Entrevista a Itaú: la "perenne estabilidad de Uruguay que se mira con buenos ojos" y el "viento de cola" que se espera

El economista Jefe para la región del banco Itaú, Andrés Pérez, trabajó en el Ministerio de Hacienda de Chile, en el Banco Central de Chile, en el Banco Mundial y en la Reserva Federal de EE.UU.

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Andrés Pérez, Itaú.
Leonardo Mainé.

El economista Jefe para América Latina del banco Itaú, Andrés Pérez, hizo una visita a Uruguay para dar una exposición sobre la conyuntura actual. Sin dejar de reconocer los shocks externos, valoró que la región resiste y proyectó un panorama más alentador a mediano plazo, considerando los recursos naturales de algunos países. En cuanto al hidrógeno verde —un tema recurrente en la agenda pública uruguaya—, afirmó que, últimamente, las inversiones en este sector se están ralentizando en todo el mundo. Por otro lado, valoró positivamente que Uruguay avance con una agenda de mejorar la competitividad y reducir costos, así como que emprenda el camino de la nominalización de la economía. A continuación, un extracto de la entrevista:

—¿Cómo ve el contexto mundial y regional?

—A pesar de la incertidumbre, la economía global sigue creciendo a un ritmo bastante razonable, algo por encima de 3%. Estados Unidos crece algo más del 2% y China este año debería crecer en torno al 4,7%. Llama la atención porque si uno mira los titulares de la prensa, pareciera que hubiese un impacto mayor de los choques sobre la actividad económica, pero el mundo los ha logrado navegar, todavía creciendo a tasas no muy distintas a las del año anterior. Podemos decir que el impacto arancelario global fue limitado por tasas efectivas menores por negociaciones y debido a la absorción de costos por las empresas, aunque aún falta evidencia. Hoy, la principal fuente de incertidumbre en el escenario externo sigue siendo el conflicto en Medio Oriente, con lo cual actualmente prevemos que los precios internacionales del petróleo debieran estabilizarse en niveles por encima de donde se observaban en el pasado mes de marzo. Tenemos una proyección en Itaú de que este año el barril de petróleo Brent termina en el entorno a los US$ 80. Hay otras incertidumbres que provienen, por ejemplo, de Estados Unidos, donde hay una importante elección de medio término del 3 de noviembre, y de ello también se desprenden distintos desafíos en las finanzas públicas en ese país. Las encuestas indican que la Cámara de Representantes pasaría a control demócrata, en cuyo caso la agenda de política económica podría transitar desde el ámbito legislativo al ámbito Ejecutivo y estimamos que estará muy concentrada en los arancelarios. Si llegamos a la región, hay varias miradas. Por el lado de la actividad económica y la inflación, la región está conviviendo con tres choques simultáneos: los efectos del alza del precio internacional del petróleo; los aún inciertos efectos del fenómeno climático del Niño; y la incertidumbre sobre lo que va a hacer el Banco Central de Estados Unidos, que es el que pone la música en el concierto financiero internacional.

—¿Cómo están viendo esos impactos en la región?

—Hay algunas economías en las que proyectamos una aceleración en la actividad, en particular las del Pacífico, por ejemplo Perú y Chile, por choques favorables en términos de intercambio comercial. Tanto Chile como Perú exportan metales, y se espera una importante demanda por minerales críticos en los años venideros. Eso viene por la demanda de inteligencia artificial, la transición energética y por el mayor gasto en defensa. Eso será un importante apoyo para la perspectiva económica de mediano plazo en esas economías. En otras economías de la región hay una desaceleración que ya es notoria.

—¿Qué proyecciones hace del Cono Sur?

—En el caso de Argentina, hay expectativas de una desaceleración de la actividad económica este año, y para 2027 habrá una economía en dos velocidades: el sector de petróleo y gas, que ha recibido importante inversión, tiene una importante perspectiva de generación de ganancias, y hay otros sectores con mayor incertidumbre. Tenemos una proyección de crecimiento económico de Argentina en 2,8% del Producto Interno Bruto (PIB) para este año y de 2,5% para 2027. En el caso de Brasil, la economía ha tenido una desaceleración algo más pronunciada de lo que se creía. Mirando por el retrovisor, los datos de ese país han sido algo más débiles y eso nos llevó a revisar la proyección del crecimiento del PIB en 1,9% este año y 1,5% el próximo. Hay discusiones bien amplias sobre cuál es el potencial de la economía brasileña, donde el sector agro ha tenido un desempeño mejor al esperado y dudas sobre los efectos rezagados positivos de las reformas que se han hecho en el mercado del trabajo, que habrían elevado el potencial de dicha economía. Uruguay, así como varias economías de la región, tiene una proyección de crecimiento a la baja, porque hay una combinación de una desaceleración cíclica y su economía está sorteando los efectos de fenómenos climáticos, la sequía. Para este año, la proyección de crecimiento de Uruguay está en el entorno del 1,2%. El principal logro, desde el punto de vista macro, es bajar la inflación en un momento en el que el tipo de cambio se ha mantenido con buen desempeño, a pesar de tener diferenciales de tasas acotadas con Estados Unidos. Así como destaca la última emisión de deuda, los inversionistas extranjeros siguen destacando la perenne estabilidad institucional que tiene el país. Se mira con buenos ojos no solo Uruguay sino la región, porque estamos lejos de los principales ejes de conflictos del mundo y un renovado interés por parte de Estados Unidos de invertir en varios sectores en la región.

—¿Para Uruguay también proyectan más inversión estadounidense?

—En general, los inversionistas identifican una región y van a sus principales economías pero también se diversifican en otros países. Hay que ver cómo se decanta la inversión que se preveía en torno al hidrógeno verde que ha perdido algo de momentum, mientras se ven más inversiones en el cobre. Sé que la inversión en el hidrógeno verde es importante en el escenario local.

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Andrés Pérez, Banco Itaú.
Leonardo Mainé.

—Se está discutiendo mucho localmente sobre la inversión de HIF en Uruguay, ¿qué reflexión le merece?

—Lo que puedo decir es que las perspectivas de inversión en hidrógeno verde se han ido relantizando o postergando en distintas economías. Puede ser que ello obedezca a los costos del financiamiento, por el alza en las tasas de Estados Unidos a plazos largos. La tasa ha venido oscilando en torno al 4,7%. En cambio, cuando no hay cambios importantes en la perspectiva de los costos de financiamiento, las perspectivas de inversión de distintos sectores mejoran.

—¿Cuáles son los riesgos que ven en Uruguay?

—Están los choques climáticos que pegan con más intensidad en ciertos sectores, pero creo que es importante mantener el foco sobre el crecimiento económico en un sentido amplio. En distintas economías de la región, eso se ha logrado a través de un foco mayor en productividad y en reducir el costo del capital. Eso eleva las tasas de crecimiento potencial, sobre todo en un momento en el que es muy probable, repito, que las tasas de interés de largo plazo en el mundo estén por encima de lo que se preveía.

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Andrés Pérez del Banco Itaú en su visita a Montevideo.
Leonardo Mainé.

—¿Qué opina de la Ley de Competitividad que propone el Ministerio de Economía de Uruguay y los cambios que impulsa el Banco Central de este país, que busca independencia jurídica y ha puesto al Banco Central de Chile, donde usted trabajó, como referencia en muchos aspectos?

—El mercado, en un sentido amplio, evalúa con buenos ojos las medidas que buscan elevar la competitividad y la productividad. Hay que recordar que varias economías de la región están impulsando este tipo de medidas, como Chile, o la nueva administración en Perú, con la presidenta Keiko Fujimori, que también está implementando medidas que favorecen la productividad. Si otras economías están avanzando en esa línea, es aún más importante que se hagan también en Uruguay. Lo vemos como un paso en la dirección correcta. En términos de la institucionalidad del Banco Central, hay varios “pergaminos” (prestigio) y logros que se tienen que destacar, como un importante descenso en la inflación, tanto efectiva como en sus expectativas, y en el marco de comunicación, hay importantes avances en el informe de política monetaria, que son clave. También hay ciertos avances en la nominalización de la economía, que son procesos que tardan bastante tiempo según las mismas experiencias que se ven en Chile o en Perú.

"En unos años, vamos a tener viento de cola"

Hablábamos recién del caso chileno, ¿cómo ha sido la experiencia de ese país con el proceso de nominalización de la economía y por qué no ha prosperado como se esperaba?

— Hay que mirar eso desde varios ángulos, porque, por un lado, la economía se beneficia con ese proceso de tener mayores colocaciones de crédito en moneda local, pero también es entendible que, a la luz de mayor incertidumbre local que tuvimos después de la crisis social y los procesos constituyentes, la mayor demanda por activos denominados en dólares que hubo. Entonces, desde un desde cierto punto de vista, uno podría decir que Chile ha retrocedido en el largo proceso de nominalización de la economía, en los últimos años. Ahora, lo importante es que ese proceso ha sido convergiendo con las naturales demandas que tienen los oferentes y los demandantes de crédito en la economía.

—¿Qué piensa del impacto del acuerdo Mercosur-Unión Europea en las economías de los miembros de este bloque?

—En un momento en el que se están gestionando los costos y beneficios del libre comercio, creo que avanzar en acuerdo de ese tipo es un paso en la dirección correcta para aquellos que aún estamos convencidos en que hay ganancias netas en el libre comercio. Los Tratados de Libre Comercio (TLC), por ejemplo de Chile con otras economías, muestran ganancias en productividad y de integración comercial, pero se ven en el tiempo. Primero, es tener el acuerdo, pero después se tienen que crear esos lazos comerciales entre los actores privados. Reducir los costos de intermediación es clave para favorecer las inversiones, y creo que Uruguay tiene bastante para beneficiarse en el tiempo con el acuerdo con la Unión Europea (UE). Hasta hace poco tiempo, Chile no exportaba cerezas y sin embargo, hoy en día exportamos cerca de US$ 2.000 millones en cerezas todos los años, principalmente a China. También estamos exportando avellanas. Son industrias que antes no existían y ahora se están beneficiando de mercados que son bastante más grandes que lo que puede absorber el mercado local. Pero esos beneficios vienen en el tiempo; por eso es importante aterrizar las expectativas.

—¿Qué perspectivas adicionales tiene para la región?

—Hay varios motivos como para ser optimistas con la perspectiva de mediano plazo de la región, más allá de las fluctuaciones o debilidades que algunas economías pueden tener. Hace bastante tiempo que los economistas se preguntan cuándo vamos a crecer. Yo creo que ahora hay varios factores que sugieren que, en el mediano plazo, en unos tres o cuatro años, vamos a tener "viento de cola". Va a depender de nosotros mismos asegurarnos de aprovechar ese potencial al máximo. Tenemos recursos, estamos lejos de los conflictos del mundo. Si hubiésemos tenido estos choques externos en la década de los años ´80 o ‘90, deberíamos haber tenido serios problemas macroeconómicos, pero la economía ha andado bastante bien. No nos olvidemos de eso, el norte es bien favorable.

"La institucionalidad de la Fed va más allá de una persona"

—¿Usted que trabajó en organismos internacionales, ¿cómo ve la pugna entre el proteccionismo y el multilateralismo?

—Este cuestionamiento viene con más intensidad desde el Brexit hace unos 10 años, que fue la primera señal más concreta de este fenómeno. Desde el punto de vista de una economía pequeña, abierta y financieramente integrada, como es el caso de Uruguay y el de Chile, se reafirma la importancia de establecer lazos comerciales con el mundo en su conjunto. Hay interés en asegurar las reglas del juego con un set amplio de economías. En Chile nos sorprendió que (EE.UU.) haya establecido primero un arancel de 10% y ahora lo subió a 12,5%, a pesar de tener un tratado de libre comercio vigente. Entonces, lo importante es diversificar, pero también reconocer el cuestionamiento amplio de los costos y de beneficios de la globalización. Hay que hacer acuerdos con otras economías, diversificar y reforzar la institucionalidad.

—Hay muchos cuestionamientos a la Organización Mundial del Comercio (OMC) que no ha podido frenar las violaciones a las reglas internacionales de comercio. ¿Hasta qué punto siguen siendo útiles esas instituciones ante arbitrariedades?

—Nadie es perfecto, pero, efectivamente, hay espacio para seguir mejorando la institucionalidad de la infraestructura internacional, tanto comercial como financiera.

— El Banco Mundial, donde usted trabajó, ¿qué podría mejorar?

—Yo creo que en el Banco Mundial hay espacio para aumentar la inversión en infraestructura y en mecanismos de infraestructura pública con financiamiento privado. El Banco Mundial puede participar de manera más activa no solamente en América Latina, sino en el mundo emergente en su conjunto. Me parece que el reciente cuestionamiento sobre las finanzas verdes es algo transitorio, y sería lamentable que decidieran dejar de lado los instrumentos de financiamiento en esa línea.

— La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) cambió su presidente y ahora, con Kevin Warsh al frente, existen dudas sobre la autonomía de la institución en relación al gobierno de EE.UU. ¿Qué proyecciones hace al respecto, usted que ha vivido el funcionamiento de la Fed?

—Sí, trabajé en la Reserva Federal de Nueva York. La institucionalidad de la Fed va bastante más allá de una persona, independiente de que esa persona sea el chairman. En el corto plazo, lo más probable es que el cambio implique más volatilidad en las tasas, porque el mercado va a tener que aprender a convivir con menos comunicación por parte del chairman; bastante de eso ya se observa en las tasas de mercado, pero, de nuevo, me gustaría transmitir que la institución es bastante más que solamente una persona, no es el único que vota. Son muchos consejeros que votan y, al final del día, si él no quiere hablar, ellos lo van a hacer. Esta no es la misma Fed de (Alan) Greenspan; ahora todos los consejeros hablan. Entonces, ellos van a poder hacer política monetaria comunicando los escenarios más probables.

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