Redacción El País
La final de la Supercopa Uruguaya entre Peñarol y Nacional, disputada el domingo de noche en el Estadio Centenario, dejó un fuerte contraste entre lo que establecía el nuevo "Manual integral de operaciones de producción de la AUF" y lo que ocurrió en las tribunas: pese al protocolo de seguridad que prohibía el ingreso de banderas de más de 2x1 metros y de pirotecnia, hubo de ambos lados y en cantidades absurdas.
El clásico se jugó bajo lineamientos editoriales estrictos fijados por la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), que ordenan una "transmisión 100% deportiva" y prohíben mostrar episodios que alteren la imagen del espectáculo. El documento que se les entregó a las empresas que adquirieron los derechos audiovisuales de televisación establece que está vedado emitir imágenes de “peleas en tribunas, lanzamiento de proyectiles o bengalas”, al considerar que su divulgación incentiva a los violentos.
En ese marco, el manual también prohíbe enfocar pancartas, banderas o “trapos” con mensajes políticos, sindicales o insultantes hacia cualquier autoridad, y ordena que “si una cámara detecta un cartel de este tipo, el director debe evitar poncharla”. La responsabilidad recae sobre la empresa productora, que actúa como ejecutor técnico sin autonomía editorial y bajo supervisión directa de la AUF.
Durante la transmisión del clásico de la Supercopa, la producción evitó mostrar hechos visibles dentro del estaido, como el despliegue de banderas de gran porte sobre las cabeceras Amsterdam y Colombes. Y por supuesto el uso masivo de pirotecnia por parte de ambas hinchadas, ambos expresamente prohibidos por el protocolo de seguridad del partido. Aspecto que el propio jefe del operativo de seguridad, el comisario Yony Mezquita de la Policía de Montevideo, mencionó minutos antes de que la pelota empezara a rodar.
De hecho el último clásico en el Centenario y con las dos hinchadas fue el del Intermedio 2025, aquel marcado por la bengala náutica que salió desde la Colombes e impactó a un Policía ubicado en la bancada de prensa de la Tribuna América, y tuvo un lamentable desenlace.
En este primer clásico del 2026, el contraste fue notorio entre lo que ocurrió en las tribunas y lo que llegó a la pantalla.
El documento remarca que “el foco de las imágenes, la narrativa y el comentario será hacia el desarrollo deportivo, el juego, la estrategia y el análisis técnico”, y extiende esa lógica también al relato. En ese sentido, señala: “De forma complementaria a lo que no se permite filmar, se extiende la prohibición explícita de describir, comentar o hacer foco en incidentes de violencia”.
Es decir, una orden directa para que los periodistas y narradores de la trasmisión hagan la vista gorda ante sucesos extradeportivos, aún si ocurren en el escenario deportivo.
La final clásica fue uno de los primeros eventos masivos en los que se aplicaron estos criterios. Mientras la transmisión buscó sostener una imagen controlada y exclusivamente futbolística, en el Estadio Centenario quedaron en evidencia fallas en los controles de ingreso y en el cumplimiento efectivo del protocolo, en un partido que volvió a mostrar la distancia entre la normativa y la realidad del fútbol uruguayo.
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