El Mundial de Canadá, México y Estados Unidos 2026 quedará en la historia por muchos motivos. Fue el primero con 48 selecciones y también el que reunió a más espectadores en los estadios. El torneo confirmó que el fútbol sigue siendo el deporte más popular del planeta y dejó imágenes que permanecerán en la memoria de los hinchas: sorpresas como las de Cabo Verde, con protagonistas como Vozinha, figuras rompiendo récords y una organización que estuvo a la altura en líneas generales.
Sin embargo, el balance no puede limitarse a lo deportivo. Como ocurre con cada Copa del Mundo, sirvió para poner a prueba decisiones organizativas e incluso aspectos vinculados al futuro. Algunas apuestas resultaron exitosas. La utilización de estadios ya existentes evitó la construcción de nuevos escenarios que significan una gran inversión y luego quedarían sin uso, como ocurrió en otras ediciones, mientras que la logística entre sedes y el funcionamiento, sobre todo en las grandes ciudades, fue positivo.
Aún así, también hubo lugar para las críticas. Las altas temperaturas obligaron a hacer pausas de hidratación bien vistas por las marcas, pero no por los hinchas que las reprobaron con silbidos. La inestabilidad climática de la región llegó incluso a retrasar partidos. A eso se sumaron los elevados precios que alcanzaron las entradas en la reventa, con un sistema que multiplicó sus precios y no encontró la forma de darle prioridad a los hinchas de adquirir boletos para ver a la selección de su país. Por momentos, se desvió el foco del fútbol con reprobación a Gianni Infantino (presidente de FIFA) en los estadios y la participación del de Estados Unidos, Donald Trump, en la revisión de una expulsión de un jugador de su país.
Con aciertos y errores, el Mundial 2026 dejó enseñanzas para la FIFA de cara a las próximas ediciones. Batió récords, confirmó el crecimiento global del deporte reduciendo la brecha entre las selecciones, fue muy parejo, pero también dejó en evidencia que hay aspectos a corregir para el evento deportivo más importante del planeta.
Lo bueno y lo malo del Mundial 2026
Infraestructura existente. Esta Copa del Mundo no tendrá “elefantes blancos”. Los estadios en los que se jugó ya existían y se evitó una gran inversión con recintos que luego quedan inutilizados. Pasó, sobre todo, en Sudáfrica y Qatar.
Geopolítica. El presidente de FIFA, el suizoitaliano Gianni Infantino, fue silbado por el público en los estadios a los que concurrió. Por su parte Donald Trump, presidente de Estados Unidos, tomó postura en una decisión arbitral (la expulsión a Folarin Balogun) y el visado fue un problema durante todo el Mundial.
Las pausas de re-hidratación. El Mundial de los cuatro cuartos. Las pausas de rehidratación fueron solo una oportunidad de vender más publicidad, largas, le cortaron el ritmo a los partidos y fueron reprobadas por el público en los estadios.
Los mejores rompieron los récords. Tanto Lionel Messi como Kylian Mbappé superaron a Miroslav Klose como el máximo goleador de los mundiales y el francés (22) es actualmente el máximo artillero. Además el paraguayo Orlando Gill, con 28, es el arquero con más atajadas en un partido y Unai Simón, de España, superó el récord de imbatibilidad.
Desventajas del formato: las distancias. El precio de organizar un Mundial en tres países fue el de recorridos muy extensos entre sedes y tanto los hinchas como las delegaciones tuvieron que trasladarse miles de kilómetros e incluso cambiar de país. Una de las desventajas de este formato quedó expuesta.
La reventa disparó los precios. Un fenómeno que la FIFA no logra controlar. Una demanda histórica de entradas generó un mercado secundario y que los precios se multiplicaran con respecto original. Además los hinchas no tuvieron prioridad para comprar entradas para ver a la selección de su país.
Estadios llenos con récords de asistencia. Máximo histórico de 6,6 millones de espectadores, el récord de más público en un solo día (288.007, en fase de grupos) y 99% de ocupación promedio en los estadios.
Organización. La experiencia pudo depender de la ciudad, pero en general hubo buenas opciones de alojamiento y transporte.
Globalización: pasar a 48 selecciones. Generó dudas antes del Mundial, pero quedó demostrado que la brecha futbolística se ha acortado y se le puede pelear a las grandes potencias. Hubo gran paridad en general.
Ceremonias: puesta en escena y un buen gesto. En cada apertura ingresaron completos ambos planteles a cantar los himnos, dándole la oportunidad a los que no juegan de sentirse parte, y la puesta en escena fue siempre muy buena con dos enormes banderas de ambos equipos. Un sello.
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