En el mundo del fútbol algunas selecciones eligen casi siempre un entrenador extranjero (Chile, Ecuador). Otras han mantenido como norma un técnico nacional (Argentina, Alemania). Y está Uruguay, que históricamente ha preferido a los locales, aunque varias veces soñó con un profesional de afuera y solo consiguió convencer a uno.
Marcelo Bielsa es el candidato de hoy; de dar el sí, sería el segundo extranjero que use el buzo de DT de la Celeste, luego de Daniel Passarella entre fines de 1999 y principios de 2001. No debe contarse a Juan Eduardo Hohberg, quien estuvo dos veces en el cargo (1970 y 1976-77) y había nacido en Córdoba (Argentina), porque a los efectos del fútbol era uruguayo: tenía la ciudadanía y había defendido la camiseta celeste en el Mundial de Suiza 1954.
El “sueño” más reciente fue Marcelo Gallardo, pretendido y esperado vanamente por la AUF tras el cese de Óscar Tabárez en 2021, hasta que el ex Nacional decidió renovar con River.
Mucho antes, la Asociación tuvo dos proyectos ambiciosos para la Selección que no pasaron del papel: un técnico europeo y un campeón del mundo. Ocurrió en la década de 1970, cuando la Celeste andaba a los tumbos y cambiaba de conductor cada año, o a veces más seguido todavía.
En 1976, el Ejecutivo presidido por Héctor del Campo pretendió contratar a un profesional yugoslavo. Se trataba de Vujadin Boskov, quien luego de haber dirigido la selección de su país trabajaba en el fútbol holandés. El técnico celeste de la época, José María “Chema” Rodríguez, lo quería como asesor. Boskov llegó en febrero de ese año, vio un Uruguay-Brasil en el Estadio Centenario y se marchó, porque pretendía ser el principal responsable del equipo. “Quiero participar de una sociedad donde yo tenga 51 por ciento”, explicó.
Con los años, Boskov se convirtió en un DT legendario, campeón en España con Real Madrid y en Italia con Sampdoria. Cuando estaba en este club tuvo un duro cruce con el mediocampista uruguayo José Batlle Perdomo, que defendía al Genoa, el otro club de Génova: aseguró que su perro jugaba mejor al fútbol que el Chueco. El jugador lo demandó y le ganó el juicio por difamación.
A fines de 1978, César Luis Menotti había finalizado su vínculo con la AFA y la renovación del contrato se demoraba, pese a que había ganado la Copa del Mundo seis meses antes. La revista El Gráfico informó entonces sobre una movida de varias empresas, dispuestas a asociarse con la AUF con la finalidad de pagarle a Menotti una fuerte suma para que dirigiera a Uruguay hasta el Mundial 82. Pero poco después el técnico aceptó continuar con la AFA y la idea uruguaya se desvaneció. En 1990 vendría a Peñarol, contratado por el contador José Pedro Damiani. Pese a su fama, duró menos de un año.