LA PANDEMIA DEL CORONAVIRUS

Tensión por la vacuna contra el COVID-19: EE.UU. acusa a hackers chinos de intento de robo

A la denuncia británica contra hackers rusos de estar detrás de los secretos sobre la vacuna, le siguió la estadounidense contra los chinos.

Mike Pompeo y Boris Johnson. Foto: AFP
El secretario de Estado, Mike Pompeo, ayer con el primer ministro Boris Johnson. Foto: AFP

El desarrollo de una vacuna contra el COVID-19 se ha sumado a la lista de los temas por los cuales Estados Unidos y China han desatado una nueva “guerra fría”, pero ayer martes por primera vez el Departamento de Justicia norteamericano acusó formalmente a dos hackers chinos de intentar robar información a los laboratorios que trabajan en una cura a la pandemia.

Los piratas informáticos acusados se llaman Li Xiaoyu, de 34 años, y Dong Jiazhi, de 33, y también se los vincula al robo de información militar. Según el asistente del fiscal general para la Seguridad Nacional del Departamento de Justicia, John Demers, en algunas ocasiones actuaron “para su propio beneficio personal” pero en otras lo hicieron en apoyo al Ministerio de Seguridad Estatal chino, una de las agencias de inteligencia más misteriosas del mundo y que, en Estados Unidos, equivaldría a la CIA.

Se presume que los piratas informáticos se encuentran en China, fuera del alcance de la policía estadounidense ya que ambos países no tienen convenios de extradición.

Según la acusación, los dos piratas son culpables de “haber ingresado fraudulentamente a computadoras en todo el mundo y haber robado terabytes de datos”.

De acuerdo con los investigado por la justicia estadounidense, los piratas informáticos se conocieron durante sus estudios de ingeniería en China y juntos, a partir de 2009, robaron secretos comerciales estimados en varios cientos de millones de dólares. En su carrera criminal, los hackers atacaron al menos 13 empresas en Estados Unidos y a otras 12 compañías localizadas en once países: Estados Unidos, Australia, Bélgica, Alemania, Japón, Lituania, Países Bajos, Corea del Sur, España, Suecia y Reino Unido.

Los acusados atacaron organizaciones de todo tipo y robaron información sobre programas militares para proteger a satélites, sistemas láser de gran potencia y hasta un programa que buscaba mejorar la integración entre helicópteros y buques de asalto anfibio.

En Estados Unidos, también intentaron robar información a al menos cuatro empresas que se dedican a la investigación médica: una localizada en California, otra en Maryland y dos en el estado de Massachusetts.

Aunque no se menciona el nombre, una de las firmas afectadas en Massachusetts podría ser la biotecnológica Moderna, que está desarrollando una vacuna para el COVID-19.

El subdirector del FBI, David Bowdich, aseguró que habrá “graves consecuencias” para China si su Ministerio de Seguridad continúa con sus “tácticas cibernéticas maliciosas para robar lo que no pueden crear”.

Hackers, ciberseguridad, red
Foto: Shutterstock

El 13 de mayo, el FBI y otra agencia de Estados Unidos ya aseguraron en un informe que hackers chinos estaban atacando sus centros de investigación para robar información sobre las vacunas y los tratamientos para el coronavirus.

Estados Unidos presentó contra los dos hackers chinos 11 cargos, algunos que acarrean una pena máxima de hasta 20 años de prisión.

Esta denuncia de Estados Unidos a China de pretender robar información sobre la vacuna contra el COVID-19, se suma a otra que el Reino Unidos lanzó la semana pasada contra Rusia.

Las relaciones entre el Reino Unido y Rusia están mal desde el envenenamiento, en territorio británico, del exagente ruso Serguéi Skripal, en la ciudad de Salisbury, en marzo de 2018. Rusia negó toda implicación, pero el caso desembocó en una oleada de expulsiones cruzadas de diplomáticos entre Londres y sus aliados y Moscú.

Reflejo de estas tensiones, fueron las declaraciones del secretario de Estado, Mike Pompeo, durante su visita de ayer martes a Londres. Pompeo dijo que el mundo debería “comprender la amenaza que significa el Partido Comunista Chino”.

Pompeo llegó a mediodía al 10 Downing Street, donde apareció sin mascarilla, igual que Boris Johnson. Luego se sentaron sin embargo a más de un metro de distancia uno del otro. “La distancia social no significa una distancia política o diplomática”, bromeó Johnson.

La semana pasada el Reino Unido resolvió excluir al gigante chino de las telecomunicaciones Huawei del desarrollo de la tecnología 5G en suelo británico. Pompeo negó ayer que el gobierno de Donald Trump haya presionado al de Johnson para vetar a Huawei. “Esta decisión no fue tomada porque Estados Unidos diga que es buena, sino porque los dirigentes del Reino Unido la tomaron por el pueblo británico”, aseveró.

Lejos parece haber quedado aquella edad de oro que el exministro de Finanzas británico George Osborne prometió para las relaciones entre China y el Reino Unido, durante una visita a Pekín en 2015.

Influencia rusa, “la nueva normalidad”

Una comisión parlamentaria exhortó ayer martes al gobierno del Reino Unido a investigar posibles injerencias rusas en la política británica , en particular durante la campaña del referéndum sobre el Brexit de 2016. El informe, muy esperado desde hacía meses, fue redactado por la Comisión Parlamentaria de Inteligencia y Seguridad (ISC), y aunque no dio un veredicto preciso, criticó al gobierno por no haber investigado la cuestión.

Este informe de 55 páginas concluye que la influencia rusa en Reino Unido es la “nueva normalidad” y que esta situación fue “seriamente subestimada”. Sin embargo la comisión no logró aportar pruebas de las injerencias rusas, ni en la campaña del referéndum del Brexit ni en la del referéndum de independencia de Escocia de 2014, en el que el 55% de los electores votaron para mantenerse en el Reino Unido.

“Tendría que haber habido una evaluación de las interferencias rusas en el referéndum. Tiene que haber una y los resultados de esta evaluación tienen que darse a conocer al público”, declaró el diputado laborista Kevan Jones, miembro de la comisión.

Jones considera que el Reino Unido no evaluó las injerencias rusas en el referéndum sobre la salida de la Unión Europea, subrayando el “contraste sobrecogedor” con la respuesta estadounidenses a la misma cuestión con respecto las presidenciales de 2016. Poco antes de la presentación del informe, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que “Rusia nunca intervino en el proceso electoral de ningún país del mundo, ni en Estados Unidos, ni en Gran Bretaña, ni en ningún otro sitio”. La publicación del informe llega en un clima de tensiones entre Londres y Moscú.

Comienzan primeras pruebas en Brasil de la vacuna china contra el coronavirus
Francia realiza pruebas para vacuna contra el COVID-19. Foto: AFP

Las primeras dosis de la vacuna contra el nuevo coronavirus desarrollada por el laboratorio chino Sinovac empezaron a ser aplicadas ayer martes a un grupo de profesionales de la salud del Hospital de las Clínicas de San Pablo. “Hoy es un día histórico” porque “acabamos de asistir a la aplicación de la vacuna CoronaVac en el primer voluntario, una médica del Hospital de las Clínicas”, el mayor complejo hospitalario público de América Latina, dijo el gobernador de San Pablo, Joao Doria.

En una acción coordinada por el Instituto Butantan, el principal centro de referencia inmunológico de Brasil, y Sinovac, la vacuna comenzó a ser testada en 890 funcionarios del hospital, aunque la previsión es probarla en cerca de 9.000 profesionales de la salud.

El procedimiento incluye la aplicación de placebo a la mitad de los voluntarios.

La tercera fase del estudio, que es la última antes de su homologación, podrá concluirse en 90 días y, en caso de resultar efectiva, la fabricación de la vacuna en Brasil podría iniciarse a principios de 2021.

El Hospital de las Clínicas de la facultad de Medicina de la Universidad de San Pablo es el centro coordinador del estudio clínico, que será realizado progresivamente en otros 11 centros de seis estados brasileños.

Esta es la segunda vacuna que, estando en la tercera fase, está siendo testada en Brasil, donde la pandemia ya ha causado más de 80.000 decesos y 2,1 millones de contagios.

A mediados de junio empezaron los ensayos clínicos de la vacuna creada por la Universidad de Oxford, que será probada a un total de 5.000 brasileños.

Ayer martes, la agencia reguladora local Anvisa autorizó un tercer ensayo clínico para estudiar dos nuevos tipos de vacunas contra el coronavirus. Se trata de dos vacunas que están siendo desarrolladas por BioNTech y Pfizer y que pretenden ser probadas en 29.000 voluntarios alrededor del mundo, 5.000 de ellos en Brasil. (EFE)

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