El cuento del tío se renueva: usan relatos cada vez más crueles y estafadores simulan ser policías o abogados

Los estafadores hacen un exhaustivo trabajo de inteligencia para elegir a las víctimas, en especial ancianas. Luego las encaran con un relato y una puesta en escena cada vez más trágica

Hombre en su casa, donde transcurre buena parte de su vida diaria.
Hombre en su casa, donde transcurre buena parte de su vida diaria.<br/>

Estela Pereira atendió el teléfono fijo de su casa cerca de las diez de la mañana en San Carlos, Maldonado. Del otro lado, un hombre se presentó con nombre y cargo: decía llamar desde Jefatura. Sabía su nombre y su apellido. “¿Estela Pereira?”, le preguntó. Cuando ella confirmó, vino el golpe.

—La estoy llamando porque su hijo tuvo un accidente de tránsito. La chica a la que atropelló está muy grave y a las dos de la tarde lo pasan a Fiscalía.

La llamada estaba armada para no dejar margen a la duda. La urgencia, el tono serio, la referencia a una institución oficial. Estela escuchó, pero algo, dice que no sabe bien qué, la mantuvo serena.

Con el teléfono fijo en una mano y el celular en la otra, salió caminando hacia la casa de su hijo, que vive pegada a la suya. Lo primero que hizo, fue ver si estaba la camioneta. La vio estacionada. Con el estafador aún del otro lado del teléfono le preguntó:

—¿Cuál es de mis hijos? ¿Cómo se llama?

El estafador le respondió:

No estoy autorizado a darle esa información.

Pero Estela tiene un solo hijo, y ni bien se asomó a la casa de él, salió su nuera a los gritos.

—Mi nuera me dijo “cortá, es una joda eso, no pasó nada”. Y ahí le dije todo tipo de disparates al hombre y él me cortó.

Operativo policial
Operativo policial.
Foto: Estefania Leal/Archivo El País.

Esta modalidad de estafa está en zafra en el departamento de Maldonado, explica la escribana y subcomisaria Silvia Juncal, encargada del Departamento de Prensa y Relaciones Públicas de la Jefatura de Policía de Maldonado.

No es la única estafa que está de moda. También se registran alquileres falsos, transferencias bancarias fraudulentas y clonación de cuentas de WhatsApp. El caso relatado, se trata del viejo y conocido cuento del tío, ahora refaccionado. Cada vez se perfecciona más para que las personas caigan. “Hay modas, y después los delincuentes rápidamente cambian de versión, pero en el fondo es el mismo relato”, señala la fiscal de flagrancia Silvia Pérez.

El llamado “cuento del nieto” o “del abogado” es, en definitiva, el mecanismo que intentaron aplicar en el caso de Estela. Minutos antes, los estafadores ya habían llamado a la casa de su hijo. “Atendió mi nieto y le dijeron “tu padre está preso, soy el abogado’”, dice Estela. El adolescente, de 13 años, advirtió la maniobra de inmediato, pero no siempre ocurre lo mismo.

Hace unas semanas, una mujer de 77 años fue estafada en Maldonado. Entregó todos sus ahorros, sacó préstamos, dio incluso la alianza de matrimonio y, días después, fue internada. Finalmente, falleció.

Jefatura de Policía de Maldonado.
Jefatura de Policía de Maldonado.
Foto: Ministerio del Interior.

Las estafas bajo la modalidad del cuento del tío no se concentran en una zona específica del departamento ni del país. La subcomisaria Juncal explica que muchos de los delincuentes que actuaron en otros departamentos durante meses anteriores, se trasladaron y ahora están operando en Maldonado.

Parte del grupo involucrado en la estafa a la mujer de 77 años ya fue identificado y está vinculado a otros delitos similares. Sin embargo, Juncal aclara que aunque se comprende la gravedad de la situación, no se puede afirmar que el fallecimiento de la víctima haya sido una consecuencia directa de la estafa. Como ocurre en muchas grandes estafas, las consecuencias van mucho más allá de la pérdida económica: las víctimas enferman, ven deteriorada su calidad de vida y, en algunos casos, mueren o incluso se suicidan. La estafa, un delito que suele pensarse solo en términos patrimoniales, termina impactando de lleno en la vida.

Lo que la Policía sí tiene claro es el perfil de las víctimas: personas adultas mayores. Juncal advierte que los delincuentes apuntan deliberadamente a este grupo etario porque “el miedo y la urgencia emocional hacen que no duden en entregar dinero cuando creen que un familiar está en peligro”.

También realizan un trabajo previo de inteligencia. “No llaman al azar. Se fijan mucho en los nombres. Por ejemplo, Elvira: es más probable que sea una persona mayor; no es común que alguien de 40 años lleve ese nombre”, señala Juncal.

Si bien los consultados para este informe aseguran que las estafas están creciendo, las cifras del Ministerio del Interior muestran otra cosa.

Las estafas y los fraudes informáticos fueron los delitos que registraron el mayor crecimiento en la última década. En 2015 se denunciaron 1.934 casos y en 2025 la cifra ascendió a 26.181, lo que representa un aumento del 1.253,7%. No obstante, en la comparación interanual se observa una caída del 16,7% respecto a 2024.

¿Por qué bajan las denuncias de estafas? El gerente del Área de Estadística y Criminología Aplicada del Ministerio del Interior, Diego Sanjurjo, explica que se trata de un fenómeno que debe leerse con cautela. “Las estafas son un delito que viene creciendo sostenidamente en Uruguay y en el mundo desde que se mide. Por eso es poco probable que justo el mismo año en que se aprueba una nueva ley las denuncias bajen de forma genuina”, señala.

Diego Sanjurjo, gerente del Área de Estadística y Criminología Aplicada del ministerio del Interior.
El gerente del Área de Estadística y Criminología Aplicada del Ministerio del Interior, Diego Sanjurjo.
Foto: Leonardo Mainé

Sanjurjo vincula esta caída en el registro a la entrada en vigencia en 2024 de la Ley 20.327 de ciberdelincuencia, que creó nuevos delitos penales, entre ellos el fraude informático. “Cada vez que se aprueba una ley de este tipo, las estadísticas se mueven: se interrumpen las series, cambian las tendencias y aparecen distorsiones que pueden tardar años en normalizarse”, explica.

El cambio normativo obliga a miles de operadores -policías, técnicos, fiscales y funcionarios judiciales- a modificar prácticas de trabajo, un proceso que lleva tiempo, advierte Sanjurjo.

Se crean nuevos delitos

Ciberdelitos: ley da otro alcance para investigar

La nueva Ley de prevención y represión de la ciberdelincuencia comenzó a regir en 2024 y fortaleció el marco legal para investigar y perseguir delitos digitales, en particular estafas cada vez más complejas.

Entre los delitos que incorpora se encuentran el fraude informático, el daño informático, el acceso ilícito y la vulneración de datos, la interceptación ilícita de comunicaciones, la suplantación de identidad y el abuso de dispositivos informáticos.

Su importancia radica no solo en la creación de nuevos delitos penales, sino en que permite investigar a quien concreta el engaño y también a quienes facilitan, diseñan o sostienen la infraestructura digital utilizada para cometer estos delitos, fortaleciendo así la respuesta penal frente a estafas online, transferencias falsas y clonación de cuentas.

El cuento del nieto: una señora de 77 años falleció en Maldonando

La llamada llegó como llegan las malas noticias: sin aviso y con una voz certera.

—Abuela, escuchame, mamá está detenida, necesitamos plata para pagarle al abogado.

Fue lo que le dijo el estafador a una señora de 77 años que días después de haber sido víctima de la estafa del “cuento del abogado” terminó falleciendo en Maldonado.

Estafas por telefono
Un hombre encapuchado usa un teléfono celular.
Foto: Estefanía Leal

“A mi madre le dijeron que mi hermana había tenido un accidente. Que había atropellado a una mujer embarazada. Que la mujer estaba grave, muy grave, a punto de morirse”, le contó la hija de la señora a radio Cadena del Mar.

El miedo le entró de golpe, como una corriente eléctrica. Preguntó quién hablaba. Del otro lado le dijeron el nombre exacto de su nieto. Cuando dudó, cuando dijo que lo notaba raro, que la voz no era la misma, él respondió rápido:

—Estoy mal de la garganta, abuela. No doy más. Mamá está presa.

Después vino la urgencia. El horario límite. Los detalles precisos. “Hay que juntar plata”: le pidió 8.000 dólares antes de las cinco de la tarde para poder “sacar” sacarla ahora ya de la cárcel. “Si no, queda ahí, quién sabe cuánto tiempo”, dijo el estafador.

Todo ocurre rápido, como si el tiempo se hubiera encogido de golpe. No hay pausas. No hay espacio para llamar a otro hijo, para cortar y pensar. “Mi madre entra en estado de pánico, de alerta, de angustia pura. Del otro lado de la línea la apuran, la contienen, la guían”, cuenta su hija.

Ella tenía ahorros. Los de toda su vida. Los había juntado porque su jubilación no le alcanzaba para vivir. “Todo lo que tengas sirve”, le dicen los estafadores para incitarla. Para tranquilizarla, le explican que va a pasar “el asesor del abogado”. Que es alguien de confianza, le dicen. Que ella no se preocupe.

“Ella da la dirección de su casa y su celular sin darse cuenta de un detalle mínimo: su nieto ya tenía esos datos”. A los minutos, un hombre golpea la puerta. Ella le entrega en mano unos 200.000 pesos. Él le dice que no alcanza. Le pide más. Entonces la señora le entrega una cadena de oro. Después un anillo, la alianza de matrimonio que usó toda su vida. Todo sea para salvar a su hija.

Hacker
Estafa por medios digitales.
Foto: Estefanía Leal/Archivo El País.

La hacen salir de su casa. Va a un Red Pagos del barrio. Ahí le dan un préstamo por 160.000 pesos. Está nerviosa, tiene más de 70 años, pero nadie pregunta nada. Vuelve a entregar más dinero. Tampoco alcanza, le dicen. Que saque otro préstamo. Que vaya al Centro. Pero en el Banco República no se lo dan: le falta un comprobante. Va a otra financiera y ahí sí, saca otros 40.000 pesos. Se los hacen depositar en otra cuenta, en otro Red Pagos.

Cuando vuelve a su casa, agotada, con el cuerpo temblando y la cabeza vacía, se encuentra con su nieto. El verdadero. Está ahí. Tranquilo. Vivo. Entero.

Ahí entiende todo.

“Días después, mi madre empieza a sentirse mal”, cuenta su hija. Primero el cuerpo, después la respiración. En el sanatorio le dicen poco, le explican poco. En cuestión de horas, muere. Rápido. Demasiado rápido.

La estafa ya estaba hecha. El daño también.

Zafra de estafas

Comprobante de pago falso y retiro de la mercadería

En Maldonado, una barraca fue víctima de una estafa tras recibir un pedido de mercadería “pagado” con un comprobante de transferencia falso. Los estafadores lograron retirar la mercadería antes de que el comerciante advirtiera que el depósito nunca había sido acreditado.

La subcomisaria de Maldonado, Silvia Juncal, explica que este tipo de maniobras es cada vez más frecuente. Aunque cambian los detalles, el mecanismo suele repetirse: se concreta una compra, se simula una transferencia y la víctima recibe un comprobante de pago editado. En muchos casos, la operación se realiza durante el fin de semana y los estafadores argumentan que, al tratarse de bancos distintos, el dinero se acreditará recién el lunes.

De cuento del tío al cuento del abogado

Para la fiscal Silvia Pérez hay una diversificación constante de las modalidades y una sofisticación creciente de los mecanismos utilizados por los delincuentes. Dice que las estafas más frecuentes y de montos mayores son por medios digitales. Pero continúan registrándose los clásicos “cuentos del tío”, que apuntan especialmente a personas mayores.

Edificio de la Fiscalía General de la Nación en Ciudad Vieja (Montevideo)
Edificio de la Fiscalía General de la Nación en Ciudad Vieja,
Foto: Estefanía Leal

Entre ellos, se mantienen las llamadas telefónicas a líneas fijas en las que se simula el secuestro de un familiar, accidentes de tránsito graves o situaciones judiciales urgentes. “Hay toda una puesta en escena: alguien llora, grita, se hace pasar por un nieto o por un abogado. La persona cree que la situación es real y entrega dinero, joyas o incluso es llevada al banco para retirar efectivo”, explica.

En los últimos meses, surgió una variante particularmente preocupante: la utilización del logo de Fiscalía. “Se envían correos o mensajes diciendo que hay un familiar detenido o involucrado en una causa, y que se necesita dinero para un abogado. Después continúan el contacto por WhatsApp, siempre con imágenes institucionales”, indica Pérez. La Fiscalía ha emitido advertencias públicas sobre esta maniobra.

Según la fiscal, no se ha podido determinar que los delincuentes cuenten con información previa sobre la situación económica de las víctimas. “Detectan que se trata de personas mayores por la forma de comunicarse y avanzan desde ahí. Muchas veces caen quienes tienen ahorros, pero también hay muchas personas que se dan cuenta a tiempo y cortan la estafa”, aclara.

Para Pérez, el crecimiento de estos delitos está directamente vinculado al corrimiento del delito hacia el ámbito digital, acelerado tras la pandemia. “Los delincuentes van hacia donde es más fácil concretar el delito. Con el aumento del comercio y la comunicación por redes, las estafas explotaron y se fueron adaptando. La forma es siempre la misma, lo que cambia es el relato”, concluye.

En aumento

Fiscal revela los fraudes online más comunes

Las estafas más frecuentes que llegan hoy a la Fiscalía de Flagrancia de 3º turno son, en su mayoría, delitos cometidos a través de medios digitales, explica la fiscal Silvia Pérez, quien advierte un sofisticación creciente de los mecanismos utilizados por los delincuentes.

Señor utiliza un celular.
Señor utiliza un celular.

Uno de los engaños más habituales es el que suplanta la identidad de bancos. “Se hacen pasar por entidades bancarias y le piden a la persona que actualice sus datos. Usan logos oficiales y enlaces falsos, y cuando la víctima ingresa, logran acceder a sus cuentas”, señala. Este tipo de estafa afecta a personas de todas las edades, ya que los mensajes suelen estar cuidadosamente diseñados y resultan verosímiles incluso para usuarios con experiencia digital.

Una maniobra similar se detecta con la suplantación de empresas de telecomunicaciones, como Antel. En esos casos, los estafadores utilizan logos oficiales para solicitar códigos y así tomar control de cuentas de WhatsApp. “Básicamente son personas que ingresan a links falsos que llegan por correo o mensajería, creyendo que deben actualizar credenciales o resolver un supuesto problema en su cuenta”, explica Pérez.

Otra modalidad en aumento es la venta fraudulenta de productos a través de redes sociales y plataformas de compraventa. “Se publican fotos de mercadería que no existe. Piden una transferencia y, una vez realizado el pago, desaparecen”, indica la fiscal. Este tipo de estafa se da principalmente en Marketplace e Instagram, y se ha vuelto cada vez más común. En estos casos, la investigación suele toparse con un obstáculo recurrente: “Generalmente se logra llegar a la última persona que recibió el dinero, porque hay una cuenta bancaria, una billetera electrónica o una cédula asociada. Pero muchas veces esa persona no es quien creó la página falsa, sino alguien que prestó su identidad o su cuenta”, explica.

Pérez también describe otra variante frecuente: las falsas transferencias. Allí, el estafador envía una captura adulterada de una supuesta transferencia bancaria -ya sea como comprador o como vendedor- y genera confusión en la víctima. En algunos casos, incluso simula haber transferido un monto mayor al acordado y reclama la devolución de la diferencia.

El lingote de oro, las joyas y el efectivo

Para el fiscal Fernando Romano las estafas conocidas como “cuento del tío” que involucran grandes sumas de dinero en efectivo, joyas y otros elementos de gran valor, revelan un patrón que difícilmente sea producto del azar. “Seguramente hay algún tipo de inteligencia previa, porque en los casos que nos han tocado se trata de personas con posibilidades económicas reales de entregar dinero, joyas o retirar grandes sumas del banco”, señala.

Fiscal Fernando Romano.
Fiscal Fernando Romano.
Foto: Francisco Flores

El año pasado Romano imputó por estafa y asociación para delinquir a una mujer que solo era la “última cadena” de un eslabón más grande. Habían estafado a una anciana de 85 años por una suma 250.000 dólares, un lingote de oro y joyas.

Según explica, la modalidad más frecuente comienza con una llamada telefónica en la que los delincuentes se hacen pasar por un nieto de la víctima. En el relato, el supuesto nieto asegura que su padre -es decir, el hijo de la persona estafada- está detenida, involucrado en un accidente grave o preso por una causa penal. A partir de allí, se construye una escena de urgencia: se habla de abogados, de fiscales, de pagos inmediatos para evitar consecuencias mayores.

“Les dicen que va a pasar un abogado o alguien del banco a retirar el dinero para pagar la defensa. La gente entra en pánico, no consulta, no razona y entrega todo lo que tiene”, explica Romano.

Uno de los casos más graves que investigó su fiscalía involucró a una mujer que entregó primero 16.000 dólares en efectivo y luego fue acompañada a una caja de seguridad, de donde retiró 200.000 dólares y un lingote de oro de un kilo, valuado en más de 95.000 euros. “Logramos llegar a la persona que fue con ella a retirar el dinero, pero no a la organización”, afirma. Según relevó El País con fuentes judiciales, es muy complejo y raro llegar a las cabezas de la red, en cambio sí logran capturar a los rangos más bajos.

Una persona usando WhatsApp en un celular.
Una persona usando un celular.
Foto: Estefanía Leal

Para Romano, estos hechos refuerzan la idea de que detrás de las estafas hay estructuras organizadas. “¿Se puede pensar que es casualidad que a una persona le saquen más de 350.000 dólares? Yo creo que no. Además, esa misma organización, días antes, había estafado a un matrimonio mayor”, cuenta.

En ese otro caso, una pareja de más de 80 años fue inducida a solicitar préstamos en varias financieras y bancos hasta reunir cerca de 700.000 pesos. “El mismo día que formalizamos a una de las imputadas por el caso del lingote de oro, supimos que esa persona había participado días antes en esa otra estafa”, dice.

Sin embargo, las investigaciones suelen chocar siempre con el mismo límite. “Llegamos al último eslabón: a quien pone la cara, a quien acompaña a la víctima, a quien retira el dinero. Son las llamadas ‘mulas’. No llegamos a la organización”, explica. En todos los casos que manejó, el dinero fue entregado en efectivo o en bienes de valor, sin transferencias bancarias que permitan rastrear el recorrido posterior. Siempre es dinero u objetos que salen de forma física del país, o al menos no se ha podido detectar que se transfieren a cuentas bancarias.

Romano subraya que estas maniobras no son nuevas. “Este tipo de estafa existe desde hace años. Yo conozco casos desde 2019 o 2020. Empezó fuerte en Argentina y después se replicó acá”, dice. En un principio, los responsables eran en su mayoría extranjeros; con el tiempo, comenzaron a operar también uruguayos.

Las personas que terminan formalizadas presentan perfiles diversos. “Algunas tienen antecedentes, otras no. En muchos casos se aprovechan de situaciones de vulnerabilidad, consumo o necesidad económica. No hay un único perfil”, explica.

Usan cédulas de personas en situación de calle, difíciles de rastrear. También ocurre que una misma identidad aparece vinculada a distintas maniobras de estafa, lo que lleva a los investigadores a sospechar que detrás hay organizaciones con un número amplio de integrantes y tipos de estafas. Desde ventas falsas de productos a alquileres o giros bancarios, es la misma “cuenta mula”, una persona que seguramente desconoce de gran parte del accionar, pero es clave en toda la estratagema.

En uno de los casos que tuvo Romano, un imputado aceptó una condena de 19 meses de prisión tras cometer seis estafas similares. Al ser consultado para aportar datos sobre la organización, se negó. “Me dijo: ‘Doctor, ¿usted quiere que termine en una cuneta?’”.

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