Cruje el agrietado mapa británico

No se reunieron en carácter de gobernantes de Gales, Escocia e Irlanda del Norte, sino como líderes del Play Cymru, el Partido Nacionalista Escocés y el Sinn Fein, los partidos que están gobernando esos Estados que, junto a Inglaterra, integran Gran Bretaña. Como fuere, el hecho de que se hayan reunido Rhun ap Iorwerth, John Swinney y Michelle O’Neill a tratar la posibilidad de independizarse es el crujido más atronador que ha tenido el agrietado mapa británico en siglos.

Por primera vez sobrevuela el archipiélago la posibilidad de una súbita desintegración. O sea, el fin del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Una posibilidad que entusiasma al jefe de la Casa y al líder del Kremlin, además de ser funcional al deseo argentino de recuperar Malvinas. Donald Trump acaba de decir en Dublin que “la reunificación de Irlanda sería un acontecimiento fantástico”, lo que cayó como una bomba en Westminster. Una más.

En su primer mandato, Trump actuó a favor del Brexit. La razón era la funcionalidad a la geopolítica de Vladimir Putin y los lazos ideológicos del magnate neoyorquino con Nigel Farage, el líder extrema derecha e ideólogo del Brexit, y con el ala dura del partido tory. Ahora, su accionar está empujado por la furia que le causó la negativa europea a apoyar su guerra contra Irán, que incluyó la negativa de Londres a autorizar el uso de las bases norteamericanas en territorios británicos.

El clima creado por Trump se sumó a las tensiones que sacuden al Reino Unido desde la salida de la Unión Europea. Galeses, escoceses y norirlandeses son partidarios de regresar a la UE, deseo dominante pero más tenue en Inglaterra. A eso se suma que los partidos nacionalistas son los que gobiernan Gales, Escocia y el Ulster. Esas fuerzas políticas acordaron generar el encuentro entre los jefes de gobierno de esas tres partes del Reino Unido en el que acordaron avanzar hacia su disolución.

En Cardiff, la capital galesa, el jefe del gobierno local y sus pares de Escocia y de Irlanda del Norte acordaron ayer coordinar la autodeterminación que abriría el camino a la secesión. Si eso ocurre, habrá dejado de existir el Estado británico. El objetivo de máxima que se ha propuesto Trump y el mayor deseo de Putin.

Aún no actuando como gobernantes sino en calidad de líderes de sus partidos, el paso que dieron Iorwerth, Swinney y O’Neill ayer hace crujir, por primera vez en su historia, la estructura del Estado cuya bandera es la Unión Jack.

Quizá la peor noticia para Londres es la participación de Gales en esta iniciativa rupturista, dado que ese territorio se sumó a Inglaterra en el siglo XVI. El acercamiento con Escocia comenzó en 1603, cuando Londres y Edimburgo acordaron la Unión de las Coronas, con un rey para ambos reinos que, en el siglo XVIII, crearon Gran Bretaña firmando el Acta de Unión de 1707.

Irlanda se separó del Reino en 1922, convirtiéndose en república, pero los seis condados norirlandeses con mayoría protestante no quisieron quedar dentro de un Estado católico y permanecieron en el Reino Unido. Desde entonces, Reino Unido ha estado conformado por ingleses, galeses, escoceses y norirlandeses. Y eso podría llegar a su fin.

El encuentro en Cardiff seguramente alegró a Trump y entusiasmó a Puntin. Trump aprovecha todo aquello que perjudique a Londres mientras que, para el jefe del Kremlin y su geopolítica apuntada a debilitar Europa para ponerla a la sombra de Moscú, la disolución del Reino Unido sería un logro aún mayor que el Brexit.

Como perder las islas del Atlántico Sur también debilitaría a Londres, el presidente norteamericano seguirá dando pasos en esa dirección, al menos mientras el gobierno británico esté en manos del centroizquierdista Partido Laborista.

En ese sentido fue la frase de Trump que reforzó la expectativa argentina, al advertir sobre el riesgo de una guerra catastrófica para ambas partes. Esta es la parte de la furia contra Londres que da a la Argentina una chance de recuperar Malvinas.

¿Encontraste un error?

Reportar
Te puede interesar