La llegada de 1.500 médicos extranjeros marca un récord en el sistema de salud, ¿dónde trabajan y qué pasaría si se van?

La salud se convirtió en un amplio mercado laboral para los migrantes. Su inserción es clave para el funcionamiento de algunos servicios que incluso reconocen una alta dependencia de su participación.

La médica cubana Linet Valera.
La médica cubana Linet Valera.
Foto: Ignacio Sánchez.

El cuerpo humano es idéntico acá y en China —un corazón es un corazón, un hígado es un hígado—, pero no pasa lo mismo con los materiales médicos. Tampoco con el nombre de las drogas. Ni con los instrumentos. Muchos insumos ni siquiera estaban disponibles en los países de nacimiento en los que varios cientos de médicos y enfermeros se formaron y de los que después emigraron, para terminar ejerciendo su profesión en algunos de los servicios que conforman el sistema de salud uruguayo.

El hecho es que la salud se convirtió en un amplio mercado laboral para la migración caribeña, que lleva por lo menos una década integrándose a la sociedad. Quienes trabajan en él lo definen como una “gran puerta de entrada”. Hay lugar para los que tienen poca formación, y cada vez más para los profesionales que aspiran a puestos de mayor responsabilidad.

Un dato es el de los cotizantes en el Banco de Previsión Social. En enero pasado, el sistema registraba 6.987 puestos relacionados al rubro sanitario y servicios sociales. Otro dato lo aporta el Sindicato Médico del Uruguay, que después de realizar distintos pedidos de acceso a la información para estimar una cifra, estipula en 1.500 la cantidad de médicos que han llegado al país. Sobre el total de unos 20.000 médicos nacionales ejerciendo la profesión, la representación extranjera constituye “un porcentaje alto”, dice José Minarrieta, presidente del gremio. Apunta: “Indudablemente están cumpliendo un rol en el sistema de salud”.

José Minarrieta, presidente del Sindicato Médico del Uruguay.
José Minarrieta, presidente del Sindicato Médico del Uruguay.
Foto: Francisco Flores.

El acceso de los extranjeros a los distintos rubros dentro del sistema es variable. Depende, principalmente, de su formación. Los menos preparados trabajan mayoritariamente en las áreas de cuidados en residenciales y en el acompañamiento de enfermos. Los médicos, por su parte, están concentrados en el primer nivel de atención.

Mientras los médicos extranjeros tramitan la reválida del título, lo que suele llevarles un año, es usual que también busquen un trabajo rápido en una empresa de acompañantes o como cuidadores en un residencial, aunque estén sobrecalificados para esas tareas. Luego, con el título validado en la mano, consiguen ascender en la pirámide laboral. El siguiente escalón es el trabajo en las emergencias médicas móviles, como médicos de radio para mutualistas y en puertas de emergencia de los centros de salud.

Según informaron distintas fuentes del sistema, los que están mejor preparados están logrando, de forma paulatina, insertarse entre el personal médico de mutualistas y también de ASSE (siempre que cuenten con la credencial cívica, lo que los obliga a tener tramitada la ciudadanía).

El Estado tiene contratados 198 médicos especialistas de nacionalidad extranjera, que ocupan 326 cargos, en 27 especialidades, según informó ASSE.

La mayoría de los contratados son cubanos (115) y venezolanos (46). También hay argentinos (8), colombianos (8), ecuatorianos (4), salvadoreños (3). Hay médicos de Bolivia, Brasil, México y Perú (2 de cada uno). Y también un profesional de Corea del Sur, uno de Nicaragua, uno de Pakistán, uno de Panamá, uno de Perú y uno de Rusia.

La inserción de los médicos extranjeros, sobre todo de los especializados, está incidiendo particularmente en el interior del país, “donde históricamente ha sido más difícil cubrir determinados cargos médicos o determinadas especialidades”, indican desde el Colegio Médico. “La incorporación de colegas extranjeros ha contribuido, en algunos casos, a fortalecer la capacidad asistencial y mejorar el acceso de la población a los servicios de salud”, agrega su presidente, Álvaro Niggemeyer.

Por primera vez, Durazno tiene dos cirujanos pediátricos. “Tan difícil como encontrar una aguja en un pajar”, dice Víctor Scaffo, directivo de la Federación Médica del Interior (FEMI). Los dos son cubanos y están radicados en la ciudad. También hay dos nefrólogos, uno oriundo de Cuba y otro de Venezuela.

En Flores, hay un cirujano; es venezolano. En Tacuarembó, están trabajando pediatras, oftalmólogos y cirujanos. Entre 15 y 18 titulares de guardias y especialistas de la unidad de la emergencia médica SEMM en ese departamento son extranjeros, calcula Gustavo Alonso, presidente de la Cámara de Emergencias y de Asistencia Médica Extra hospitalaria del Uruguay.

“La oferta de médicos que tenemos es más importante que 10 ó 15 años atrás, y por eso se está contratando. En el interior, ayudó a cubrir los cupos que no se encontraban”, confirma Alonso.

Mientras siguen llegando, en algunos rubros ya expresan que los migrantes se han vuelto esenciales para el buen funcionamiento del servicio que prestan, e incluso, en un par de casos se reconocen “dependientes” de su participación.

El primer trabajo

La clave, dice el enfermero venezolano Bayron, “es tener paciencia para conseguir el primer trabajo”. “Después, las propuestas te llueven”. Paciencia, y preferiblemente un contacto que te recomiende. Si es uruguayo, mejor. “Un buen contacto uruguayo te facilita muchísimo el acceso al empleo”, dice.

A Bayron le costó un año que un familiar le trajera el documento que le faltaba para iniciar el trámite de reválida de su título, y después el proceso le insumió un año más. En el medio, trabajó manipulando alimentos en cámaras de frío y en una empresa de seguridad. Hasta que, finalmente, en agosto de 2021 le “salió” la reválida y pudo trabajar en lo suyo. “En setiembre metí los papeles en las dos mutualistas y ya en octubre estaba trabajando en las dos”.

Fue rápido. Era una época dulce, recuerda Bayron: todavía rondaba la pandemia y en la salud “había mucho más trabajo que ahora”. Con el tiempo, recomendado por un colega y compatriota, dejó una de las mutualistas para ingresar a una emergencia médica móvil. Eso sí, su jornada siguió siendo de 12 horas.

Ambulancia.
Ambulancia.
Foto: Ignacio Sánchez.

Con los compañeros uruguayos vivió momentos de rivalidad, pero también de “camaradería”. ¿Hay una diferencia en los sueldos? Bayron plantea que eso sucede en el mercado de las emergencias móviles, que en muchos casos exigen facturación, generando así una brecha salarial entre los que son empleados dependientes y los que no. Pero, desde el Sindicato Médico explican que la precarización laboral está generalizada y afecta a los trabajadores más vulnerables, siendo éstos extranjeros y uruguayos.

¿Existe una discriminación salarial hacia los migrantes?

Desde las instituciones y agrupaciones médicas, la bienvenida a los médicos extranjeros es generalizada. “La participación de los médicos migrantes es muy importante para nosotros, tanto en Montevideo como en el interior del país. Así que la valoramos, la apoyamos y la tenemos en cuenta, siempre cumpliendo con todos los requisitos legales”, dice Marcela Cuadrado, la vicepresidenta de ASSE.

Ahora bien, ¿el acceso que están recibiendo en el sector responde a un desinterés de los nacionales? La respuesta que se recogió es que al existir más oferta, se contrata más, especialmente en el interior del país y en servicios que el personal uruguayo suele no apreciar, como el de las ambulancias y las puertas de emergencias.

Entre los migrantes entrevistados, la gran mayoría dice que cobran lo mismo que sus colegas uruguayos. No sienten una discriminación en este sentido. Sin embargo, entre quienes trabajan en ambulancias sí describen una disparidad de condiciones. Muchos facturan y no logran ser dependientes, lo que afecta su salario y los obliga a trabajar más horas para compensar.

Víctor Scaffo, de FEMI, plantea que el gremio ha intentado acercarse a este grupo pero no logró captar su interés. Desde el Sindicato Médico, su presidente José Minarrieta señala que el problema de la precarización laboral —la obligación a facturar, no acceso al aumentos de los laudos— afecta a los grupos más vulnerables pero no particularmente a los migrantes. “Este es un problema general a la mano de obra más barata, que está repartida entre extranjeros y nacionales”, explica.

“Los cubanos y venezolanos estamos acostumbrar a trabajar con las uñas en los hospitales, ahí no hay insumos. Acá tenés todos los insumos pero hay una forma diferente de trabajo, que hay que aprenderla”, dice el enfermero.

Es que el cuerpo humano es igual en todo el mundo, pero los materiales médicos no. Gladys, nurse venezolana, lo explica así: “Lo que ustedes le dicen chata, nosotros le decimos pato. Lo que ustedes le dicen violín, nosotros le decimos pito”. “Aprenderme los nombres de las drogas acá y la terminología médica me costó mucho al principio”, cuenta. “Y también que la tarea de una nurse en mi país no es la misma que la de acá”.

Gladys, que tenía personal a su cargo, la mayoría de ellos uruguayos, se repetía para sí misma: “Yo soy la que está en la casa de ellos. Yo soy la que viene de afuera. Yo soy la que debe adaptarse”. Entonces aprendió además de las cuestiones técnicas a usar modismos locales, como el “¿te animás a…?”, para mejorar el vínculo. Con el tiempo, estas diferencias se convirtieron en un chiste entre colegas.

La venezolana Yanitze Gutiérrez conoce todas estas historias. Se las cuentan los migrantes. Por eso, cada vez que recibe en su casa convertida en la asociación civil UruVene a un nuevo grupo de recién llegados (venezolanos y cubanos, pero no solo ellos), les recomienda que para empezar a trabajar “dejen su título y su profesión en pausa”.

“Les recomiendo a los profesionales que no reflejen el título en el primer currículum que hagan. Si ponen que son médicos y se postulan para cuidadores, no los van a tomar porque van a pensar que se van a ir a otro trabajo en cualquier momento”, dice Yanitze.

Les aconseja que busquen trabajo en las empresas de acompañantes de enfermos, “así están en el ambiente sanitario y conocen la dinámica, aprenden las terminologías”. Es ideal para hacer una base, les dice.

Aunque distintos entrevistados aseguran que este rubro emplea a cientos de extranjeros, y muchos entrevistados confirmaron que esta tarea fue su primer trabajo, El País no consiguió la visión de empresas que brindan este servicio. Fueron contactadas al menos seis de las firmas referentes y también la cámara que las agrupa, sin éxito.

La que sí respondió es Calma, una empresa de corte familiar, dirigida por una enfermera, que empezó trabajando sola y fue creciendo y sumando personal. Si bien a la hora de contratar no prioriza a los migrantes sobre los nacionales, el 80% del personal actualmente es extranjero. “Vienen preparados, dan un trato humano que es valorado por los pacientes, y tienen mucha hambre de trabajar”, dice la dueña. Todo esto colaboró en una mejora de la calidad del servicio, opina.

“Salvaron los residenciales”

La médica cubana Linet Valera conoció Montevideo arriba de un ómnibus, recorriendo sanatorios para acompañar enfermos, la mayoría de las veces en horario nocturno. “En Cuba eras médica, acá no lo sos”, le dijeron en la empresa que la contrató para advertirle que no hablara de más en los sanatorios. Hizo caso, pero pronto los pacientes supieron de su profesión y terminaron mostrándole por lo bajo los exámenes para que les diera una segunda opinión.

“Para mí lo más importante era tener trabajo, así que hacía jornadas de 12 a 16 horas”, cuenta. “Cuando te revalidan, el trabajo que más aparece es el de ambulancias, es el menos buscado por el uruguayo y el más accesible al inmigrante”, dice. Algunos —cuenta— quedan estancados ahí aunque logren revalidar el título “porque tienen muchas horas disponibles”.

Linet, en cambio, terminó en el sector de los residenciales de ancianos. Un amigo geriatra la recomendó para la dirección técnica de un centro. No era un mundo nuevo para ella. En Cuba trabajaba en un “círculo de abuelos”, residencias públicas que hospedan a ancianos en situación de calle, adultos con adicciones y a personas con diagnósticos psiquiátricos. Allá, los residenciales como los de acá no existen, explica. Estaba a cargo de 57 pacientes.

Centro de larga estadía.
Centro de larga estadía.
Foto: Leonardo Mainé.

En Uruguay, compró la llave del residencial Solaz. Tiene 13 residentes, que unos días atrás celebraron con ella su 31 cumpleaños. Así de íntimo se volvió el vínculo con los usuarios.

Solaz integra la Asociación de Residenciales de Adultos Mayores (Aderama), que reúne a 140 centros, todos habilitados (hay otros 1.000, por fuera, que no lo están). Además, hay otro residencial dirigido por una venezolana.

Antes de instalarse en el país, Paula Rojas era ajena al sector sanitario: trabajaba en el Ministerio de Finanzas de Venezuela. Acá, gracias a sus primeros empleadores en un residencial, terminó graduándose como enfermera y comprando la llave de un centro de larga estadía. Y se convirtió en su vocación.

Residencial.
Residencial.
Foto: Estefanía Leal.

Los socios de Aderama atienden a unos 3.000 residentes y emplean aproximadamente a 1.000 personas. Sabino Montenegro, presidente de la asociación, estima que por lo menos 20% del personal es extranjero. Otros entrevistados estiman que, en general, son muchos más. “Hacen un aporte mayúsculo. Para nosotros, salvaron parte del sistema de cuidados de larga estadía. Los cuidados han mejorado gracias a los extranjeros”, dice Montenegro.

Vinieron —opina el directivo— “a resolver gran parte del problema de la necesidad de personal que tiene el sector”, que (aún) registra un alto porcentaje de ausentismo laboral y de rotación.

La recepción de currículums es continua, cuentan estos propietarios. No pasan dos días sin que se ofrezca un migrante para trabajar.

Copando el interior

Unos días atrás, la asociación UruVene fue informada de que en los últimos cuatro años, ingresaron 1.039 solicitudes de reválidas de títulos de medicina, y 177 de enfermería. El País intentó cotejar estas cifras con el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), encargado actual de gestionar este trámite —solía ser la Udelar, pasó a ser el MEC y ahora se analiza que trabajen en conjunto— pero no obtuvo respuesta.

Si bien los entrevistados estiman que el proceso les llevó un año, dicen que es un trámite “amigable”, mucho más “ameno” que en otros países. Y agradecen “la oportunidad” que se les da.

El primer trabajo que consiguió la médica venezolana Joselin Sojo cuando obtuvo su reválida, fue una suplencia en el interior del país. Ahora está fija. Los fines de semana hace una guardia de 48 horas en la emergencia de una mutualista en Soriano. Además, tres días a la semana es médica de radio en una mutualista en Montevideo. “Prácticamente acampo en la terminal Tres Cruces”, bromea. Dice que entre colegas migrantes nota un interés cada vez mayor de radicarse en el interior.

Médica venezolana Joselin Sojo.
Médica venezolana Joselin Sojo.

Scaffo, el vocal de FEMI, explica que esta es la segunda oleada de médicos migrantes que llega al interior. Los primeros, unos ocho años atrás, fue un grupo de pakistaníes que se había formado en medicina en Cuba. No hablaban el idioma, ni estaban conformes con la paga y terminaron por emigrar hacia Chile y Estados Unidos.

Después vinieron los médicos cubanos y venezolanos, que se han ido distribuyendo en los distintos departamentos. En grupos de WhatsApp de médicos extranjeros es común que alguno escriba, “soy otorrino, ¿alguien sabe dónde están necesitando?” Y la respuesta suele ser un centro de salud fuera de Montevideo.

¿Qué oportunidades laborales encuentran? Scaffo dice que depende de a qué grupo pertenezca el médico. Los separa en dos: los que no tienen especialidad —o no se la han revalidado “y por eso te puede pasar que tengas a un cirujano pediátrico en una puerta de emergencia viendo gripe”, pone como ejemplo—, y los que sí la tienen.

Los médicos generales, en el interior, “están haciendo eso que los uruguayos no quieren, lo que llamamos ‘el trabajo sucio’, porque es desgastante y mal pago”: guardias extensas en puerta de emergencia, trabajo en ambulancias, turnos nocturnos. Luego están los médicos con una especialidad. A ellos los toman como titulares. Dice Alonso, el de la cámara de emergencias médicas, que este es el gran cambio que está viviendo el interior.

Ahora bien, ¿qué pasaría si decidieran irse? “Si bien el sistema ya funcionaba sin ellos, es cierto que a corto plazo sufriría porque el sistema se ha hecho dependiente, sobre todo en los lugares más alejados de la capital”, dice Scaffo.

El problema de cobertura sería general, plantea Minarrieta, del Sindicato Médico. Pero esto es imaginar un futuro improbable. Porque la comunidad médica extranjera lejos de dar señales de despedida sigue creciendo y paulatinamente ingresa a puestos de mayor responsabilidad. Incluso, participa “muy activamente” de los cursos, jornadas y actividades académicas que organiza el Colegio Médico. “Son profesionales que demuestran un gran entusiasmo por continuar formándose, mantenerse actualizados e integrarse plenamente a la comunidad médica uruguaya”, apunta Niggemeyer.

Álvaro Niggemeyer, presidente del Colegio Médico del Uruguay.
Álvaro Niggemeyer, presidente del Colegio Médico del Uruguay.
Foto: Darwin Borrelli.

Y aunque alguna vez a Joselin todavía le pase de llegar a un domicilio y que el paciente le diga que prefiere ser atendido por un médico uruguayo, y deba dar marcha atrás, avisar a su supervisor, y sentir una vez más la desconfianza hacia su formación, sabe que esas situaciones son cada vez más excepcionales. Que los médicos extranjeros, que se acostumbraron a hablar de “gurí” y de “chiquilín”; que tratan a los pacientes de “vos” y ya no de “usted”; que se han ido familiarizando con las formas de hacer medicina en Uruguay, están siendo, en buena medida, ese primer contacto disponible cuando más lo necesitamos.

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