EL FÚTBOL Y YO

José Bayardi: “La pica con Danubio es un disparate, yo voy contra Nacional y Peñarol”

Fanático de Defensor Sporting desde niño, contó que se tenía que hacer las cometas él mismo con caña y papel violeta porque solo se vendían de los grandes.

José Bayardi. Foto: Francisco Flores (Archivo)
José Bayardi. Foto: Francisco Flores (Archivo)

El exministro de Defensa José Bayardi colocó al profesor José Ricardo De León en el lugar más alto entre las figuras representativas de Defensor Sporting, el equipo del que es hincha por descendencia y al que contó que siguió por todas las canchas.

-¿Cómo nace el amor por Defensor Sporting?
-Porque Defensor Sporting está en el ADN familiar. La línea Bayardi de mi familia emigró a principios del Siglo 20. Mi abuelo Arturo nació en Presidente Prudente, Brasil, pero vino a Uruguay de chico y la mayoría de los Bayardi Girotto recaló en Montevideo. Hubo una excepción, un tío de mi abuelo, que se fue a Buenos Aires. La rama de mi abuelo, en su gran mayoría, se instaló en Punta Carretas. Mi abuelo cuando se casó vivió en el Buceo, en Jacinto Vera y Bustamante, y era verdulero de carro de dos ejes y la zona en la que vendía era Punta Carretas. Yo tenía tíos en la calle Tarumán, hoy Francisco Ros. Hubo un taximetrista José Bayardi que trabajaba en la parada de 21 de Septiembre y Ellauri. La historia familiar era en la Punta Carretas de otra época, porque tenía una tía abuela que era lavandera.

-¿No había escape?
-Y no, el fútbol lo viví, desde que tengo recuerdos, con Defensor. No conocí a mi abuelo porque falleció cuando yo tenía un año, pero mi padre era de Defensor, un tío hincha de Defensor, el tío más joven salió Bolso, pero los Bayardi de la generación de mi abuelo y de mi padre estaban muy vinculados a Defensor, así que lo que recuerdo es de ir al fútbol al Parque Rodó. Y para un niño tenía un doble atractivo: el fútbol y la diversión en el Parque.

-¿Un lugar favorito en el Franzini?
-Siempre fui a la Tribuna Punta Carretas. Me acuerdo de la vieja tribuna y hasta dónde nos sentábamos. Entrando a la izquierda, hacia la zona de los baños actuales. Allí, en realidad, había un árbol de coquitos y me acuerdo que me sentaba en la primera bajadita que había hacia la izquierda entre el tejido transparente que permitía ver a los jugadores bajar a la cancha.

-¿Desde qué edad están presentes los recuerdos de ir al Franzini?
-Y desde los 6 o 7 años. Tenía un tío Torres, mi padre es Bayardi Torres, también hincha de Defensor, con el que íbamos al estadio. El fútbol era de un entorno familiar, quizás hoy haya gente que no pueda entenderlo, pero te cuento que cuando jugábamos contra los grandes, que nunca salían del Estadio, íbamos a la Ámsterdam. Esto hoy no lo puede creer nadie. Jugábamos contra los grandes y el mayor problema que podías tener era un grito de “vo´, manya o vo´, bolso”. Como hincha de Defensor recorríamos todas las canchas por lo cual tengo recuerdos divinos.

-¿A qué cancha te gustaba ir más?
-Al Parque Capurro. La bahía a los pies era algo que te distendía, era algo que disfrutabas. En el Prado el Saroldi era una cancha linda, arbolada. Tengo recuerdos de todas las canchas.

-¿En algún lugar la pasaste feo?
-Eran otros problemas. Te voy a contar una anécdota. ¿Viste que siempre se habla de la pica Defensor-Danubio? Para mí es un disparate porque nunca existió esa pica en mí, fue medio forzada para que hubiese un clásico. Yo, en realidad, voy contra Peñarol y Nacional. En la cancha de Danubio, un día entramos por la principal y cuando estábamos entrando a la cancha nos encontramos con un pesadito, pesadito. Pero no de los pesaditos de ahora que ladran en jauría, aquel ladraba solo. Era William Danajiam y le decían Pepsi Cola, era pariente de una familia armenia que vivía en Pocitos. Cuando vamos a entrar nos pregunta: ‘¿Para dónde van?’. Le decimos que vamos a la tribuna de la palmera y nos responde: ‘No, no, que van a ir para allá. Entren acá’. Nos metemos en la tribuna principal, sentaditos, de repente gol de Defensor. Gritamos con mi viejo el gol y se nos vino un malón. Nos paramos como para bancar, sabiendo que nos podían llenar la cara de dedos porque venía complicadito. Y aparece William Danajiam a insultar a toda esa barra. Ese personaje iba contra la hinchadita de Peñarol que nació entre la Ámsterdam y la América, solito. Y los corrió a todos. Se arregló.

-¿Hay muchos emblemas, camisetas o banderas de Defensor Sporting en tu casa?
-Nunca fui muy fetichista y siempre que compré camisetas fue para regalar. Cuando era más chico me hacía las cometas de Defensor, porque no te vendían, solamente se conseguían de Nacional y Peñarol. Las hacía con caña y papel. Una vez me hice una grande que tenía como 80 centímetros de diámetro, blanca y violeta y con el faro de Punta Carretas. De chico no había tampoco gorros de Defensor y mi vieja me había dado un gorro de Arlequín, grande, violeta. Incluso tengo un buzo violeta que me lo regaló el profesor Marcelo Tulvobitz del Saprissa de Costa Rica. Te cuento, mi hijo, que hoy vive en Barcelona, en su casa tiene mucha decoración de Defensor Sporting, acá de contra era hincha de Peñarol, pero hoy allá en su casa son todos de Defensor y hasta sus amigos del barrio en Llinars me han pedido que lleve más camisetas de Defensor. Y lo hago.

-Si te pido que nombres a los mejores jugadores de la historia, ¿con cuáles te quedás?
-No sé si lo recuerdo o me lo metieron en la cabeza, el ‘Loncha’ (José) García. Era chico y preguntás, ‘¿aquel quién es?’ De los que recuerdo, Daniel Bartolotta tenía una plasticidad y un dominio de la pelota inmenso, ni hablar de Luis Cubilla, José Gervasio Gómez, el que también fue un fenómeno porque tuvo que sustituir a Dagoberto Fontes fue el ‘Tato’ (Ricardo) Ortiz y más acá Nicolás Olivera, Marcelo Tejera y el “Polilla” (Jorge) Da Silva. Te cuento, estaba preparando exámenes de facultad con un compañero que era de Peñarol, jugaba Defensor-River en el Saroldi y nos fuimos a verlo porque yo quería ver al “Polilla”. No me olvido del “Cocho” (Giorgian) De Arrascaeta. Esa gente hacía maravillas, pero también pongo a gente que jugó al sacrificio, que supo asumir su papel en la cancha, que no era hacer firuletes, sino robarla y entregarla, y que se ganan un lugar en mis preferidos como Pedrín Graffigna y (Heber) Silva Cantera.

-¿Alguna vez fuiste a ver un clásico Nacional-Peñarol?
-Sí, en el año 1970, pero por interés subsidiario, diríamos.

-¿Una chica?
-Exacto. Nada menos que la que hoy es mi señora, que lo es desde el año 2007 porque nos reencontramos. Me acuerdo que terminé gritando los goles de Defensor que le ganó a Racing 2-0. Gritaba en el estadio cuando en el placar de la Ámsterdam, que los resultados se ponían a mano, aparecían los goles de Defensor.

-¿Alguna vez hiciste algo de lo que te arrepentiste en una cancha de fútbol?
-Te voy a contar lo que fue mi mayor vergüenza y tuve que pedir perdón. Fue en 1976 y con Fénix en Capurro, no cabía ni un alfiler. La tribuna de la bahía no tenía asientos, todos paraditos. Estaba el ‘Vasco’ (Alfredo) Cáceres y en un momento hago un comentario en voz alta: ‘No sé para qué mierda el Profes puso al Vasco Cáceres’. Bueno… el Vasco hizo un golazo que la agarró de volea y la metió en un lugar imposible. Llega el gol y se da vuelta una muchacha y me dice: ‘¿Ahora qué tenés que decir de mi marido?’ (risas). Son esas cosas que te pasan en la cancha y querés desaparecer, la vergüenza que pase fue enorme.

La identidad, nada de grande

“No me gusta que me digan grande, porque si hay algo que disfruto es ir a ver a Defensor y sentarme en el mismo lugar que lo hago siempre. Si vos me decís, ¿qué te gusta? Te digo: que sigamos siendo los que somos. Mi hija es hincha de Defensor y una vez vamos al Centenario, al Palco, partido final contra Peñarol. Llegamos y un estruendo, un ruido provocado por la hinchada de Peñarol, y mi hija me dice: ‘Pah, esto es bravo, papá’. Le dije: ‘esperá un poquito’. Terminamos ganando, silencio en el Estadio. Y le dije: ‘Mijita, a veces hay momentos en los que hay aprender a gozar con el silencio’. Si me preguntás si me gustaría tener una hinchada más grande, te digo que me siento cómodo con lo que es Defensor y esperaría que no pierda una identidad que fue la que me ligó al club”.

Defensor en 1976 y el mate con el padre

Clavijo en el Defensor de 1976
El Defensor campeón de 1976.

-¿Cómo viviste la consagración de 1976?
-Te lo cuento por el último día, en la cancha de Defensor y ante Rentistas para ser el primer equipo de los llamados menores que terminaba siendo Campeón Uruguayo. Yo fui a todos los partidos de ese año, pero te va a sorprender lo que te voy a decir, porque yo tengo un problema y es que cuando consigo el objetivo me achato, no me gana la euforia. Mi viejo tenía un Plymouth del 35 y me acuerdo que nos vinimos a casa a tomar mate. No me euforizo, disfruto viendo la euforia de la gente. Así que si me preguntás que recuerdo de aquel 25 de julio de 1976 te diría que fue ese partido y final y tomar mate tranquilo con mi padre.

-El mejor jugador de ese Defensor, ¿fue Luis Cubilla?
-No voy a hablar mal del ‘Negro’ Cubilla porque era un fenómeno, como jugador era una bestia. Un tipo de un metro y poco, panzón, pero metía la pelota entre las piernas y no se la sacaba nadie, pero yo creo que el artífice del triunfo fue el profe (José Ricardo De León). Y si vos me decís que me quede con un jugador, a mí me cuesta porque el nivel de empatía que el equipo tenía entre ellos era muy fuerte Recordemos que era una época oscura de este país, estábamos en plena dictadura, Defensor había tenido durante el campeonato el caso de Julio Filippini (le dedicó un gol a su hermano del Movimiento Tupamaro que estaba preso) y habían marcado todos a declarar a Inteligencia. Políticamente en ese equipo había jugadores de diferentes tendencias pero su compañerismo y adhesión fue muy grande y por eso el profe fue grande”.

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