“Es muy lindo pasar por Uruguay, hace muchos años que estoy afuera. Me vienen a visitar al hotel, me siento como en mi living. Es un plus”, reconoce Rodrigo Fernández, el motor del Rojo y el freno de mano de un Independiente que vuela hacia adelante.
Y es que el equipo argentino participó de la Serie Río de la Plata en Uruguay y se convirtió en la sensación del verano: los tres triunfos en este certamen amistoso se suman a los últimos cuatro en el torneo local. Siete seguidos, toda una sorpresa representa el equipo que conduce Gustavo Quinteros.
Platense, Atlético Tucumán, Riestra y Rosario Central habían caído con el equipo de Avellaneda en el cierre del Torneo Clausura, mientras que Alianza Lima, Everton de Viña del Mar y Wanderers cayeron en el marco de la competencia internacional amistosa.
Pero antes, mucho antes de ser una pieza clave del equipo, este mediocampista técnico y aguerrido con 30 años recién cumplidos (3 de enero) jugaba en el parque de diversiones más famoso del mundo. “Nací y vivía en Uruguay, pero por un tema laboral de mi papá, nos tuvimos que ir a los Estados Unidos. Él trabajaba en una empresa de calzado y le ofrecieron la gerencia de una franquicia en Miami. Nos fuimos con mi mamá, mi papá y mi hermano, viví tres años en Miami, llegué con 7 años. Vos pensá que yo vivía en un barrio tranquilo de Montevideo y de un día para el otro aparecí en la gran ciudad. No sabía inglés, iba a la escuela y fue bastante difícil, a los tres meses me empecé a comunicar bastante bien. Tengo lindos recuerdos de esa etapa. No había uruguayos ni argentinos, solo dos o tres colombianos, la mayoría eran americanos”, cuenta.
"Yo empecé a jugar al fútbol allá, en realidad, al soccer, que en esa época era el quinto o sexto deporte en ese país. No era bueno el nivel del fútbol, mis compañeros tampoco, jugaba con categorías cuatro, cinco años más grandes. Estaba en un club, como un baby fútbol, competíamos y todo, pero ellos no se lo tomaban tan en serio. Para mí, que venía de Uruguay, era bastante fácil”, agrega.
"El fútbol siempre fue mi sueño, desde chico. Siempre supe que iba a jugar, tenía el presentimiento de que iba a ser un jugador de primera. La cuestión fue que mi papá se peleó con el jefe y yo justo estaba en Disney, en un torneo que se juega todos los años. Había un dirigente de Danubio, que andaba por ahí, me vio y me dijo que quería contar conmigo. Justo explota la situación laboral de mi papá y nos volvimos. Me probé en Danubio, me ficharon y en ese club estuve como 13 años", rememora sobre cómo llegó al equipo de la Curva de Maroñas.
Guaraní, Santos, Newell’s. Y hace un año se viste con la piel roja, en una temporada tan especial como traumática: es el único grande de Argentina que no participa de un torneo internacional y hace 24 años que no se consagra en el ámbito doméstico. El “ahora o nunca” se respira en el ambiente de un equipo que ofrece espectáculo.
Fue precisamente luciendo la camiseta de la Lepra, su último club antes de Independiente, que vivió un momento muy particular con Lionel Messi y Luis Suárez en un amistoso que fue a jugar el equipo rosarino a Miami, ante el Inter.
"Yo fui a trabar una pelota con Suárez, la pelota quedó ahí, forcejeamos, discutimos un poco y ahí vino Messi y me dijo algo. Mi problema era con Suárez, con Messi no tuve ningún problema, tampoco le respondí directamente. Son cosas que quedan ahí. Yo juego siempre así, de la misma manera, aunque sean partidos amistosos. Juego fuerte, al límite, sino me quedo en mi casa”, advierte, recostado en un sillón. Cosas del fútbol, que a veces marcan el sentimiento.
El cruce de Rodrigo Fernández Cedrés con Luis Suárez y Lionel Messi. pic.twitter.com/zRRbExFzdO
— Miqueas Cicorio (@miqueascicorio) February 16, 2024
“Fueron cosas que pasaron en la cancha; un encontronazo. Ni me acuerdo bien qué pasó. Con Messi no volví a cruzarme, quedó ahí. La verdad, no fue lindo, porque a Suárez uno lo tenía en un lugar muy privilegiado, no me gusta pelearme con alguien así. No era mi ídolo, pero es uno de los jugadores más importantes de la historia de Uruguay. Son cosas que pasan. Siempre respetando… hasta que te faltan el respeto. Y bueno. No tengo ningún problema con él, pero no volvimos a hablar”, recuerda.
Más allá de la presión de Independiente por una vuelta olímpica, reflexiona sobre los límites del fútbol. “Tiene cosas buenas y malas. Soy un privilegiado de tener la oportunidad de trabajar de lo que me gusta, de jugar en un equipo como Independiente, de construir una carrera. Entrenar dos horas y volver a casa para estar con mis hijos. ¿De qué me puedo quejar? Bueno, hay cosas malas. Yo trato de no consumirlas, trato de aislarme cuando juego bien o juego mal. Hoy en día, las redes sociales te suben a un lugar de privilegio y cuando te va mal, sos el peor jugador del planeta. Es algo que aprendí a no consumirlo, un aprendizaje que conseguí con los años”, entiende el uruguayo que se prepara para el estreno oficial del próximo viernes 23 de enero ante Estudiantes de La Plata por el Torneo Apertura.
La Nación / GDA - Ariel Ruya
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