"Barría calles y hoy me veo en la tele siendo profesional": la historia de Papote Isasmendi, el "10" de Cerrito

"Llegaba a mi casa y no había un plato de comida. Estaba todo el día con ese pensamiento", dijo Jonathan a Ovación. Un talento de barrio, blindado por el club, que encontró apoyo en el momento justo.

Jonathan Isasmendi, el '10' de Cerrito en la Segunda División Profesional, en entrevista con Ovación.
Jonathan Isasmendi, el '10' de Cerrito en la Segunda División Profesional, en entrevista con Ovación.
Foto: Estefanía Leal | El País

Todavía no lo puede creer, pero atrás de su buen presente hay una historia de inmensa superación y esfuerzo. Antes de recibir a Ovación en su casa para esta nota, Jonathan Isasmendi (23) había firmado un contrato de alquiler para mudarse a un apartamento y para este año también firmó con Cerrito su primer contrato profesional, hizo su primera pretemporada y el club tuvo que extenderle el vínculo y subirle la cláusula porque, con tres goles en los primeros tres partidos, llamó la atención de otros equipos. Por su talento eso no es una sorpresa, pero algunos meses antes de llegar al equipo del Parque Maracaná, “Papote”, como lo conocen desde chico, barría las calles, tenía un día a día exigente y aún así no se aseguraba un plato de comida al final de la jornada. Encontró un entrenador que creyó en él, aunque le hizo pagar derecho de piso, un club que se volvió una familia y un día puntual en el que su vida comenzó a cambiar al punto de que no puede creer cuando se ve en la televisión.

Talento de barrio: "Enseguida dije: ‘Este pibe es diferente’"

Cuando a Jonathan le preguntaban de qué jugaba, él respondía ‘libre’. Así se sintió siempre jugando en el barrio, nunca hizo inferiores, pero el talento de barrio se hizo notar en las pruebas de Deportivo Italiano en el momento que Damián Enríquez, hoy entrenador de Cerrito, llegó al Tano e Isasmendi era uno de los que quedaba del plantel del año anterior. Estaba ahí porque Lolo, un hincha, lo vio cuando fue árbitro en un fútbol 5 y le consiguió una prueba.

“El primer día que lo veo, bajó una pelota de 30 metros, la controló con el empeine y terminó de zurda. Una locura lo que había hecho. Enseguida dije: ‘Este pibe es diferente’”, recordó Enríquez, importante en la carrera y en la vida de “Papo”, como le dice, aunque su relación al principio tuvo algunos altibajos. “Bueno sí, de hecho lo rajé”, recordó el DT que, junto al presidente Guillermo Silveira, tenían la intención de mejorar la estructura del club y apuntar a profesionalizarlo, pero Jona no estaba acostumbrado a eso, faltó algunas veces y Enríquez le dijo que no fuera más.

Un día, Isasmendi pidió para volver, pero el director técnico le hizo pagar derecho de piso y, más que un castigo, fue justo lo que necesitaba. Tuvo que pedir disculpas a todo el grupo, pasó algunos entrenamientos corriendo solo alrededor de la cancha y compensó haberse perdido la pretemporda. “Hasta con la ropa. Pedían número y le dije que no pidiera porque todavía no era parte del plantel. ‘Si este tipo aguanta esto, es porque quiere estar’”, se dijo a sí mismo Enríquez y Papote aguantó todo lo que pudo, pero un día en una práctica tuvo una reacción con el entrenador.

“Yo me guardaba mucho las cosas. No se lo contaba ni a mis compañeros. Me hablaban y yo me tomaba todo a mal. En ese momento él (Enríquez) me había hablado bien, me corrigió cosas del entrenamiento y no sé qué le dije, me puse a llorar de todo lo que venía... de no tener el plato de comida en casa, de esforzarme todo el tiempo y ver poco a mi familia, me llevaba a angustiarme”, confesó Jonathan, un gurí muy auténtico y que se hace querer enseguida. Italiano tiene un sentido de comunidad muy grande y le dieron una mano, que empezó a cambiar un día a día muy exigente.

Jonathan Isasmendi, el '10' de Cerrito en la Segunda División Profesional, en entrevista con Ovación.
Jonathan Isasmendi, el '10' de Cerrito en la Segunda División Profesional, en entrevista con Ovación.
Foto: Estefanía Leal | El País

Sacrificio: "Estar barriendo en la calle y en los camiones y hoy mirarme en la tele siendo profesional..."

“Me levantaba a las 5:30 a laburar, a barrer y juntar bolsas y llegaba a las 14:00. A las 16:30 entrenaba con Italiano en Carrasco y llegaba a las 20:00. Eran todos los días así, pero sabía que tenía que meterle porque me había puesto un objetivo”, recordó Jonathan sobre sus épocas trabajando en Tacurú, que terminaron meses antes de sumarse a Cerrito y todavía mantiene el contacto con excompañeros.

“Me hablan, les mando fotos y les digo: ‘¿Te acordás que estábamos acá con dos paquetes de bolsas, el escobillón grandote y barriendo calles?’ Las señoras me decían: ‘¿Te animás a barrer acá y te doy $30 para comprarte una coca?’ A veces que ni tenés, vas a laburar y tenés que esperar a llegar a casa a ver si hay. Es así. No me da vergüenza decirlo. Estar barriendo en la calle y en los camiones y hoy mirarme en la tele siendo profesional, es algo que lo pienso cuando estoy solo y no lo creo”.

Papote se había puesto un objetivo y en el club se notaba. Un día Enríquez lo vio pasar cerca en un ejercicio, lo agarró de la camiseta y le dijo: “‘¡Esperá!’ Porque era muy ansioso, corría para todos lados. Cuando te llegue la pelota, te vas para adentro, haces dos enganches y quedás de cara al arco. Hacé lo tuyo. Y la terminó clavando en un ángulo”, recordó el entrenador, que le había empezado a encontrar un lugar a ese pibe que, como en el barrio, jugaba libre: era el nuevo extremo por banda izquierda del equipo.

Isasmendi ya no faltaba a una práctica. Si no tenía en qué ir pedía una moto, una bici o se tomaba un ómnibus, lo que fuera. “Trabajamos para que entendiera lo que eran los sistemas tácticos, una cobertura, cuándo podía ir y cuando no, dónde pararse. Él empezó a entender y fue una esponja. Uno le puede dar todo, pero él captó todo lo que necesitaba. Hoy es lo que es porque él cambió”, reconoció Damián Enríquez.

Y las buenas empezaron a llegar para el Papo. “Después de mi primer gol en Italiano, que hice seis o siete, dije: ‘Este es el momento’. Me estoy enfocando, estoy haciendo las cosas bien y de acá no puedo parar más. Me puse un objetivo, mi cabeza estaba concentrada en el fútbol y antes no”, dijo Isasmendi.

Jonathan Isasmendi con la camiseta de Deportivo Italiano, equipo del que se siente hincha y es "su vida".
Jonathan Isasmendi con la camiseta de Deportivo Italiano, equipo del que se siente hincha y es "su vida".
Foto: Estefanía Leal | El País

Cambio: "Llegaba a mi casa y no había un plato de comida. Estaba todo el día con ese pensamiento"

“Venía de entrenar en Italiano y me jugaba tres fútbol 5, estaba loco. Tenía partido con Italiano a las 15:00 y me levantaba un domingo 08:00 para jugar un fútbol 8, y a las 11:30 estaba citado. No pensaba. Ahora voy a la placita, miro a los gurises, a veces me pongo a jugar. Por más que llegue de jugar con Cerrito el sábado a la noche, el domingo estoy jugando en la placita con los pibes. No se me olvida eso, no se me puede olvidar el barrio, nací así y siempre voy a ser así. Siempre picadito de barrio. Fútbol 5, 8, eso lo tuve que dejar todo”, reconoció el jugador del auriverde, que aún mantiene un inmenso cariño por Italiano.

“Para mí es mi vida, soy hincha, jugador... por todo lo que me dieron, los consejos, siempre al lado mío. No tengo palabras”, describió Jonathan, que aún recuerda las que tuvo con él Guillermo Silveira, el presidente del club. “Me dijo que tenía un hijo, una familia y tenía que ponerme un objetivo. Eso me llegó a la cabeza, porque yo estaba pensando en mí, en chivear, venir a mi casa, andar en la esquina, pero no miraba a la familia y sabía que tenía las condiciones de jugar a la pelota, por suerte muchos como Guillermo me hablaron”, valoró Papote, que también mantiene ese tipo de diálogos con Damián Enríquez. “Yo a veces se los cuento. Iba a trabajar, a entrenar, llegaba a mi casa y no había un plato de comida. Estaba todo el día con ese pensamiento. Era muy fuerte. Me empezó a ir bien y mi cabeza entró a cambiar, tranquilidad, sabía que tenía el plato de comida en la casa para mi nene. A mí me importaba entrenar, pero que tuvieran las cosas ellos. Tuve que seguir para cumplir el sueño de ser profesional”, dijo Jona, que es muy agradecido con Enríquez. Lo vio en Italiano y lo llevó a Cerrito.

“Si era otro técnico me echaba a la mierda, por suerte me aguantó, mis compañeros y Guillermo también, siempre voy a estar agradecido. Antes jugaba fútbol de barrio y hoy me siento jugador profesional. Damián me hizo ser otra persona y pensar diferente. Tengo 23 años, sé que me falta muchísimo, pero intento aprender todos los días y dar lo mejor de mi”, expresó Isasmendi, que no hizo inferiores.

“Yo era chico y no me podían llevar a los entrenamientos. Estuve en Wanderers dos días, me llamaron Defensor y Peñarol también. Iba tres días y andaba en la esquina acá. Necesitaba apoyo y no lo tenía como en este momento”, dijo Papote, que se ganó ese apodo cuando Agustín, amigo del barrio, le puso así cuando a los seis años jugaba descalzo y bajo lluvia en Tacurú, cerca de su casa donde hizo la UTU y estuvo hasta los 18 años. Aquel día la rompió y le regalaron unos zapatos. Dijo que estar ahí lo alejó de estar en la calle.

Presente: "Me costó para llegar acá y no pienso parar"

El barrio también le hizo conocer a su pareja, o como le dice: “la jefa”. Un día estaba frío y con sus amigos decidieron prender un fuego. “Tenían un portón al lado de la casa, lo agarré y salió ella ‘No sé qué, no sé cuanto’. Ella había llegado al barrio, estuvo en el proceso y hasta ahora. Tenemos un hijo, va para los tres años y es loco por la pelota, está todo el día. Ojalá que le guste, yo deseo eso, pero es decisión de él”, manifestó el Papo. Ellos son importantes cada vez que sale a la cancha.

“Yo siento alegría. Veo a mi familia ahí alegre, les cambió el ánimo de un momento al otro. Están conmigo. Tengo un sueldito y me puedo manejar, mantenerlos. Los hinchas me agarraron tremendo cariño y me da el doble de trabajo porque a veces los resultados no se dan; miro a la hinchada y me cuelgo”, confesó Jonathan, pero que los hinchas de Cerrito se queden tranquilos.

“Entro con la cabeza tranquila y pienso en divertirme porque es el juego que me hace feliz. Soy un pibe de barrio, ¿sabés cuántas patadas me dieron? ¿No me voy a hacer pegar hoy para mirarme en la tele, ayudar a mis compañeros y ascender? Es mi mayor sueño. Me costó para llegar acá y no pienso parar”, reconoció.

Jonathan Isasmendi, el '10' de Cerrito en la Segunda División Profesional, en entrevista con Ovación.
Jonathan Isasmendi, el '10' de Cerrito en la Segunda División Profesional, en entrevista con Ovación.
Foto. Estefanía Leal | El País

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