La expansión global de la inteligencia artificial y la computación en la nube impulsa un fuerte crecimiento del consumo eléctrico. En Estados Unidos explicarán casi la mitad del aumento hacia 2030 y en Uruguay un solo proyecto podría representar 4,5% de la demanda anual.
La irrupción de la inteligencia artificial, la computación en la nube y los servicios digitales está redefiniendo el mapa energético global. Según el informe Electricity 2026 de la Agencia Internacional de Energía (AIE), analizado por SEG Ingeniería en su última edición de Indicadores Energéticos (Enero 2026), los centros de datos se consolidan como uno de los motores centrales del nuevo ciclo de crecimiento eléctrico.
La dinámica ya se refleja en el debate sectorial norteamericano. En sistemas como ERCOT (Texas), el crecimiento de los data centers (centros de datos) está impulsando esquemas de generación dedicada y soluciones behind-the-meter, es decir, plantas instaladas directamente en las instalaciones del consumidor para evitar congestiones en la red.
Aunque la escala regional es menor, Sudamérica no queda al margen. El informe destaca que Uruguay ya cuenta con centros de datos operativos y que se encuentra en construcción un proyecto de gran porte por parte de Google en Canelones.
De acuerdo con el documento técnico presentado al Poder Ejecutivo, el consumo máximo anual requerido para su operación a plena capacidad alcanzaría hasta 560 GWh por año, lo que equivale a aproximadamente 4,5% de la demanda eléctrica total registrada en Uruguay en 2025.
En el informe destacaron que para un sistema eléctrico del tamaño uruguayo, la incorporación de una carga de ese volumen implica desafíos relevantes en materia de planificación, capacidad de transporte y confiabilidad del suministro. A diferencia de otros sectores, los centros de datos demandan energía de forma continua, con alta estabilidad y estándares estrictos de calidad.
También resaltaron que Uruguay parte de una matriz eléctrica con 99% de fuentes renovables y un factor de emisiones cercano a 6 g CO₂/kWh en 2024, lo que posiciona al país como destino atractivo para inversiones tecnológicas con estándares ambientales exigentes.