A veces el deporte es ajeno a la lógica y Uruguay la pudo quebrar en una noche para el recuerdo, cuando más de 6.000 almas empujaron a una selección que parecía despertarse de un sueño, sin embargo sacó temperamento, garra y corazón en un momento complejo.
La Celeste le ganó a Puerto Rico, la de los ocho olímpicos, la de los NBA, la que traía un vigente campeón de la mejor liga del mundo y la que puso contra las cuerdas su ininterrumpida clasificación desde el Mundial 1986.
Sin embargo el equipo dio un paso adelante desde lo defensivo, levantó los porcentajes, repartió más las conversiones y se quedó con un triunfo impensando tras la descalificación de Joaquín Rodríguez, la figura rutilante contra Bahamas que en el amanecer del segundo tiempo dejó la cancha por doble técnica.
Puerto Rico apelaba a su ADN, elevaba el ritmo, sumaba triples y parecía seguir de largo. Sin embargo Uruguay no bajó los brazos, se repuso a la adversidad, sacó a relucir su mejor versión atrás y tuvo dos figuras claves: Santiago Vescovi desde la generación y los triples.
Primero Bruno Fitipaldo, figura clave en el juego, luego Martín Rojas y después una batería de Gonzalo Iglesias, que fue el factor X ante un rival que había venido al Antel Arena hace ocho años y había perdido por un triple de Matías Calfani, y ahora fue otro “4” quien le destruyó los planes a los Boricuas.
La llama de la ilusión está más grande que nunca, la selección se aferra a una final ante Bahamas en febrero del año que viene, pero tendrá además tres encuentros más, donde tratará de dar otro batacazo para seguir acercándose a Qatar 2027.
Porque desde el triunfo ante Estados Unidos en la AmeriCup, a la noche del lunes frente Puerto Rico, Uruguay sigue ilusionando a la gente, despierta esperanzas que parecían perdidas tras esa caída en San Juan en 2019, por un equipo que pese a ver retirarse varias figuras, cree más que nunca en el Mundial.