Hace unos días una amiga, médica de profesión, volvía de su trabajo por una rambla casi desierta en cuarentena. Se cruzó con una pareja de unos 30 y algo con un niño de unos cinco años.
En un momento un auto entreparó, bajó la ventanilla e increpó a la pareja por estar en la rambla con un niño. Tras el incidente, mi amiga se acercó y la pareja le contó que eran dos trabajadores de la salud que habían ido a buscar a su hijo a la casa de un familiar que lo cuidaba mientras ellos trabajaban y estaban volviendo a su casa, a cinco cuadras.
Si uno hace una recorrida por cualquier red social, puede ver que este linchamiento público no es un caso aislado. Somos 3 millones y medio de sabelotodos ignorantes haciendo juicio de valor de la actuación de los demás, con la genuina convicción de que, si el otro no se cuida, nos está perjudicando a todos. Pero la verdad es que, salvo algunas excepciones, suponemos, como tantos otros movimientos sociales, muchas veces nos dejamos llevar por las olas, la opinión generalizada, sin entender del todo la situación.
Es así como en las últimas semanas los surfistas han sido criticados. Un deporte individual, que por definición se practica con distancia social y en el agua. Aunque vayan en su propio vehículo y no tengan contacto con nadie, se volvieron la personificación de lo que no hay que hacer.
También los que salen a caminar por espacios abiertos, aunque vayan con tapaboca y a solas para hacer un mínimo de actividad física en medio del confinamiento social y contrarrestar los efectos negativos del encierro que, en muchos casos, puede ser peor que el propio coronavirus. Ni que hablar de aquellos que tienen casa afuera y deciden ir allí a pasar unos días, aunque lleven su surtido y no tengan contacto con la red local. ¿hasta dónde está mal? No lo sé, personalmente por las dudas no lo hago, pero no tengo claro por qué está mal. No hablo de las aglomeraciones, de no usar tapaboca, de usar el transporte público sin las medidas solicitadas o de tener contacto social con personas de otras localidades. Me refiero a situaciones que han sido fruto de juicio público y que siguen siendo polémicas porque no hay una respuesta clara y convincente de por qué está mal, aunque se tomen todas las medidas de distanciamiento social e higiene indicadas por las autoridades.
Como la mayoría de los uruguayos no soy infectóloga, ni médica, ni tampoco autoridad sanitaria o política para saber con exactitud hasta dónde se puede ir o no. Pero se vuelve necesario entenderlo para usar el criterio propio en todo aquello que no está explícitamente reglamentado y poder hacer un uso responsable de nuestra libertad. No basta con el linchamiento público y no hacerlo por las dudas. Es necesario que las autoridades eduquen en la nueva normalidad, expliquen con claridad y no estar guiándonos por suposiciones u olas de opinión muchas veces irracionales y extremistas. Es necesario educar y entender para ser responsables y sobrevivir en el intento.
Ya vamos más de 7 semanas de pandemia y estamos entrando en la nueva normalidad. Los espacios de libertad se están abriendo y ya es hora de dejar de ser demonios por ignorancia o ángeles sin entenderlo.