Juan Manuel Outeiro lleva el hambre de artista en el alma desde que tiene uso de razón. Hoy vive el sueño del pibe como parte del staff de Billy Elliot, el musical más taquillero de la cartelera porteña. Antes lo hizo con un protagónico en Rent, también en la calle Corrientes. El destino de este uruguayo de 27 años quizá no hubiera sido el mismo si a los cinco no se hubiera animado a decirles a sus padres que el escenario lo hacía feliz, y si ellos no lo hubieran escuchado. Esta es su historia de esfuerzo y perseverancia detrás del éxito.
El camino de Outeiro hacia el éxito ha sido ascendente, aunque no faltaron los altibajos. Estudió comedia musical en la academia de Luis Trochón, se graduó en la EMAD y se perfeccionó en Nueva York. Fue becario de la Comedia Nacional, se probó en Carnaval con Los Muchachos y cruzó el charco en 2024 luego de ser uno de los 18 seleccionado por Fer Dente entre 6500 aspirantes para Rent.
De repente se encontró en otro país, compartiendo casa con su amigo y compatriota Pablo Turturiello, destacándose en una marquesina de la calle Corrientes y ganando popularidad en el Cantando junto a Brenda Di Aloy, entonces hijastra del presidente Javier Milei. Se sintió admirado y querido por un montón de gente, y le costó caer.
Lo disfrutó y lo agradece mucho, pero una vez que terminó y la espuma bajó, le llevó tiempo procesarlo, entenderlo y reencontrarse consigo mismo lejos de las luces.
Hoy intenta abstraerse del sueño cumplido y procura naturalizar su presente. “Hay algo de empezar a verlo desde adentro, apropiarlo a mi realidad y entender que es parte de mí. Dejar de decir: ‘No entiendo nada’”, resume.
Billy Elliot, el clásico de Stephen Daldry, era uno de los títulos más esperados y desde su estreno en el Teatro Ópera se convirtió en un verdadero fenómeno de taquilla. Outeiro integra el ensamble, tiene varios destaques a lo largo de la obra y comparte una escena con Osvaldo Laport que ayuda a descomprimir una historia atravesada por el drama.
“Es un privilegio. Su actuación es impresionante y desgarradora”, dice sobre el otro uruguayo del elenco, que da vida a Jack Elliot.
—¿Qué sentís cada vez que el público ovaciona Billy Elliot de pie?
—Es una historia muy vigente sobre un artista que cumple su sueño, entonces es imposible no identificarse. Tuvimos dos meses de ensayos y nos fuimos adentrando en el material. Ya lloramos, ya tuvimos toda la catarsis. Ahora tenemos el privilegio de ver cómo eso también pasa con el público y la respuesta es impresionante. Cada vez que estoy en el escenario siento un orgullo enorme y valoro mucho el proceso y el camino. Estoy en un momento personal de mucha autovaloración y de entender lo que está pasando. Con Rent fue todo muy loco y muy rápido, y la mente a veces no lo entiende.
—¿Qué hiciste para poder entenderlo y asimilarlo?
—El año pasado regresé un tiempo a Uruguay y me hizo muy bien. Me ordenó volver a mi lugar, a mis amigas y a mi familia. Uno viene de estar muy arriba y de repente se encuentra con ese silencio. Ir para adentro y amigarte con todo lo que podés llegar a sentir después de un éxito tan grande es desafiante. Pero me llevó a un lugar muy sanador: mucho más consciente, más adulto y maduro. Me hizo tomar la carrera y el éxito de otra manera.
—¿Pensaste que no ibas a volver a vivir otro éxito de esas características?
—Sí. Ese es el mayor miedo del artista, además de lidiar con la expectativa externa. Te vas a Buenos Aires, tenés un protagónico, la pegaste. Se genera una presión muy fuerte que uno tiene que aprender a manejar. Y creo que ese fue el mayor aprendizaje: entender que soy quien soy más allá de lo que me pase laboralmente. Eso me permite disfrutar muchísimo Billy Elliot, porque soy consciente del esfuerzo que hay detrás. Me fui a Uruguay, pero no dejé de venir todos los meses a presentarme a audiciones y a recibir un montón de “no” también.
—Dejaste Uruguay siendo joven, te tocó adaptarte a otra realidad y llegar a fin de mes. ¿Fue un proceso difícil?
—Si bien las condiciones laborales en Argentina están un poco más reguladas, sigue siendo un trabajo bastante precarizado, donde no siempre se paga lo que realmente vale. Pero también hubo mucho aprendizaje sobre cómo tomarme la profesión desde otro lugar Entendí que no podía exigirle al teatro el cien por ciento porque no me lo puede dar. Tengo que tener otros kioscos y alimentar otras facetas: la de comunicador, modelo o creador de contenido. Hoy, por suerte, tengo la posibilidad de pagarme un alquiler solo y sostenerme económicamente con mi trabajo, pero no es algo fácil.
—¿El lugar donde estás superó las expectativas que tenías de niño?
—Sí. Hoy siento que estoy viviendo la vida que siempre soñé. Todo lo que pueda venir ahora es yapa. No esperaba llegar tan rápido. Es muy sorprendente y, a la vez, hago el trabajo de traerlo a mi realidad y entender que me está pasando. No quiero vivir pensando que nunca imaginé que podía sucederme. Me está pasando y quiero ser consciente. Tengo mucho por delante. Me encantaría posicionarme como comunicador también.
—¿Por qué contar Billy Elliot es un privilegio único para vos?
—Es la historia de un chico que logra su sueño, pero también de la gente que hace posible que eso suceda. Cada vez que la cuento pienso en mis padres llevándome a clases de teatro cuando era niño. Tuve la suerte de crecer en una familia que respetó lo que yo quería. Billy Elliot habla de eso. Es un chico que quiere ser bailarín en un contexto de mucha pobreza, con un padre complicadísimo. Pienso en las veces que hice cosas por amor al arte y mi familia estuvo ahí para sostenerme. Hoy puedo vivir de mi trabajo y es mi mayor logro como artista.
—¿Cómo llegaste al musical?
—A través de una audición cerrada. Gustavo Wons, el coreógrafo, fue quien me convocó. De todos modos, yo ya había trabajado con Rubén Szuchmacher, el director, cuando fui becario de la Comedia Nacional y él dirigió Fausto. Nos reencontramos en la audición y me sentí muy cómodo. No hubo nervios ni nada más que hacer el trabajo. Y terminé quedando.
—¿Cómo es Osvaldo Laport como compañero?
—Nunca había trabajado con él y es muy generoso y humilde. Su actuación es realmente impresionante y desgarradora. Siempre tenemos un momento después de la escena para comentar cómo estuvo, qué podemos ajustar, y él me dice: “Probá tal cosa”. La escena logra la risa y el público se afloja. Él dice que es un bello momento charrúa el que compartimos.
—¿Cómo te preparaste para este trabajo? ¿Viste muchas veces la película?
—Estudié la película y vi la versión del musical de Londres. Es una obra que te lleva puesto. La música de Elton John es una belleza y escucharla con la orquesta en vivo, interpretada por los niños, es muy emocionante. Es imposible no llorar.
—La gente dice que sale con el alma estrujada, que es una obra profunda y enternecedora. ¿Se vive así desde adentro?
—Eso se vivió mucho más fuerte en los ensayos, donde llorábamos todo el tiempo. Cuando hacés la función estás más frío porque la emoción no puede desbordarte en escena. Igual nos seguimos conmoviendo cada noche. El día del estreno me brotaban las lágrimas.
—Varios famosos fueron a ver el musical, entre ellos Mirtha Legrand. Y dijo que hacía años que no veía algo tan perfecto ¿Cómo viviste esa noche?
—Fue un honor. Nunca había hecho una obra con ella en la sala y verla ahí fue emocionante. Había nervios y expectativa porque sabíamos que iba a ir; incluso hay todo un protocolo cuando asiste. Entró con la música de su programa, que además fue interpretada en vivo por la orquesta, y fue un momento muy especial. No podía evitar mirarla cuando estaba actuando. No llegué a hablar con ella, pero nos dio una devolución hermosa al final. Y Mirtha no dice nada por compromiso, así que estamos muy felices.
—Rent te abrió la puerta del Cantando. ¿Disfrutaste esa experiencia?
—La disfruté mucho. Era un reality que miraba de niño y fue lindo vivirlo desde adentro. Quizás el formato estaba más desgastado -no se consumía tanto ni la apuesta era tan grande- pero yo solo fui buscando vivir la experiencia y trabajar. Si algo aprendí ahí fue a no tomarme las cosas tan personales.
—¿Cuál es tu plan con el Carnaval? ¿Vas a seguir en Los Muchachos?
—Por ahora di un paso al costado. Empecé en Carnaval con ellos y solo tengo cosas buenas para decir del conjunto. Pero es un ambiente muy intenso y uno tiene que tener claro qué va a buscar ahí. En el último tiempo no lo tenía tan claro, y necesito un respiro. No deja de ser una competencia y, a veces se mezclan cosas. No descarto volver a Los Muchachos, salir en otro conjunto o incluso en otra categoría. Pero hoy necesito hacer espacio para que aparezcan cosas nuevas.
—¿Qué otros proyectos te esperan este año en Buenos Aires?
—Hay audiciones pero nada que pueda contar aún.
—¿Seguís soñando con Broadway?
—Cambió un poco mi perspectiva respecto a eso. Ya no tengo tan puesto el foco en metas concretas. Me gustaría que me pase lo que tenga que pasar y que sea coherente con mi proceso personal. Llegué a muchos lugares y entendí que no importa tanto adónde llegás, sino cómo llegás, la gente que conocés en el camino y todo lo que aprendés.
—¿Qué sentís cada vez que te vas a dormir después de formar parte de un éxito como Billy Elliot?
—Cansancio, y a veces la mente un poco acelerada. Pero intento terminar el día agradeciendo: mi presente, mi trabajo, mi familia, mis amigas, mi pareja y mi salud. Ahí está lo importante.
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