Hay una cuadratura de círculo que Lula no pudo resolver y difícilmente pueda Flavio Bolsonaro si logra ganar también el ballotage: tener equilibrio fiscal sin perder el equilibrio social.
El líder del PT logró una macroeconomía bastante ordenada, aunque el equilibrio fiscal se dio de manera intermitente. Pero el precio de intentar controlarlo debilitó su base de apoyo en la sociedad. Como explica el politólogo argentino Andrés Malamud, “el equilibro fiscal con desequilibrio social corre el riesgo de ser rechazado en las urnas”. Lo probó esta derrota de Lula, pero una presidencia de Flavio podría probar otra realidad: el equilibrio fiscal con desequilibrio social puede romper el equilibrio democrático.
¿Por qué Bolsonaro, con menos capacidad, trayectoria y experiencia que Lula, pudo vencerlo este domingo? Las claves de este resultado se encuentran en las redes sociales, la religión, la seguridad y la economía.
Las redes cambiaron totalmente el lenguaje de la comunicación política y, en ese escenario, Flavio juega de local mientras que el líder del PT va a tientas. En la dimensión de las redes sociales se diluyen las ventajas que Lula tiene sobre su oponente, porque allí el mensaje breve y efectista se impone sobre el discurso medular y la argumentación sustanciosa.
La derecha radicalizada es joven y se mueve en las redes como pez en el agua, por eso logró quedarse con la bandera de la lucha contra la inseguridad. Los gobiernos del PT no son de mano blanda con la delincuencia, pero la seguridad no aparece en su discurso, o lo hace sin convicción; mientras que en el discurso del conservadurismo duro el tema es protagónico y se transmite de manera eficaz.
La religión fue uno de los músculos del bolsonarismo. Flavio es evangélico y Lula es católico. El joven derechista cometió un error al decir que sacaría del Planalto la efigie de la virgen de Aparecida, patrona de Brasil. El presidente lo explotó levantando con las dos manos una efigie de la virgen en sus actos posteriores. Pero las iglesias pentecostales y neo-pentecostales penetran profundamente el bastión social del líder del PT: las clases pobres.
Los evangélicos han crecido fuertemente en Brasil, que siempre tuvo la mayor cantidad de católicos entre los países el mundo. Del 5% que eran en la década del 70, pasaron a rondar el 35 por ciento en la actualidad. Los católicos son mayoría, pero los pastores evangélicos hacen mucho más activismo político que los sacerdotes católicos. Las iglesias neo-pentecostales penetraron en profundidad el bastión social de Lula, quitándole muchos votos entre los más pobres.
La economía es otro talón de Aquiles del presidente. Su fragilidad en esa área tiene puntos en común con los gobiernos de Joe Biden y de Javier Milei. Biden logró crecimiento económico y puso la inflación bajo control, pero los precios quedaron altos y las clases medias lo sintieron en los bolsillos.
Lula tiene, como Biden y Milei, la inflación bajo control pero con los precios altos. En las clases medias y bajas de Brasil, las familias se endeudan, como en Argentina. Y esas deudas son una carga angustiante.
Flavio picó en punta. A Lula, el ballotage le quedó cuesta arriba. En Brasil, la regla es que hay dos rondas de votación (con la excepción de Fernando Henrique Cardoso, que ganó en primera vuelta) a la segunda vuelta la ganan los que ganaron la primera.
¿Puede Lula romper la regla? Si la diferencia a favor de Flavio hubiese sido de cuatro puntos o más, su derrota sería inexorable. Pero la diferencia quedó en dos puntos y la pregunta es: ¿cuál de los candidatos llegó a su techo y a cual le quedó un margen de crecimiento?
Ambos tienen margen. Flavio, absorbiendo los votos que se repartieron entre los otros candidatos y Lula logrando que vayan a votar los muchos que a los encuestadores les dijeron que lo votarían a él pero a los que les faltó entusiasmo para ir al centro de votación, hacer las largas colas y depositar en la urna la papeleta del líder del PT.
Lo que falta es ver si ese margen que le queda a Lula le alcanza para dar vuelta el resultado.
De momento, Flavio picó en punto y a Lula el segundo tramo le quedó cuesta arriba.