El misterio del liderazgo iraní

Son muchas las señales de que la Casa Blanca está baldía de lucidez para conducir un conflicto. Lo confirma la advertencia que Trump hizo hace siete meses y lo que dijo ahora sobre Mojtaba Jamenei.

No está claro que el líder supremo de Irán haya sobrevivido a los ataques que lo tuvieron como blanco. Tampoco que, aun estando con vida, esté en condiciones de liderar su país. Lo único claro es que la versión de que Mojtaba vive y lidera es lo que le conviene al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) que crean los iraníes y el mundo.

Desde la guerra contra el Irak de Saddam Hussein, Mojtaba tiene fuertes lazos con quienes hoy comandan el brazo militar más fanático del régimen. Por eso el CGRI lo consideraba su mayor aliado en el entorno familiar del ayatola Alí Jamenei. La otra razón para declararlo vivo y liderando sin dar pruebas de vida, es la funcionalidad para esa facción del régimen de tener un líder que, en realidad, está muerto o imposibilitado de liderar.

De ese modo, el CGRI puede hacerle decir lo que le plazca, imponiendo la totalidad de lo que pretende a las otras facciones de la teocracia persa. Vivo y liderando, pero también muerto o imposibilitado para ejercer el mando, Mojtaba Jamenei es su mejor carta de poder.

Frente a esa realidad, si algo debe hacer el principal enemigo externo, es poner en duda que el líder supremo viva o esté en condiciones de liderar. Más aún: la Casa Blanca debería mostrar certeza de lo contrario.

Donald Trump no cree que Mojtaba esté muerto. Dice creer que resultó gravemente herido en el bombardeo del 28 de febrero, pero sobrevivió.

Por negligencia da la misma versión del régimen iraní, recientemente explicitada por un miembro de la Asamblea de Expertos. Según dijo Mohsen Heidari, el hijo de Alí Jamenei sobrevivió al bombardeo en el que murió su padre.

Fue trasladado a un hospital de Teherán gravemente herido; también ese centro médico fue bombardeado y destruido. Pero fue rescatado con vida entre los escombros de ese nosocomio.

La explicación del miembro de la Asamblea de Expertos sobre la elección del nuevo líder supremo, como también lo dicta el sentido común en el análisis político, deja abierta la posibilidad de que Trump haya sido un factor decisivo en la elección de Mojtaba como nuevo líder supremo.

Ocurre que, días después del 28 de febrero, Trump lanzó un mensaje amenazante al liderazgo iraní para que no lo elijan como sucesor. Según Heidari, la Asamblea de Expertos tomó su decisión bajo el influjo de la exigencia norteamericana de no elegir al hijo del líder abatido, por ser un estrecho aliado del CGRI. Esto parece confirmar que fue una inmensa negligencia de Trump la que produjo el asenso de Mojtaba al cargo que había ocupado su padre. Los clérigos chiitas no podían aparecer ante los iraníes y el mundo como cumpliendo una orden de Washington. Por lo tanto, al exigir que no lo eligieran, fue el propio Trump quien puso a Moqtada donde debía situarse para ser elegido.

Por carecer de sentido autocrítico y estar rodeado de obsecuentes, el jefe de la Casa Blanca jamás cayó en cuenta de que fue precisamente él quien contribuyó a la elección de Mojtaba, al intentar vetarlo.

Esgrimiendo la advertencia del líder enemigo, el CGRI presionó a la Asamblea de Expertos para que elija a su favorito. Eso se desprende no sólo del sentido común político, sino de lo explicado por Mohsen Heidari, un notorio integrante del órgano de clérigos que elige al líder supremo.

Al cumplirse siete meses del ataque, Moqtada volvió a pronunciarse a través de un mensaje escrito y leído en medios públicos. En esas líneas vuelve a verse el sesgo intransigente y belicoso del CGRI. Poco después, Trump reiteró no creer que Mojtaba “esté muerto”. Y eso es exactamente lo que no debía decir. Es probable que Mojtaba Jamenei muriera en los bombardeos. Eso explicaría que no haya dado ninguna prueba de vida.

Ante la falta de pruebas de que esté vivo y gobernando, sus enemigos deberían poner en duda lo que afirma el régimen. Subrayar lo inverosímil de la versión oficial.

En síntesis, poner al régimen bajo sospecha de engañar a su propio pueblo y al mundo hasta que pruebe lo contrario.

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