En Martínez, provincia de Buenos Aires, hay un enorme árbol de la vida rodeado de guiños al universo de Cris Morena: discos de sus ficciones en las paredes, unas puertas con unas gigantes alas de ángel, un set repleto de margaritas, toboganes junto a las escaleras como los de Rincón de luz, el letrero de "Vive Ro" y una enorme foto de Romina Yan con la leyenda "Somos lo que soñamos".
Ese lugar que parece salido de un cuento de hadas es Otro Mundo, el espacio de formación artística que Cris Morena creó en 2020. Laura Fernández, su productora y mano derecha, ofrece un recorrido por el recinto y explica que "cuando el mundo cerraba sus puertas por la pandemia, ella habría las de otro mundo". Y remata casi como una obviedad: "Ella siempre muy metafórica".
Hoy, alrededor de 300 jóvenes estudian en este sitio, que no se define como una institución sino como un "espacio de aprendizaje". Allí, los alumnos son "artistas", los profesores son "guías", y las carreras de canto, baile, actuación y producción audiovisual, "caminos". Cris está presente en el día a día y se la puede ver pasar con su larga cabellera dorada a través de las puertas de vidrio de las oficinas, conversando con sus asistentes.
Por ese universo pasó Ramiro "Toti" Spangenberg. Él lo eligió para estudiar música porque no quería una carrera exclusivamente académica y, además, le quedaba cerca de su casa. Su escaso entusiasmo de "cholulo" frente a Cris, lejos de jugarle en contra, llamó la atención de la productora. Después de verlo sobre el escenario, quiso representarlo. Poco tiempo después, se convertiría en Merlín, el príncipe del reciente cuento de hadas que quiso contar la realizadora de ficciones juveniles más importantes de la región.
El actor de 25 años recibe a El País en ese mismo lugar para hablar de lo que significó ponerse en la piel del galán de Margarita, que acaba de estrenar su tercera temporada en HBO Max después de transformarse en un fenómeno. Cuenta por qué los primeros meses de rodaje "no los disfrutó para nada", cómo nació su historia de amor con Mora Bianchi, la actriz protagonista, y qué aprendió sobre la exposición, las críticas y el lado más áspero de las redes sociales.
-Vivieron meses muy intensos de rodaje en Montevideo. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Hermosa. Si bien es un laburo demandante, el hecho de hacerlo compartido con amigos y con mi pareja lo transformó en un viaje inolvidable. Era todo nuevo. Conocimos la ciudad desde el lado del trabajo, a medida que íbamos a grabar a distintos lugares: filmamos en el Parque Rodó, el Prado, Carrasco, la Rambla y armaron una estructura increíble remodelando un hangar. Por fuera de eso, lo máximo que podíamos hacer era ir a un bar a tomar algo.
-¿Pudiste disfrutar desde el primer momento una oportunidad tan grande?
-Al principio me costó. Por ser mi primera experiencia frente a cámara, estaba muy nervioso y me autoexigía demasiado, por más que tuviera mucho apoyo y me dijeran que estaba todo bien. Los primeros dos meses no los disfruté para nada: estaba todo el tiempo con un ojo externo juzgándome, calificándome mal por cada línea o por cómo hacía una escena. Recién cuando entendí que al grito de "corte" ya no podías hacer más nada, me empecé a soltar. Para cuando encaramos las siguientes temporadas, ya era otro Toti: tenía otra sensación en el set, con más cancha y más confianza. Además, ya conocía a todo el equipo técnico y eso también ayudaba a que todo fuera más relajado.
-Tu formación inicial estaba volcada a la música. ¿Sentías esa inseguridad a la que llaman el "síndrome del impostor" a la hora de actuar?
-Totalmente. Hoy en día todavía me cuesta definirme como actor al lado de colegas que le dedicaron toda su vida a esto. Viniendo del palo de la música, al principio lo que sentía encajaba perfecto con ese síndrome. El entrenamiento en Otro Mundo fue fundamental para ir ganando seguridad: tuvimos cuatro horas diarias de canto, baile y actuación, de lunes a sábado, durante un año entero antes de empezar a grabar.
-Has contado que a Cris Morena le llamó la atención cierto "desinterés" tuyo cuando te conoció. ¿Cómo fue ese encuentro?
-Era el año de estreno de este espacio de aprendizaje. Yo entré a estudiar porque me gustaba el sistema que tiene. Si bien es muy exigente, no es tan académico y, además de enseñar cómo leer y escribir partituras, también enseñan a autogestionarse, por ejemplo. No es que entré por todo lo que significa Cris. Aquel día ella había citado a todos los artistas -los alumnos que estudian en Otro Mundo- en una sala, en grupos de a diez personas. Yo fui sin dormir, así que estaba muy cansado y me daba mucha paja esa reunión. Estaban todos diciendo "ay, Cris", buscaban llamar su atención y había cierta chupada de medias que a mí me molestaba. Justo me tocó sentarme al lado de ella, y al tercer bostezo me dijo "¿Qué te pasa?, ¿vos te querés ir?". Ella dice que le llamó la atención ese desinterés. Después tuve la oportunidad de mostrarme como artista en el escenario y, al tiempo, me ofreció representarme. Yo la jodo y le digo que aquel primer día le toqué el ego.
-Pero ella enojada debe ser brava.
-Sí, ella me decía: "Si estás cansado, te vas" (risas). En el rodaje estamos todos remando para el mismo lado y, cuando las cosas no funcionan, es firme para poner los puntos que hay que poner. Así termina logrando lo que quiere. Cuando las cosas no salen, hace que salgan, y cuando estamos mal de tiempo, hace que se aceleren.
-¿Te "puso los puntos" alguna vez durante el rodaje?
-Estuvimos un año preparándonos con baile, canto y actuación. Yo, en un momento, estaba un poco tenso, nervioso, sentía presión. Una vez me agarró y me dijo: "Ponete las pilas, acá venís a laburar y yo te necesito". Salí de esa conversación muy movilizado. Esa sacudida me hizo reaccionar: estaba frente a la oportunidad de mi vida y no la podía desaprovechar.
-¿Cómo fue el proceso hasta que finalmente te dijeron que quedabas con el protagónico, nada menos que del proyecto que devolvía a Cris Morena a la ficción?
-Después de que me empezó a representar, me llamaba para los homenajes a Rebelde Way y hacía pequeñas apariciones en ese tipo de eventos vinculados a sus series. Cuando se empezó a rumorear que se venía Margarita, mis compañeros me decían que yo ya había quedado, hasta que un día ella me dijo que iba a hacer un casting interno y que le gustaría verme en ese rol. Yo fui con todo. Así empezó la etapa del casting. Cris me fue puliendo y marcando cosas para mejorar, hasta que empezaron los talleres internos para la serie.
-¿Cómo fue el momento en que Cris te confirmó que te quedabas con ese personaje?
-Yo me había puesto como objetivo quedar y dejé todo para que me eligieran. Al final tuvimos una reunión en la que éramos pocos y se reveló quién era cada personaje. Fue hermoso y un alivio enorme porque veníamos de mucha presión. Después, durante un tiempo se dejó de hablar de Margarita y no sabíamos ni dónde íbamos a grabar, hasta que un día Cris fue a Uruguay con Laura (Fernández, productora) y las dos dijeron que el lugar ideal para grabar era Montevideo. Arreglaron con la productora Cimarrón y todo se reactivó.
-¿Qué sentiste cuando finalmente se estrenó la serie y te viste en la pantalla?
-Me costó muchísimo verme. Leer la historia te hace entender en profundidad a tu personaje. Yo a Merlín lo conozco a fondo, sé lo terco e impulsivo que es. Yo empatizo con él, entonces ver todo lo que se pierde del personaje en lo audiovisual era como una desilusión. Hoy ya lo superé, pero al principio me chocaba.
-La respuesta del público fue inmediata, ¿esperaban que la serie se convirtiera en el fenómeno que es?
.Me resultó muy loco. Nunca imaginé que el impacto iba a ser tan fuerte. Cris nos decía que nosotros no íbamos a poder salir a la calle. Yo no pensaba que fuera tan así. Tengo amigos que grabaron para otras plataformas también en otro país, y sin embargo siguieron con su vida normalmente. Pero a nosotros nos empezó a pasar que nos reconocieran hasta en el peaje. A mí me encanta hablar con la gente y sacarme fotos, soy muy charlatán y curioso por naturaleza, así que me llevo muy bien con el cariño de los fans. No logro entender cómo hay gente a la que le puede molestar eso.
-Mientras grababan la historia de amor entre Merlín y Margarita, ustedes iniciaban un romance en la vida real. ¿Cómo fue el comienzo de la relación?
-Fue hermoso. Nació en los ensayos. Cuando nos juntábamos a repasar escenas exclusivas de nuestros personajes, sentíamos que había algo más que lo laboral. Sin embargo, fui muy cauto para no confundir el trabajo.
-¿Evaluabas que iniciar una relación con ella era un riesgo importante, teniendo en cuenta todo lo que les quedaba por compartir en lo profesional?
-Sí. Hoy me acuerdo y pienso: "Qué mandado fui". Pero estaba nublado y solo quería estar con ella.
-¿Se besaron en la ficción antes que detrás de cámara?
-Sí. Recién hacia el final del rodaje tuvimos nuestra primera cita. Fue en Montevideo: fuimos a comer a una parrillada cerca de la Plaza Gomensoro.
-¿Querían mantenerlo oculto del resto del elenco?
-¡Sí! No queríamos que nadie se enterara. De hecho, ese día quedamos en encontrarnos en una esquina, a dos cuadras del hotel, para caminar juntos. Y justo cuando íbamos llegando nos cruzamos de frente con (la actriz) Lola Abraldes. Nos saludó con la mejor onda y ahí dijimos: "Listo, nos agarraron" (risas). Aunque entre los compañeros ya se sospechaba por la onda que había entre nosotros, preferimos mantenerlo en la privacidad. Durante un tiempo lo sabían solo los de la serie y nuestras familias, hasta que lo oficializamos a comienzos de este año.
-¿Qué les aconsejó Cris Morena en relación a eso?
-Nos dijo que tratáramos de no divulgarlo hasta el final de la primera temporada. Muchos productores y personas que conocen la industria nos aconsejaban que lo guardáramos porque, cuando una relación se torna mediática, la gente puede tener su peso y jugar para mal. Lo dimos a conocer con una foto en Brasil este verano y la gente lo tomó con un amor increíble. A veces nos perseguimos un poco porque vemos el ejemplo de otras parejas a las que la gente las defenestra, pero por suerte no nos ha pasado.
-¿La exposición no condicionó la pareja?
-No, cero.
-¿Y cómo te llevás con la exposición, las críticas y el hate?
-No es lindo. A nadie le gusta que digan cosas falsas sobre su persona. Me dicen que tengo que pensar que los que dicen esas cosas no me conocen, pero me están hablando a mí. A mí me preocupa caer bien, entonces cuando alguien dice algo malo enseguida me gustaría demostrarle que no es así. Entendí que no podés salir a desmentir cada cosa porque le das de comer al hater. Hay que armarse una coraza, quedarse en el molde y aceptar las reglas del juego. Lo peor es cuando inventan cosas de uno, porque después, si cuestionan algo del personaje o de la historia, no lo puedo tomar personal. Está perfecto que unos quieran que un personaje esté con otro. Yo no puedo obligar a que les guste que tal esté con cuál personaje.
-Pero que haya algunos que prefieran que el personaje de Margarita esté con otro te debe resultar incómodo en lo personal.
-Sí, no es cómodo. Pero cuando se meten conmigo y con Morita tenemos nuestras herramientas para no darles bola.
-¿Qué cosas tuviste que sacrificar o cambiar en lo cotidiano por este ritmo de trabajo?
-Muchas cosas. Dejé de jugar al fútbol con mis amigos los sábados durante dos años, algo que hacía desde los cinco años y que me partió el alma. Ahora volví, pero estar dos años sin jugar para mí fue muy difícil. También tuve que empezar a cuidar más la imagen. Antes salía al almacén en chancletas o despeinado; hoy lo pienso dos veces porque sabés que te pueden sacar una foto. Y, en lo estético, me peleo un poco con Cris (risas). A ella le gusta el look de cara lavada y pelo largo, mientras que a mí me gusta usar bigote y pelo corto.
-¿Y en cuanto a las redes? ¿Este trabajo no obliga a tenerlas activas y generar contenido permanente?
-Lamentablemente eso pesa, pero yo detesto las redes. Me cuesta ese mandato de tener que estar todo el tiempo activo o mostrando la vida en el teléfono. Entiendo que es importante, hago el intento, y al final me divierto con eso, pero no tengo el hábito.
-Entre las figuras jóvenes que salen de los proyectos de Cris Morena hay de todo: algunos se convirtieron en grandes estrellas y otros se alejaron y no quisieron saber nada más del medio. ¿Vos cómo te imaginás en unos años?
-Yo quiero seguir. Me apasiona el cine y el lenguaje audiovisual. Me imagino haciendo películas a lo largo de mi vida, aunque no le cierro las puertas al teatro ni a la música.
Experiencia Margarita en Uruguay.
El espacio de formación y desarrollo artístico Otro Mundo, creado por Cris Morena, desembarcará en Uruguay del 21 al 24 de setiembre, con una propuesta dirigida a niños y jóvenes de entre 7 y 14 años. La actividad se realizará en el Moorlands School (Canelones), de 09:00 a 13:00 horas.
"Desde que empezó Otro Mundo siempre pensamos en hacer experiencias de aprendizaje que integren los distintos universos de Cris. El objetivo es una semana intensiva de cuatro horas diarias donde los chicos vengan a aprender e integrar canto, baile y actuación a través del juego, atravesado por las canciones y la mística de Margarita", explica Mercedes Villegas, directora académica del proyecto.
A nivel organizativo, el taller dividirá a los inscriptos en franjas etarias (de 8 a 11 años y de 12 a 15) para potenciar la integración grupal; incorporará dinámicas lúdicas y la instancia técnica de registrar sus propias voces en grabaciones profesionales.
Se puede inscribirse o solicitar información a través del mail ateliers@otromundo.com.ar.