En el peor momento político del Frente Amplio, cuando las encuestas le dan números de pánico, cuando el gobierno no hace pie en ningún tema, cuando los conflictos sindicales se le escapan de las manos, y los datos económicos dejan en evidencia la falta de rumbo, vuelve al ruedo la máquina de embarrar.
¿De que hablamos? De la misma usina de “fake news” y noticias basura, que tanto rédito generó al Frente Amplio cuando era oposición, desatando episodios tan espectaculares y rebosantes de exotismo, como carentes de fundamento. La víctima en esta ocasión es el ex senador Gandini, al que se apunta como cabeza de una especie de organización de narcotráfico y lavado de dinero.
Todo empezó con una investigación policial que implicó al asesor de un edil de la lista de Gandini al que se le encontraron en una casa de Brazo Oriental, armas, drogas, y la enorme cantidad de 3 millones de pesos.
No contentos con esta vinculación, se apuntó a que este super-mega-narco, tenía el hábito de pagar cuentas en un local de cobranza que hace 13 meses es propiedad de la esposa de Gandini. Y alguna fuente policial habría sugerido que se investiga si hubo algún tipo de lavado de dinero, usando ese local de cobranza.
Con ese par de datos sueltos, se armó una telenovela donde un ex periodista y conocido operador del Frente Amplio (además de hacer campañas turbias para varias empresas privadas), acusó al ex senador de estar implicado en narcotráfico.
Analicemos el tema con cabeza fría. En Uruguay hay senadores, diputados, alcaldes, concejales, y ediles. Que son el último eslabón de la cadena política, y ni siquiera cobran un sueldo. Son en total 589 ediles en todo el país, de los cuales casi nadie sabe ni los nombres. Estos ediles tienen derecho a tener hasta 5 asesores cada uno, con lo cual la cifra trepa a 2.945 personas. ¿Algún partido político está en condiciones de poner las manos en el fuego por lo que hace cada uno de esos individuos?
Segunda cosa, los locales de cobranzas tienen un sistema de control bastante estricto. Y manejan, sobre todo en ciertos barrios, cantidades de dinero pequeñas. Pensar que en un local de barrio se puede “lavar” millones del narco, sin que salte una alarma, es sólo creíble por gente muy aldeana o mal intencionada.
Por último, el ex senador Gandini es una persona que lleva medio siglo en la política. Desde su rol estudiantil en la salida de la dictadura hasta hoy, ha ocupado todos los cargos posibles. Y más allá de estar de acuerdo o no con sus ideas o estilo, hay una cosa que nadie puede poner en duda: y es que ha sido un político inteligente. ¿Se puede sostener con un mínimo de seriedad que a esta altura de su carrera se va a “quemar” involucrándose con un esquema de micro lavado de dinero, implicando además a su familia?
Pero hay otros elementos de este escándalo para tomar en cuenta. Por ejemplo los antecedentes de este operador que fogonea la denuncia. En los últimos años este personaje ha lanzado decenas de supuestas “bombas” informativas de las cuales, ni una ha sido verdad. Entre ellas, vale recordar, que en un cajón de pescado enviado desde el un emirato del Golfo al ex presidente Lacalle Pou, habría venido también droga. ¿Se acuerda?
Pese a que una noticia como esa es tan inverosímil que haría partir de la risa a cualquier agente de la DEA, el sistema mediático y periodístico toma cada disparate que sale de esa cloaca informativa como verdad digna de debate serio.
Y lo mismo hace el sistema político, retroalimentando una maquinaria tóxica, que termina sumando al desprestigio general de su actividad. Cuando lo del pescado de Arabia, figuras clave del FA se sumaron a sugerir cosas tremendas. Y ahora ocurre algo parecido, con gente como la diputada Julieta Sierra, que se suele presentar como una de las escasas voces racionales dentro de su partido, diciendo que esto es “muy preocupante”, e instando a la oposición a marcar postura. Pensemos un poco. ¿Marcar postura a partir de una filtración, de una investigación policial, que ni siquiera tiene un acción concreta a nivel de Fiscalía? Es casi tan ridículo como cuando del otro lado se acusaba al MPP de estar metido en el narcotráfico por su vínculo con aquel señor Mutio que agarraron con una tonelada de cocaína. O por el accidente con el scanner del puerto.
Como es obvio, habrá que esperar a que la justicia avance a ver qué pasa. Pero los antecedentes y el sentido común apuntan en una dirección. Mientras tanto, el circo coprofágico impulsado por gente sin escrúpulos, y fogoneado por otros sin reflexión, seguirá sumando al descrédito del sistema político en general.