Suela y suelo. Esa es para Esteban Isnardi (62 años) una buena síntesis de su vida. “Camino, camino, camino”, dice sobre cómo fue provocando que pasaran cosas que lo acercaran a sus objetivos: dibujar, bailar, escribir. Esteban fue primero caricaturista, luego bailarín de salsa —de los mejores— y finalmente escritor tanto de libros como de reconocidas letras de canciones. Residente en Ginebra por un obligado exilio político familiar, por estos días se encuentra en Montevideo para presentar su Caricatour.
“Yo me fui de Uruguay cuando tenía, 14, 15 años. Mis padres eran refugiados políticos. Primero nos quedamos dos años y medio en Argentina y después el exilio grande fue en Suiza”, cuenta a Domingo.
Al país europeo llegaron gracias a su tío Walter Isnardi, que era un pastor que casi pierde la vida por su activismo político. Lo apresaron en Costa Rica y casi lo extraditan si no fuera por un habeas corpus. “Pudo irse a Ginebra por ser un pastor protestante y un año después nos hizo llegar a nosotros. Primero se fue mi padre y dos meses después mi madre y yo”, recuerda.
No hablaba nada de francés, el idioma oficial de la zona en que se instalaron. “Solo sabía decir Tour Eiffel, Platini y qu’est-ce que c'est. Pero aprendí muy rápido”, apunta.
Quizás lo más traumático fue que, para facilitar su integración, le sugirieron cambiarse el nombre por uno “más suizo”. Tenía dos posibilidades: Stéphane o Etienne. “Pues durante dos años fui Etienne. Llamaban a Etienne al pizarrón y yo esperaba que Etienne fuera”, señala entre risas.
Dice que su historia se movió entre la rebeldía y el autodidactismo. Como no se llevaba bien con su padre, que insistía en que estudiara, decidió “autosabotearse” y abandonó la secundaria.
“Me fui a hacer caricaturas por la calle”, lanza quien ya mostraba muy buenas dotes para el dibujo y las aprovechó. “Tengo que forjarme una vida con esto”, fue su pensamiento y a los 19 años dejó la casa familiar. No cortó el vínculo porque sus padres le pagaron el alquiler de un cuarto en un hogar de jóvenes. “Pero fuera de esto no tenía nada”, acota al relatar que probó hacer de todo un poco.
Lo más llamativo fue que por poco tiempo trabajó como detective en Barcelona. “Parecía la Pantera Rosa, era un chiste”, comenta y evoca sus días siguiendo hombres para robarles fotos de sus infidelidades. En realidad fueron solo dos hombres y le bastó, dice que no quería arruinarle la vida a nadie.
Comenzó a vivir de su arte recién a los 20 y pico cuando, munido de una carpeta con sus dibujos, decidió ir hasta el diario La Suisse, el más importante de Suiza, y no dejar el lugar hasta que lo atendiera el director aún bajo la amenaza de que iban a llamar a la Policía. “Suela y suelo”, repite. Tuvo la suerte de que apareció el director y quedó encantado con una caricatura del cantante Serge Gainsbourg. A la semana siguiente estaba haciendo la portada del diario con un dibujo del periodista Claude Torracinta vestido de militar. “No sé por qué razón, pero pasó que iban a presentar las noticias vestidos así”, explica.
Tenía 22 años. Se fue a París, buscó tener entrevistas con todas las revistas posibles y terminó consiguiendo un lugar en una revista de ciclismo dirigida por quien luego fue director del Tour de France, Jean-Marie Leblanc. “A partir de ahí empecé a vivir de las caricaturas”, cuenta.
El baile
“En Uruguay siempre fui un jovencito muy candombero”, sostiene al intentar explicar por qué tenía tanta facilidad para los ritmos cubanos. Mientras recorría ciudades haciendo caricaturas por las calles, también se iba formando con maestros de Cuba. “En Barcelona, en Milán… yo los veía y pensaba ‘pero esto se puede enseñar mejor’”, rememora.
Una amiga brasileña lo empujó a dar clases y terminó por convertirse en el profesor de salsa más contratado del mundo. Este año completará los cien países donde ha enseñado y con eso procederá a retirarse a nivel internacional. Solo seguirá como coreógrafo de algunos grupos.
Como bailarín, se alejó de los festivales en 2018. Fue campeón del mundo y hoy es uno de los directivos de la Federación Mundial y, como tal, oficia de juez internacional.
El baile fue algo que sobrepasó sus expectativas y lo absorbió tanto que durante 15 años dejó de lado las caricaturas en favor de la salsa. Retomó hace unos seis años y aclara que ya no trabaja más por encargo, sino solo para exposiciones o publicaciones.
Otro de sus destaques es su talento como escritor. Es autor de tres libros en francés y uno en español titulado Mientras Alzamendi, un relato-poema basado en el gol que Antonio Alzamendi le convirtió a Alemania en el Mundial del 86. Lo leyó en el Estadio Centenario, con el futbolista a su lado cayéndosele las lágrimas. “Fue el primer gol que veía de Uruguay en un Mundial después del exilio. Para mí era un grito de gol y un grito de dolor”, acota quien ha hecho caricaturas para el Museo del Fútbol, el Museo de Peñarol, el Museo de River Plate argentino y más recientemente el del Inter de Porto Alegre.
También escribe canciones, y muy famosas, que han ocupado el número uno en el ranking mundial (Un collar, Empieza mi son). Tiene en su haber varios temas compuestos para el reconocido grupo cubano los Van Van, por mencionar un ejemplo.
El paisito
Esteban no volvió al Uruguay hasta un par de años después del retorno de la democracia. No tenía cómo pagarse el pasaje y, otra vez, “suela y suelo”. Se comunicó con varios clubes de fútbol ofreciéndoles hacerles el póster de su equipo en estilo caricatura y consiguió que el Lausanne suizo le pagara lo que hoy sería el equivalente a unos US$ 4.800.
“Que me hayan arrancado de este país es una herida que no se cierra. Volver acá fue como algo mítico, yo acariciaba las paredes. Fue algo sagrado”, expresa. Desde entonces intentó regresar cada vez que pudo; actualmente lo hace unas dos veces por año.
En Uruguay le había quedado mucha familia, pero igual así, la primera vez que vino lo convencieron de hacerse pasar por un caricaturista francés para poder quedarse dado que había perdido el pasaje de vuelta. Se asustó cuando en una fiesta le presentaron a la actriz Sophie Marceau y no pudo sostener el personaje. “En medio de una frase me fui. Al final me deschavé, pero me terminaron perdonando”, recuerda. En 2024, la Intendencia de Montevideo lo distinguió como Ciudadano Ilustre. Recibió el reconocimiento el día de su cumpleaños 60, acompañado de su única hija Clara (26). “Nací para conocerla”, señala con orgullo de la joven que tuvo con una rosarina de la que se separó cuando Clara tenía 1 año. “Tenemos una linda relación los tres. Ellas viven en Suiza, al igual que mi madre que tiene 94 años”, apunta.
Su padre se quitó la vida luego de intentar matarlo en un hecho que lo marcó de por vida. “Tenía un principio de demencia senil, pero igual sabía lo que estaba haciendo”, sostiene. De todas formas no le guarda rencor. “Mi padre era una persona magnífica”, comenta convencido.
¿Será Ginebra la residencia definitiva para Esteban? “Gran dilema, gran dilema”, señala pensativo. “Tengo todo montado allá, pero esto me tira cada vez más. Para mí sigue siendo un gran hechizo volver al Uruguay”, confiesa sin poder aún dar respuesta.
El Caricatour y un proyecto para el Mundial 2030
El pasado 21 de mayo comenzó el Caricatour, una gira en la que Esteban Isnardi lleva más de cien caricaturas por distintos barrios y recintos de alto prestigio.
Ya estuvo en el Museo del Carnaval, la sede del club Villa Española y la Parva Domus.
Hoy se presentará en el café-vivero Sansueña (Malvín), y luego estará en el Centro Cultural La Gozadera (5 de junio), la Sala Zitarrosa (10 de junio) y la Sociedad Urbana Villa Dolores (11 de junio, con un debate con tres políticas mujeres). Cada lugar recibe caricaturas vinculadas a sus características.
Además, Esteban trajo una especie de stand up que se focaliza en Cuba y cuenta su experiencia en el mundo con el baile de ese país. “Es un audiovisual con mis caricaturas de la música cubana, con mi papel de letrista. Luego les muestro los pasos de son, mambo, chachachá, casino, timba y un poco de rumba, y le pido al público que se levante de las sillas para hacer ellos mismos los pasos”, detalla. Esto lo presentará por primera vez en español en Casona Mauá, el sábado 6 de junio.
Adelanta que para el Mundial de 2030 está armando un gran proyecto del cual todavía no puede hablar mucho. Sería junto al pintor Pablo Echeverría, y tiene pensado presentárselo a la AUF y a la FIFA. “Está muy en pañales”, aclara.