Durante dos décadas fue una de las caras más reconocibles del programa televisivo Rumbo a la cancha. Con su cuota de humor, sus chistes y su capacidad para distender los debates futboleros, Walter “Cucuzú” Brilka se convirtió en una pieza habitual del histórico programa que condujo Jorge Baillo. Pero el cambio de pantalla del ciclo y la conflictiva salida de Baillo de VTV marcaron también el final de la etapa de Cucuzú en televisión.
Hoy, a los 62 años, atraviesa un momento de transición. Quedó en seguro de paro, estudia soldadura a través de Inefop “como hobby” y continúa viviendo de aquello que, asegura, mejor sabe: hacer reír.
“Me bajó la motivación. Me había encariñado mucho con la televisión. Fueron muchos años y, gracias a Dios, nadie puede decir que tuve un problema con un compañero de trabajo”, dice durante una charla con Sábado Show en el bar Sityes, de Paso de la Arena, el barrio donde vive y el boliche del que es habitué.
Brilka llegó a Rumbo a la cancha poco después del estreno del programa y permaneció allí durante 20 de sus 25 años al aire. Recuerda que, cuando fue convocado, lo primero que hizo fue llamar a Claudio “Negro” Rojo, a quien reemplazó luego de un exabrupto al aire de su antecesor.
“Le dije: ‘Mirá que yo no me ofrecí, a mí me llamaron’. No quería que pareciera una zancadilla. Hay códigos que para mí son intocables”, recuerda. El formato le vino como anillo al dedo porque Rumbo a la cancha siempre se definió como “un boliche” televisivo.
En cuanto a la relación laboral, Brilka creó primero una unipersonal para facturar a VTV su trabajo y luego fue funcionario directamente de Baillo, una vez que el comunicador comenzó a producir el programa de manera independiente y alquilaba el espacio al canal.
A comienzos de año, el vínculo entre VTV y Baillo terminó en medio de falta de acuerdos e incluso la situación ha pasado a estrados judiciales. El conductor llevó su propuesta que ahora denomina “Rumbo: el boliche de Baillo” (porque el nombre original fue registrado por VTV) al canal de streaming Undertake Media y se ve también por Cardinal TV.
Este cambio también significó el final del vínculo laboral del Brilka con el proyecto. “Jorge me dijo que tenía las puertas abiertas, y sé que siempre las voy a tener. Pero una cosa es el afecto y otra la relación comercial. Yo lo tomo como una etapa cumplida”, afirma Cucuzú.
Aunque no esconde la nostalgia, prefiere quedarse con los buenos recuerdos.”Lo que me dejó la televisión fue muchísimo más positivo que negativo. Caminabas por cualquier ciudad del interior y eras ‘el de la tele’. Eso no tiene precio”, dice y añade que la pantalla le ha dado mucha más visibilidad para su fuente de ingresos más importante: la animación con humor de fiestas y eventos, cumpleaños, despedidas y reuniones de todo tipo.
Cucuzú: “El mejor y el único contador de chistes”
Si algo define a Cucuzú es el humor. Lejos del stand up o las imitaciones, reivindica un oficio que considera casi extinguido.
“Yo bromeo con que soy el mejor contador de chistes del Uruguay. ¿Por qué? Porque soy el único. No porque sea mejor que nadie, sino porque ya casi nadie se dedica a contar chistes”, dice.
Su agenda sigue llena de cumpleaños, reuniones empresariales, aniversarios y fiestas privadas. Él mismo atiende el teléfono, negocia el cachet y hasta se queda conversando con los invitados después de cada actuación. “Me he quedado hasta tres horas contando chistes y tomando. Si tengo tiempo, no hay ningún apuro”, dice.
“Mi trabajo es bastante anónimo. No salgo en grandes escenarios. Voy a cumpleaños, reuniones, fiestas familiares. Pero esa ‘chiquita’ me permitió vivir durante muchos años y me sigue permitiendo vivir”, añade.
Asegura que el secreto de su repertorio está en la memoria. “Yo vivo de dos cosas: de mi buena memoria y de la mala memoria de los demás. Mucha gente me ha dicho: “Me contás un chiste y a los 10 minutos, me olvido”. Yo no me olvido. Es más, he contado chistes que escuché por primera vez siendo niño”, comenta.
La vida cotidiana y la actualidad son también una fuente inevitable de chistes. “Yo inventé durante el Mundial que a mi mujer le dicen “Marcelo Bielsa”. Porque no sale de arriba de la heladera. Aclaro que me encantan las mujeres gorditas”, dice entre risas.
Cucuzú defiende un humor sin filtros, aunque siempre desde el respeto. “Yo no hago un chiste para ofender a nadie. El chiste nació para hacer reír. Después podrá gustarle a uno y a otro no”, dice y comenta que tiene un repertorio para todos los públicos, jóvenes, veterano, mujeres y hasta niños. De hecho, sus comienzos en el mundo del espectáculo fueron como payaso. De ahí su apodo “Cucuzú”.
La relación de Cucuzú con el alcohol
Brilka habla sin dramatismos de un tema que lo acompaña desde hace muchos años: su gusto por el alcohol.
Confiesa que en un momento intentó dejar de tomar y estuvo seis meses sin beber. “Probé seis meses y no me gustó. No me reconocía. Me dio por comer golosinas todo el día y me empalagué. Encima ni así engordé. Siempre flaquito”, cuenta.
Aunque no minimiza la gravedad del asunto, reconoce que cualquier hábito puede transformarse en una adicción. “El que tiene un problema con la cocaína, con la marihuana, con la pasta base o con el juego está igual que yo con el alcohol. No me hace mejor persona haber elegido una cosa y no otra” También reivindica la responsabilidad.
“Yo nunca manejé ni manejo. Siempre pago para que un amigo me lleve y me traiga o ando en taxi, en ómnibus o caminando. Tomo con libertad, pero también con responsabilidad”, dice.
En medio de la charla recuerda una frase que le dijo Luis Alberto Carballo y que aún hoy lo hace sonreír. “Una vez me dijo: ‘¿Vos conocés a alguien que escribiera un tango tomando un yogur?’.”
El Carnaval: “Me dio todo pero me veo afuera”
Brilka viene de integrar a los parodistas Adams y estuvo muy cerca de incorporarse a Araca la Cana para el Carnaval 2027, aunque finalmente no hubo acuerdo económico. No descarta volver a salir, aunque tampoco lo considera una prioridad.
“Hoy diría que no salgo más, pero nunca se sabe”, dice. El vínculo con la fiesta popular atraviesa toda su vida. “El carnaval me dio todo. Gracias al carnaval pude trabajar en televisión, viajar al exterior y mantener a mi familia. No viví del carnaval; el carnaval me permitió vivir del humor”.
Sin embargo, también reconoce el costo. “El carnaval es divino, pero también te quita cosas. Yo prácticamente no disfruté los veranos con mi familia.”
En seguro de paro, se forma en su hobbie a los 62 años
El seguro de paro le abrió una puerta inesperada. A través de Inefop comenzó un curso de soldadura que disfruta como una experiencia personal y no como una futura salida laboral.
“Me encanta. Justo antes de esta entrevista estaba soldando unos fierros para colocar una columna de luz.” Bohemio, soñador y padre de cuatro hijos, Cucuzú asegura que nunca dejó de reinventarse. Aunque extraña la televisión, no pierde el humor ni la capacidad de encontrar una historia detrás de cada anécdota.
“Quiero plata para vivir, pero no vivo por la plata”, resume. Una frase que, quizás, explique mejor que ninguna otra la filosofía con la que ha transitado más de cuatro décadas entre el carnaval, la televisión y los escenarios donde, una y otra vez, sigue apostando a lo mismo: arrancarle una sonrisa a la gente.