta qué hacemos con eso que nos pasa y por la reparación de quienes quedan. Hay muchas cosas hermosas que aparecen en momentos dolorosos. Por eso coexisten el humor, la ansiedad, la ingenuidad, y la esperanza”, reflexiona.
Routin le advirtió desde el primer audio que hacía mucho que no actuaba y que la idea de sostener sola un monólogo le parecía una demencia. “Estaba oxidada y se lo avisé”, confiesa. Larrama tomó ese reto y le brindó las herramientas que necesitaba a nivel corporal y vocal. “Fue un shock de actuación”, resume.
Cuando Routin le contó a su padre que quería incluir música en escena, él le aconsejó: “Pensá a quién querés tener realmente y no a quién podés tener”. No dudó ni un segundo. Papina de Palma era su sueño. Se animó a escribirle y la cantante aceptó encantada. “Había sido madre hacía poco y el tema la sensibilizaba”, cuenta.
Papina compuso dos canciones especialmente para la obra y creó gran parte de su universo sonoro. Además su canción “Primavera abierta” da nombre al proyecto. “Marcó toda mi etapa de duelo. La escuchaba todos los días y me sentía muy identificada con la bellísima letra. Antes de empezar los ensayos estaba obsesionada con encontrar un título para la obra y de repente lo vi frente a mí. Le pregunté con miedo y vergüenza si podía usarlo y me dijo que sí”, recuerda.
La obra no es una reconstrucción literal de lo ocurrido. En escena conviven memoria e imaginación. “Hay muchas cosas que son verdad y otras que están ficcionadas. El personaje se llama como yo porque no intenté hacer un desdoblamiento. Hay mucho de la actriz también. Te cuento esta historia, pero además te hablo desde la actriz que soy”, explica.
La pausa obligada, además, le permitió tomar la distancia necesaria para habitar ese material desde otro lugar. “Si la hubiera estrenado el año pasado no sé si hubiera podido hacerlo porque seguía muy empañada por el dolor. Hoy estoy feliz de honrar esta experiencia en escena”, asegura.
Está convencida de que quienes vayan a ver Primavera abierta no se llevarán solo tristeza contenida. “Hay un espacio de liberación, de sanación y de hacernos preguntas que quizás no nos habíamos hecho. Es una oportunidad para enfrentarnos al dolor desde un lugar amoroso y darle espacio a los duelos que atravesamos y atravesaremos”, concluye.
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