Por Mateo Castells
Arriba de una moto, dos muchachos esquivan personas y pozos en un callejón de tierra, a alta velocidad. Es lunes al mediodía. El que conduce lleva un casco con la visera alta y su acompañante cubre buena parte de su cabeza con un gorro negro. Tras su paso, una cortina de polvo se levanta y los perros ladran.
Las calles de tierra que bordean al asentamiento Aquiles Lanza en Malvín Norte son más anchas que los pasillos de su interior. No hay veredas. La basura está esparcida por todos lados. Hay varios esqueletos de autos calcinados y electrodomésticos desmembrados.
En la zona lindera al asentamiento viven principalmente recolectores. En la entrada de varias casas hay caballos y potrillos, algunos atados a carros. Hay más comercios que en el interior del barrio.
Un hombre está en el piso sobre la basura al borde de un fino arroyo contaminado por agua podrida y desperdicios. Hay vidrios, cáscaras de fruta, pedazos de plástico y restos de comida.
Alguien le dice que está durmiendo sobre cosas que lo pueden lastimar. El hombre está descalzo, sus manos están marcadas por la suciedad y su ropa tiene mugre desde el cuello de su remera hasta el borde del pantalón. Se para con cierta dificultad, recoge sus pocas pertenencias y camina hacia una zona de pasto donde no hay basura.
El asentamiento Aquiles Lanza se extiende por Malvín Norte como un laberinto de callejones de tierra y hormigón y pasillos delimitados por chapones herrumbrados, por los que solo es posible ingresar caminando. En varios pasillos funcionan bocas de venta de droga. En algunos casos se utiliza el kiosco como fachada, para no levantar la perdiz, aseguran algunos vecinos.
También cuentan que las balaceras se volvieron parte de la rutina y dicen tener miedo de llamar al 911 por las eventuales consecuencias. Muchos sospechan que las bandas criminales que operan en el barrio son informadas de los números desde los que se llama.
Según un relevamiento de la Intendencia de Montevideo (IMM) y la Dirección Nacional de Integración Social y Urbana del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial, realizado en mayo de 2022, acá viven unas 400 familias. El Aquiles Lanza se encuentra entre las calles Hipólito Yrigoyen, Mataojo, Roberto Berro y Mayor Juan A. Dobrich, y empezó a formarse a inicios de la década de 1980.
Es un cantegril histórico. En el interior del barrio la mayoría de las casas son de chapa y madera. Las que cuentan con una construcción más estable tienen su perímetro delimitado por altos muros de bloques, coronados por alambres de púa o puntas de vidrio.
Las viviendas ubicadas más al norte del Aquiles Lanza, y que están a la vera de una cañada, son las que más deterioro han sufrido con el paso de los años. Sus habitantes denuncian que los pisos de las casas se hunden y que las paredes de hormigón se pudren por la humedad (de hecho, como se cuenta en un recuadro aparte, hay un proyecto para que las familias que viven ahí sean realojadas).
Pero no es solo eso.
“Los gurises no pueden salir a la calle por los tiros, está muy complicado el barrio. Tenemos miedo de salir… y por los niños. Tenemos miedo hasta de ir al almacén”, dice una vecina que pide preservar su identidad.
Mientras la mujer habla, llega una moto con dos pibes vestidos con gorro y ropa deportiva. Algunas personas cruzan miradas. Sin bajarse del vehículo y con el motor aún encendido, los de la moto preguntan por el hijo de una de ellas. Les debe plata. El hijo de la señora es consumidor.
Cantegriles históricos en Malvín Norte
Asentamientos como Aquiles Lanza y Boix y Merino comenzaron a formarse hace décadas, cuando el territorio que hoy comprende Malvín Norte era zona de quintas. Se expandieron junto a los complejos del Instituto Nacional de Viviendas Económicas (INVE), construidos entre la década de 1960 y 1970, y Euskal Erria.
Otro asentamiento histórico, Isla de Gaspar, fue realojado en forma completa. Hoy allí está el Parque Idea Vilariño.
Los muros que levantaron en Malvín Norte
El recorrido por el corazón del asentamiento Aquiles Lanza culmina en la calle Dobrich, asfaltada a comienzos de este año.
El asfalto marca una suerte de frontera entre las casas de chapa, pegadas unas a otras, y el complejo habitacional INVE, que está apenas a unos metros del asentamiento. Son edificios grises de cuatro pisos cada uno que corren de forma perpendicular a Dobrich y que se extienden durante una cuadra. La mayoría de las rejas de los edificios están oxidadas y en las paredes laterales hay grafitis que hacen alusión a personas fallecidas.
En el barrio se hace referencia a este lugar como una “zona de guerra”. Es un sitio abierto y las paredes del complejo, como también los pasillos del asentamiento, ofrecen resguardo en enfrentamientos armados. Esta zona es la que suele aparecer en los videos que se viralizan a través de las redes sociales y que muchas veces son replicados por los medios, en los que se ven a personas enfrentadas en tiroteos.
Al borde de la calle hay casquillos de balas de nueve milímetros. El latón dorado brilla y no parece corroído. A unos metros del primer hallazgo también hay una vaina de escopeta oxidada.
Hacia el lado norte de la calle, del lado del asentamiento, se han levantado muros de aproximadamente dos metros de bloques de hormigón gris. Vecinos de la zona solicitaron al Ministerio de Vivienda la construcción de esos muros para proteger a las familias que viven en las casas que limitan con la zona donde los tiroteos son habituales. En varios de esos muros hay impactos de balas que no han logrado atravesar el hormigón. En las casas que aún no cuentan con esa protección, y que recubren su perímetro con chapas oxidadas, las balas han logrado atravesarlas e ingresar a las viviendas.
El 2 de febrero una bala entró a una de esas viviendas sin protección, donde vive un niño. Nadie resultó herido, de milagro. A 100 metros de esa zona hay un CAIF al que concurren alumnos de entre dos y cuatro años.
Antes, el 23 de diciembre pasado, un hombre de 33 años había sido asesinado luego de que su cuerpo recibiera al menos 10 disparos dentro del Aquiles Lanza. Estaba en su casa con su familia. El 16 de enero el mismo asentamiento fue testigo de otro homicidio. El cuerpo de un hombre mayor de edad fue encontrado a metros de una plaza, con impactos de bala en su pecho.
El 5 de marzo, a causa de esta escalada de violencia que se registró en Malvín Norte en las últimas semanas, se realizó una reunión entre vecinos del barrio y autoridades. El encuentro fue en el Centro Cultural Malvín Norte, ubicado en la entrada del asentamiento. Estuvieron presentes el director de Convivencia Ciudadana del Ministerio del Interior, Víctor Abal, y el subjefe de la Policía de Montevideo, Carlos Rodríguez. Tras la reunión, las autoridades anunciaron que habrá mayor presencia policial en las calles de Malvín Norte. Sin embargo, a lo largo de las tres horas que duró la recorrida de El País en el barrio no apareció un solo policía.
Varios habitantes del Aquiles Lanza cuentan que no asistieron a la reunión por temor a ser vistos. “Si ven que estoy en una reunión con autoridades, me van a tomar de buchón. Y eso va a tener consecuencias”, dice una vecina que también pide no ser identificada. Menciona que hay una suerte de toque de queda autoimpuesto por los propios vecinos: “Después de las cinco de la tarde es peligroso salir”.
Aquiles Lanza no es el único asentamiento de Malvín Norte. A 500 metros de este, allende un verde descampado, está el Boix y Merino, el otro cantegril grande de la zona. Está ubicado entre las calles José de Espronceda, la rambla Euskal Erría, Calle 6 y Arquitecto Emilio Boix y Merino. A primera vista hay diferencias: tiene calles asfaltadas y casi no cuenta con angostos pasillos como los de su vecino. Sí hay veredas donde descansan caballos y en las puertas de algunas viviendas se acumula bastante chatarra.
Los problemas son parecidos. “Los tiros se escuchan todos los días, y muchas veces es gente que no conocemos, que no es del barrio”, dice un vecino del Boix. El centro del asentamiento es una plaza con un alto desnivel, del tamaño de una manzana, de pasto irregular y tierra seca. En el centro de la plaza hay esqueletos de autos incinerados. Los restos serían retirados por la IMM cinco días después de esta visita.
Un arma y 30.000 pesos, una tentadora oferta en los barrios
Las llamadas “zonas rojas” son un fenómeno que existe en Uruguay, y sobre todo en Montevideo, hace ya muchos años. En esos lugares la violencia es una herramienta para sostener un mercado ilegal. El ejemplo que cita Diego Sanjurjo, gerente del Área de Estadística y Criminología Aplicada del Ministerio del Interior, especialista en políticas públicas de seguridad, es el de un joven que vive en una de esas zonas al que alguien le ofrece un arma y le propone que trafique droga en su barrio a cambio de unos 30.000 pesos mensuales. “Hay cientos de miles de jóvenes uruguayos a los que esta propuesta les parece un gran negocio y es la mejor oferta que alguien les ha hecho hasta ahora”, dice Sanjurjo a El País.
Esa propuesta puede ser aceptada por jóvenes que el sistema educativo no ha logrado captar y cuyas expectativas sobre el mercado laboral son muy bajas.
“Estas bandas solo pueden crecer y establecerse en barrios donde hay un gran porcentaje de la población que vive en la marginalidad”, explica Sanjurjo. El especialista cree que el “principal problema” es que el Estado no logra ofrecerles a los jóvenes de esas zonas una opción “más atractiva” que la que le ofrece el narcotráfico.
“Al 50% de los jóvenes nuestro sistema educativo les parece una pérdida de tiempo y, por lo tanto, eso hace que esas personas se alejen todavía más de la única posibilidad que tendrían de acceder a un trabajo legal”, remata Sanjurjo.
Sobre la calle 6, al este del asentamiento, 48 familias que vivían en el asentamiento Candelaria fueron realojadas a inicios de 2025 por la IMM y el Ministerio de Vivienda. Son viviendas dúplex con ladrillo a la vista, que se extienden a lo largo de tres cuadras.
El Candelaria era un asentamiento ubicado al borde del arroyo Malvín.
A inicios de marzo, en Boix y Merino y durante un operativo de rutina de la Guardia Republicana, un policía fue atropellado por un auto mientras se disponía a inspeccionar un pasaje. Días más tarde vecinos del lugar realizaron cortes de calle y quema de cubiertas, a lo que la Guardia Republicana respondió con un amplio operativo.
"Niños hacen líneas de harina, simulando el acto de esnifar cocaína"
Melva González tiene 66 años de edad, es educadora social y gestora de una sociedad civil de la zona. Empezó a trabajar en Malvín Norte en 1990, cuando tenía unos 30 años. Sus inicios fueron en un centro dedicado a la infancia que funcionaba en un ómnibus que había donado Cutcsa. Hasta 2002 la principal problemática, según relata, era la pobreza extrema. Pero un día llegó la pasta base.
Dice Melva, de todos modos, que hasta hace poco podían trabajar sin mayores dificultades, a pesar “de que conocíamos la realidad del narcomenudeo”. El tema, advierte, “es que en este último año aumentó la violencia y principalmente la violencia letal, eso ha cambiado significativamente”. Hay bandas criminales que operan en el lugar, se disputan la venta y acopio de droga.
De hecho, muchos niños en el barrio crecen con la referencia de los narcotraficantes. La mayoría ya no aspira al fútbol como medio de salvataje económico. “Esos gurises que tienen dificultades de deserción educativa y que andan bastante mal en la escuela y el liceo, terminan siendo captados por estos grupos y rápidamente empiezan a portar armas”, narra. “Son gurises de 14 años”.
Una maestra de la zona, que pide no ser identificada, explica que han notado una baja “significativa” en la cantidad de niños que concurren a centros de primera infancia. En parte explicado por la baja natalidad del país, pero principalmente asociado a la violencia que se vive en el barrio. En febrero de cada año instituciones sociales que trabajan en la zona suelen hacer recorridas y captaciones de niños. Tanto en 2025 como 2026 dejaron de “hacer calle”, cuentan a El País, ante el aumento de situación violentas en esta zona de Montevideo.
“Para estos niños de dos y tres años es normal agarrar un juguete o la pata de un muñeco para simular un arma. Lo vemos todo el tiempo. También vemos que agarran un papel y simulan armar un faso o en talleres de cocina hacen las líneas de harina, simulando el acto de esnifar cocaína. Hay una naturalización brutal de este tipo de cosas”, dice una persona referente en un centro educativo del barrio.
En la medianoche del miércoles 21 de mayo de 2025 un hombre esperaba dentro de su camioneta a que su pareja saliera de trabajar. Su vehículo estaba estacionado en la Calle 5 y el Pasaje 166, a pocos metros del CAIF que funciona en Aquiles Lanza. De pronto apareció una moto con dos personas. Uno de ellos disparó. En la escena se encontraron cinco casquillos de nueve milímetros. Algunos impactaron en la chapa de la camioneta, otros alcanzaron a quien se encontraba dentro. El hombre fue trasladado de urgencia al Hospital Pasteur y allí falleció a sus 34 años.
La víctima era el hijo de un líder criminal de Malvín Norte, conocido como el “Tío Cuchi”, que también fue asesinado meses más tarde. Según determinaron las investigaciones del caso, el homicidio fue planeado con antelación y los autores, que vivían en el barrio, habrían recibido dinero a cambio de llevar adelante el hecho. Quien se supone apretó el gatillo cinco veces y dio muerte al hijo del “Tío Cuchi” tiene 16 años (en el barrio algunos dicen que, en realidad, él encubre al que de verdad disparó, que era mayor de edad).
A unos metros de donde ocurrió el asesinato, los niños fueron al CAIF a la mañana siguiente. Como si nada pasara.
El plan oficial que nunca se concretó en el barrio
El asentamiento Aquiles Lanza aparecía en la nómina presentada por el Plan Avanzar el 19 de mayo de 2022. Se trata de un plan impulsado por el gobierno de Luis Lacalle Pou, coordinado por el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (MVOT) a través de la Dirección Nacional de Integración Social y Urbana (Dinisu) y ejecutado en coordinación con las diferentes intendencias y los organismos públicos.
El objetivo central de este plan es, como se especificó en su momento, intervenir en más de 120 asentamientos de todo el país y brindar soluciones a unos 15.000 hogares de Uruguay. En 2022 se firmó un convenio con el MVOT y Dinisu para llevar adelante acciones en el Aquiles Lanza: allí se acordó su regularización, según figura en la memoria anual de la Agencia Nacional de Vivienda (ANV).
Se elaboraron dos anteproyectos para proceder en 2023 a la etapa de llamados a equipos técnicos y presentación de proyectos.
La ANV proyectaba “mejorar las condiciones habitacionales” en el marco de la “construcción de calles” y la incorporación de saneamiento, agua potable y demás servicios”.
A su vez, planteaba que “la mayoría” de las familias del asentamiento se mantendrían en su barrio, pero se afirmaba que la situación de siete familias, ubicadas cerca de una cañada, al norte del asentamiento, “necesariamente debían ser realojadas”.
En octubre de 2023, la ANV y la Dinisu anunciaron la implementación de la primera etapa de regularización del asentamiento ubicado en Malvín Norte.
Esta etapa apuntó a asfaltar calles principales, como Mayor Juan A. Dobrich, y realizar excavaciones para la posterior conexión al saneamiento.
Sin embargo, dos años y medio después, los vecinos del barrio denuncian que no ha habido avances del plan impulsado por el gobierno anterior y manifiestan que la situación de las viviendas ubicadas al norte del asentamiento, cuyos pisos se hunden, se ha agravado a lo largo del último año.
Esas viviendas eran las que el proyecto inicial establecía que necesariamente debían ser realojadas. No hay noticias por el momento.
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