El economista Matías Brum afirmó que las políticas comerciales del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tuvieron una incidencia indirecta en la caída de la pobreza infantil en Uruguay, a través de la baja del dólar y su efecto sobre la inflación.
“Trump tiene un 10%, 15% de responsabilidad de lo que podría haber pasado con la pobreza infantil en Uruguay, por más que suene como extremadamente delirante”, dijo este miércoles en entrevista con el programa de streaming de El País, En Clave.
Brum, doctor en Economía y docente de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA) se refirió a los datos divulgados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que mostraron una reducción de la pobreza 2,9 puntos porcentuales en el primer semestre de 2026 respecto al mismo período de 2025 y de 1,8 puntos porcentuales frente al promedio del año 2025.
La pobreza en Uruguay alcanzaba en el primer semestre de 2026 al 11,6% de los hogares y al 14,8%, frente al 13,9% y al 17,7% respectivamente del primer semestre de 2025. Esos hogares y personas no superan el ingreso mínimo necesario para cubrir las necesidades básicas alimentarias y no alimentarias. En 2025 había entonces 578.665 uruguayos pobres.
El economista sostuvo que la reducción de la pobreza es estadísticamente significativa. Según explicó, hay unas 95.000 personas menos por debajo de la línea de pobreza en comparación con el primer semestre de 2025.
Brum señaló que en los últimos años se habían registrado descensos de la pobreza que, por su magnitud, se encontraban dentro del margen de error de la medición. En esos casos, las variaciones no permitían afirmar con suficiente certeza que el indicador hubiera disminuido. En cambio, manifestó que la caída de casi tres puntos porcentuales registrada ahora “está fuera de margen”.
En relación a las causas de la caída de la pobreza registrada en el primer semestre, Brum afirmó que el principal factor fue el aumento de los ingresos laborales, que “explica aproximadamente dos tercios de la caída”. Según indicó, los ingresos crecieron especialmente entre las personas ubicadas en los tramos más bajos de la distribución.
“Salieron un poco todos” dijo al analizar quiénes salieron de la pobreza y explicó que la mejora no se concentró exclusivamente en quienes estaban más cerca de la línea de pobreza, sino que alcanzó a personas ubicadas en distintos niveles de ingreso.
El tercio restante de la caída corresponde a otros ingresos, entre los que mencionó el aumento del Bono Crianza que da el Ministerio de Desarrollo Socia (Mides) y de las jubilaciones más bajas. No obstante, según sus estimaciones, esas medidas podrían explicar “solo entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales” de la reducción de la pobreza.
En materia salarial, señaló que la ronda de Consejos de Salarios priorizó incrementos para los trabajadores de menores ingresos, en particular para quienes percibían salarios inferiores a $ 30.000 o $ 35.000. En ese sentido, adjudicó el logro a “una responsabilidad compartida” entre el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) y los demás actores de la negociación colectiva.
Sin embargo, sostuvo que también incidió que la inflación fue menor a la esperada y dijo que eso “no estaba previsto y sorprendió”. Según explicó, eso hizo que los aumentos salariales acordados en la negociación colectiva tuvieran un efecto mayor sobre el poder adquisitivo de los trabajadores.
En relación al “shock desinflacionario”, el economista también atribuyó responsabilidad al Banco Central del Uruguay (BCU). Según señaló, cuando la autoridad monetaria observó que la inflación bajaba, en parte por la caída del dólar, adoptó medidas para consolidar esa reducción. “El BCU se afianzó, se paró en los pedales y tomó medidas y políticas para aprovechar eso y consolidar una caída de la inflación”, indicó.
El efecto de Trump y la baja del dólar
El economista vinculó una parte de la caída del dólar con factores internacionales, entre ellos las políticas comerciales y los aranceles impulsados por Trump. Esa evolución incidió en la inflación y, por esa vía, en el poder de compra de los ingresos.
“Hay una parte de la caída de la pobreza que fue shock desinflacionario, que fue que los precios subieron menos de lo que se esperaba que subieran”, explicó.
Brum señaló que la responsabilidad por la reducción de la pobreza no puede atribuirse exclusivamente a una decisión del gobierno uruguayo ni a un único factor internacional. En su explicación, la evolución del dólar, las decisiones del BCU para consolidar la baja de la inflación y los aumentos salariales negociados contribuyeron a mejorar los ingresos reales.
También indicó que la caída del dólar se registró en varios países de la región, pero no en todos tuvo el mismo efecto sobre la inflación. Del mismo modo, la disminución de los precios no siempre se tradujo en un incremento de los ingresos reales. Por eso, distinguió entre el contexto internacional y las decisiones de política económica y salarial adoptadas en Uruguay.
Brum señaló que el efecto de la “sorpresa desinflacionaria difícilmente” se repita con la misma intensidad. Explicó que los actores económicos ya conocen el nuevo nivel de inflación y que los próximos aumentos salariales se negociarán en un contexto distinto.
Recordó que la inflación había pasado de alrededor de 6% a 4% y señaló que, con presiones inflacionarias nuevamente presentes y el BCU subiendo la tasa de interés, espera que los próximos incrementos de ingresos convivan con una inflación más cercana al objetivo de la autoridad monetaria, de 4,5%.
Además, mencionó que algunas mesas de negociación salarial incorporaron mecanismos de ajuste que pueden operar a la baja cuando los aumentos de los ingresos superan determinados parámetros. Por ese motivo, consideró que el efecto de los incrementos salariales sobre la pobreza podría moderarse de acá en adelante.
Brum advirtió que estar por encima de la línea de pobreza no significa necesariamente que un hogar haya dejado de enfrentar dificultades económicas o carencias. Como ejemplo, señaló que en Montevideo una persona sola que alquila necesita ingresos superiores a $ 25.195 para ubicarse por encima de ese umbral.
“Una persona que gane $ 26.000 está por encima de la línea de la pobreza, pero igual puede ser considerada pobre en términos populares”, afirmó. Según explicó, la medición por ingresos establece un límite para determinar si los recursos de un hogar alcanzan para cubrir una canasta de consumo, pero no contempla todas las dimensiones de sus condiciones de vida.
La pobreza infantil cayó más que el promedio
Uno de los datos “sorpresivos” que destacó Brum fue la reducción de la pobreza entre niños y adolescentes, que superó la caída general del indicador. Mientras la pobreza total disminuyó 2,9 puntos porcentuales, entre los menores de seis años la caída fue de 7,5 puntos y entre los menores de 18 años, de 5,5 puntos.
Según explicó, la reducción fue mayor en los hogares con más integrantes. En particular, señaló que el descenso no se concentró únicamente en hogares monoparentales, sino también en familias con varios hijos.
El economista vinculó ese resultado con la evolución del mercado laboral y el aumento de la cantidad de personas ocupadas. Indicó que, en algunos hogares, más de un integrante comenzó a aportar ingresos, lo que mejoró los recursos disponibles para cubrir las necesidades familiares.
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