Agarrate Catalina cumple 25 años: ensayos en una iglesia, la anécdota con Lacalle Pou y la llamada de Bizarrap

La murga celebra el cuarto siglo con una agenda intensa: trabaja en un disco de estudio, prepara un show en el Antel Arena y regresa al Carnaval. El aniversario es la excusa para repasar su historia.

La murga Agarrate Catalina concursando en el Teatro de Verano.
La murga Agarrate Catalina concursando en el Teatro de Verano.
Foto: gentileza Agarrate Catalina

Hay artistas que vienen para revolucionar y cambiar la historia, elevar la vara y demostrar que siempre hay nuevas conquistas. Agarrate Catalina es ejemplo de eso en sus 25 años de vida. La murga de los hermanos Cardozo no ha dejado de patear el tablero desde aquel histórico Carnaval de 2005, cuando, a pesar de estar flojos en varios rubros, el jurado se la jugó y decidió darle la copa al conjunto elegido por la gente. Después de aquella sorpresa, todo fue éxito y disrupción: una gira mundial, shows con Ruben Rada y León Gieco, cantar en los Latin Grammy con Bizarrap y Milo J, llegar al Tiny Desk, vivir del arte y más. Un repaso por la historia de la murga con más aura.

Si Agarrate Catalina fuera una película, en la primera escena aparecería Martín Cardozo —el menor de los hermanos— dibujando sobre la mesa redonda de la casa de sus padres un arlequín, inspirado en dos diseños hechos por Tabaré y Yamandú, cuyas ideas robó y transformó en el logo de una murga hasta entonces inexistente.

Los hermanos Cardozo pasaron esa y muchas madrugadas del 2000 dibujando, pero ni en sus más remotos sueños imaginaron que aquel arlequín terminaría en la piel de cientos de fanáticos o estampado en remeras que darían la vuelta al mundo.

Les gustó tanto que estuvieron a punto de cederle ese logo a La Clarinada, la murga que integraban los dos mayores. Por fortuna, a Yamandú Cardozo se le prendió la lamparita y dijo: “Dejalo para cuando tengamos Agarrate Catalina”.

La murga todavía no existía en los papeles ni en los hechos, pero sí en la imaginación de estos tres hermanos, que fantaseaban tanto que hasta la habían bautizado en honor a su abuela Chicha -más tarde también le dedicarían una canción, “La niebla”-, quien repetía ese dicho sin parar.

La Catalina fue distinta e innovadora desde antes de nacer. Tuvo logo, nombre y hasta una remera antes de convertirse en una murga con todas las letras y tener un plantel.

A la mañana siguiente, Martín agarró una remera verde que Yamandú había comprado usada en Emaús y le pintó a mano el arlequín. Arriba le escribió, con un escarbadiente —no había plata para pinceles de trazo fino—, el nombre Agarrate Catalina.

“La tengo flamantemente guardada en un ropero”, dice Yamandú a Sábado Show sobre aquella reliquia.

La llevaba a los ensayos de La Clarinada, en el Club Tabaré, y le preguntaban si tenía una murga. Él contestaba que sí, porque en su cabeza ya existía aquel proyecto que habían pensado bautizar Salen camiones. Finalmente se inclinaron por el dicho de su abuela porque tenía “lindo pizarrón”: les sonaba a las murgas de antes y, encima, incluía un nombre propio.

Hoy hay muchas mascotas e hijas llamadas Catalina, y Martín bromea con que, si algún día se convierten en haters, al menos les quedará un precioso nombre.

Cuentan que “El Boyero”, histórico presentador del Teatro de Verano, les dijo que era “un nombre de mierda”. Sin embargo, los presentó espectacular y a los gritos. “Quiere decir que era un gran profesional”, se ríen.

Además de ser un dicho simpático, les resultaba atractiva la señal de advertencia que transmitía Agarrate Catalina: “Ojo, algo va a pasar”.

Visto con el diario del lunes, aquello fue pura premonición. La Catalina dio el batacazo en 2005 y le arrebató la copa a murgas históricas y de peso, con figuras y todos los rubros cubiertos. Ese grupo de jóvenes con una pluma envidiable —Carlos Tanco, Yamandú y Tabaré Cardozo— convirtió Los sueños en una aplanadora y encontró en los cuplés dedicados a José Mujica, los jóvenes blancos y el sueño americano —ganador del premio a Mejor Cuplé de ese año— una fórmula imbatible.

No lo esperaban. Como casi nada de lo que vino después. En 2006 volvieron a ganar el Concurso Oficial de Carnaval —un trofeo que también recibieron en 2008, 2011 y 2020—, poco después, conquistaron el interior del país, la vecina orilla y distintos países de América.

Tabaré, Martín y Yamandú Cardozo, fundadores de La Catalina.
Tabaré, Martín y Yamandú Cardozo, fundadores de La Catalina.
Foto: Darwin Borrelli

En 2014 adaptaron lo mejor de su repertorio y salieron a dar la vuelta al mundo con su show. Pisaron Sídney, Tokio, Beijing, Tel Aviv, Moscú, El Cairo, Berlín, Seúl, Roma, París, Estambul y más. Tradujeron el espectáculo a 17 idiomas y, al igual que en la ópera, incorporaron subtítulos para que nadie se perdiera nada.

Funcionó en los cinco continentes. Pero ese mismo año quisieron dar la Prueba de Admisión y el Carnaval los dejó afuera.

Para entonces, la murga ya se había transformado en un colectivo artístico capaz de vivir -y sobrevivir, a veces- de lo que ama. Compartieron escenarios con Rubén Rada, León Gieco y No Te Va Gustar.

Fueron, además, la única murga en presentarse en los Latin Grammy. Bizarrap los convocó para participar de su sesión con Milo J y, de la mano del rapero argentino, se convirtieron también en los primeros murguistas en participar de un concierto Tiny Desk, en abril de 2026. Ese video ya superó las 17 millones de reproducciones.

Y hay más. A lo largo de estos años rechazaron propuestas de artistas de fama mundial porque consideraron que la murga no encajaba en esos proyectos. “Nos daría tremenda notoriedad, pero no podríamos. Dijimos que sí a los Grammy porque nos encantó la canción de Milo”, comenta Yamandú, sin dar nombres.

Agarrate Catalina celebra sus 25 años de vida con una agenda agitada. Vienen de presentarse en el Festival Medio y Medio, en Río de Janeiro, ciudad a la que regresarán el 12 de setiembre para cantar con Milo J en Rock in Rio. Dos días antes, el 10 de setiembre, repasarán lo mejor de su repertorio en el Antel Arena, en un show que, prometen, tendrá sorpresas. Las entradas van de $900 a $3.200 y se compran en Tickantel.

Además, están grabando un disco de estudio con canciones de siempre, bajo la producción de Campodónico y con la participación de artistas nacionales e internacionales como invitados. Con varios de ellos, de hecho, nunca habían grabado antes.

La frutilla de la torta llegará en noviembre: darán la Prueba de Admisión y, si todo sale bien, volverán al Carnaval 2027, después de cuatro años lejos.

El público los extrañó. Ellos también. Porque en esa fiesta popular están sus raíces: “Nos miramos en ese espejo y nos reconocemos”, dice Yamandú. Cada vez que faltaron, pudo más el cansancio o la cabeza, pero el deseo estaba intacto: “Siempre nos morimos de ganas por estar”.

Ahora prometen hacer la mejor Catalina que esté a su alcance. Son conscientes de que habrá “expectativa, corrillos y electricidad”, pero han aprendido a transformar ese agobio en respeto, rigor y responsabilidad.

Tabaré y Yamandú vivieron el fracaso de cerca con La Eterna Madrugada, cuando salió antepenúltima, pese a contar con los mismos letristas que La Catalina de 2005.

“Lo hicimos con el mismo equipo, el mismo amor y el mismo talento. Fuimos de día al Teatro de Verano: eso pesa y desmoraliza al artista. Tener a todos esperando, no. Alguno estará deseando que se caiga el trapecista, pero la inmensa mayoría va contenta a verte”, resume Tabaré.

Para el regreso también habrá caras conocidas. Rafa Cotelo, histórico fundador y cupletero de La Catalina, hará Carnaval, mientras que el Zurdo Bessio dejó Falta y Resto para volver a ponerse la camiseta de la murga. ¿Y Carlos Tanco?

Los tres coinciden en que estaría buenísimo que vuelva a escribir. Lo definen como una de las personas “más creativas e inteligentes” del país, pero por ahora no hubo llamado.

“Es un amigo que siempre tiene las puertas abiertas”, asegura Tabaré. Yamandú, que se reencontró con Tanco en el Mundial, dice que antes de ponerlo en ese brete, les gustaría comer un asado con él.

A continuación, un viaje en el tiempo con historias de la murga con más aura y pentacampeona (2005, 2006, 2008, 2011 y 2020).

Carnaval 2005, el quiebre en la historia de La Catalina

Los hermanos Cardozo en los comienzos de Agarrate Catalina.
Los hermanos Cardozo en los comienzos de Agarrate Catalina.

El fin de semana posterior a Semana de Turismo de 2001, el grupo inicial de Agarrate Catalina se reunió por primera vez en la iglesia del Cerro, con la ilusión como bandera. Tenían una presentación con letra de Yamandú y música de Martín Duarte —primer director escénico de la murga— y la cantaron.

No sonaba bien. Más bien era “un coro de grillos”. Pero ya en ese primer ensayo la magia echó a andar.

“Quedamos contentos. Vimos que algo pasaba. Teníamos muchas ganas de que fuera la murga más linda que pudiéramos hacer. Recuerdo rigor en el juego y siempre la ilusión”, evoca.

Ensayaban donde encontraban un lugar y, si no había ninguno disponible, cantaban en la explanada de la Intendencia. Cada integrante aportaba 10 o 20 pesos por mes para los trajes y así lograron financiar su debut en el Encuentro de Murga Joven de 2001.

Pero calcularon mal los tiempos y la confección de los trajes se complicó. Entonces la madre de los Cardozo movilizó a un escuadrón de costureras de la iglesia del Cerro, que trabajaron a contrarreloj la noche anterior a la actuación para tener todo listo.

Iban seguido a los ensayos de Curtidores de Hongos porque Tabaré integraba la murga. Así lograron que, para 2002, Daniel Carluccio les prestara a su vestuarista, Hugo Millán. Él les propuso hacer flores con botellas cortadas para los trajes. Todos tenían que llevar plástico de sus casas, pero no alcanzaba y tampoco había plata para comprar refrescos. Así que se robaron unas bolsas de basura de un supermercado y las reciclaron.

Ese vestuario terminó siendo el que usaron en 2003, cuando concursaron por primera vez en el Teatro de Verano.

Dos años después y contra todo pronóstico, sucedió el milagro. Concursaron sin pretensiones y terminaron ganando, a pesar de las falencias en rubros como vestuario y voces. Pero algo empezó a pasar en la calle: se armaban caravanas de autos que seguían a la murga de tablado en tablado, llevaban banderas y hasta se tatuaban el logo.

Martín Cardozo en la piel de José Mujica.
Martín Cardozo en la piel de José Mujica.
Foto: Archivo El País

Se acercaban para saber quién era ese gurí flaquito que hacía de Mujica, porque Martín solo lo interpretaba con la máscara puesta. Cuando se supo de quién se trataba, empezaron los pedidos. “Le decían: ‘Pepe, no te olvides del barrio’. Como si Martín fuera una estampita. Una cosa medio mágica”, recuerda Yamandú.

Entonces empezaron a darse cuenta de que estaban ante un fenómeno popular y el jurado del Carnaval tampoco pudo ignorarlo. “La presión social fue tan grande, porque el espectáculo estaba tan bueno que si perdía, era una injusticia artística. Ganó y fue una injusticia reglamentaria para las murgas con los rubros cubiertos”, reconoce Tabaré.

Para escuchar los fallos habían armado una fiesta de disfraces en el Club Ossolana. Esperaban unas 200 personas, pero terminaron llegando más de 1.500. La alegría fue inmensa. No buscaban la copa, pero eran conscientes de que la murga había despertado algo inusual. A pesar de las falencias técnicas, había defendido el espectáculo en el Teatro de Verano con rigor y profesionalismo. “Se parecía a ese primer ensayo”, resume Yamandú.

La sensación fue la de haber apretado un botón que había activado un monstruo. Y ya nada volvería a ser igual.

El mal momento con Lacalle Pou

Mujica estaba internado en 2005 y había visto su imitación gracias a un amigo, que grabó a Martín durante un ensayo. Una tarde, en pleno Carnaval, llamó a Yamandú al teléfono de línea. Al principio creyó que era una joda de Martín, hasta que escuchó palabras que no estaban en el vocabulario de su hermano menor. Era el propio Pepe.

Dijo que se había divertido mucho y elogió especialmente el cuplé del sueño americano. “Me contó que repartió fotocopias del cuplé por los comités para que lo leyeran. Quedé helado”, cuenta Yamandú.

Les prometió un asado post Carnaval y cumplió. Y así nació la amistad.

Ese 2005, con el Frente Amplio llegando por primera vez al gobierno, La Catalina también le dedicó un cuplé a los jóvenes blancos, y cargó fuerte contra Julia Pou.

Decían, por ejemplo, que se había “mamado” y que la habían visto en el boliche Cabildo “chuponeando” con Larrañaga, quien la había “zumbado” con “una derecha disimulada”.

Tabaré admite que hoy hay cosas que no dirían de la misma forma.

El cuplé tuvo un capítulo inesperado después del Carnaval. Los contrataron para tocar en una fiesta “de alcurnia” y, entre los invitados, estaban los hijos de Julia Pou, incluido el expresidente Luis Lacalle Pou. Para sorpresa de todos, les pidieron específicamente que hicieran aquel cuplé.

“Probablemente no les haya caído bien y no lo esperaran. Alguien se equivocó, entendió mal o fue una cama”, recuerda Yamandú. Aguantaron, pero la situación se volvió incómoda: “Nos dimos cuenta de que no la estaban pasando bien y nosotros tampoco. Terminamos y nos fuimos”.

Más allá de ese episodio, nunca recibieron un reclamo de la familia Lacalle-Pou ni tuvieron problemas en Daecpu por ese cuplé.

En ese sentido, coinciden en que la izquierda ha recibido las críticas con “más enojo” que la derecha y que sus dirigentes políticos tienen menos “sentido del humor”.

Aunque se definen filosóficamente de izquierda, no se dedican a la política sino al arte. Y sostienen que la esencia de la murga es, justamente, criticar y caricaturizar.

Agarrate Catalina, la murga que abrió camino en el mundo

La esencia vanguardista, original y transgresora ha hecho que Agarrate Catalina llegue a lugares impensados para una murga y tenga una visibilidad excepcional.

Es lógico pensar que detrás de un producto con tanta prensa y popularidad hay una estrategia de marketing, pero los Cardozo aclaran que no tienen un departamento ni una persona encargada de esa área. Tampoco community manager ni estrategias armadas. Sí un manager, como cualquier banda.

“No le tenemos miedo a la palabra, pero nos resulta ajena porque entiendo el marketing como un diseño de estrategias y acciones para perseguir el éxito económico y artístico. Y no tenemos ni siquiera esa iniciativa”, opina Tabaré.

“El fin no es una empresa de lucro, es hacer que este colectivo cooperativo pueda subsistir. Ojalá tuviéramos un sueldo todos y pudiéramos vivir exclusivamente de esto”, agrega Yamandú.

Agarrate Catalina junto a Bizarrap en los Latin Grammy 2023.
Agarrate Catalina junto a Bizarrap en los Latin Grammy 2023.
Foto: gentileza Agarrate Catalina

El éxito, dicen, está en la organización, la prolijidad y el profesionalismo, pero también en animarse a experimentar. Antes de grabar con Milo J y llegar a los Grammy, por ejemplo, hicieron una colaboración similar con el rapero Eliz, en el barrio. “Una fue tremendamente notoria en los Grammy y la otra estuvo buenísima pero pasó desapercibida. Y lo hicimos con el mismo sentimiento, plantel, los mismos trajes y la misma estructura”, cuenta Yamandú.

Ese modo de hacer las cosas y esa originalidad los llevó en 2023 hasta Bizarrap. “Nos llamó él. No estamos desesperados porque nos llame alguien. Se da de forma orgánica. Pero el que no sabe pensará: ‘Qué crack el que les maneja todo y fue a tocarle la puerta a Bizarrap’”, bromea el hermano mayor.

Son conscientes de que cada acción de la murga genera repercusión, así que piensan dos veces antes de moverse. Por eso le pidieron a Bizarrap la canción de Milo J antes y se juntaron los tres a escucharla, rezando para que les gustara. De lo contrario, rechazarían la propuesta con inmenso dolor.

“Nos encantó y nos sigue asombrando que un pibe tan joven tenga esa mirada filosófica y ese respeto por el género”, destaca Martín.

Después llegó el Tiny Desk, otra vidriera internacional donde no había margen de error. “Tiene que salir muy bien y es una sola toma. No se tocan las voces, no te afinan ni te arreglan. Es muy arriesgado”, explica. El resultado los dejó conformes: “Por suerte pudimos estar a la altura. Le agregamos un condimento lindo a una cosa que ya era hermosa”.

—Si pudieran elegir algo para volver a vivir con la Catalina, ¿qué sería?
—Martín: Esa ebullición del 2005-2006. Ya no sos sorpresa. Esos primeros años donde el público se pone de novio con la murga, aparecen nuevos personajes que hacen reír en los tablados, es un momento hermoso. Ese enamoramiento lo extraño y vuelvo a vivir esa euforia cuando vamos a otra parte del mundo.

—Yamandú: Esa sorpresa inicial también nos cautiva de las giras. Recuperar la sensación de los primeros tablados. Recuerdo con muchísima emoción la Prueba de Admisión de 2019, esa cantadita antes, salir del club. Somos las mismas personas que ya no son las mismas y volvemos a un lugar que tampoco es igual, pero sigue siendo nuestra casa. Recuperar esa sensación de que estaba pasando algo mucho más grande de lo que nos habíamos imaginado.

(Aclaración: la entrevista a los hermanos Cardozo se realizó antes del fallecimiento de Ruben Rada)

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