Stale Wig, el antropólogo noruego que escribió sobre los cambios frustrados en Cuba: “Traición a la esperanza”

Luego de casi dos años de trabajar como taxista en La Habana, Stale Wig escribió Havana Taxi Cuba y los años de la ilusión. En diálogo con El País, habló de cómo la esperanza de un cambio quedó por ahora en el debe.

Stale Wig, antropólogo noruego
Stale Wig, antropólogo noruego

El antropólogo noruego Stale Wig (38) es autor de una tesis doctoral sobre las reformas económicas en Cuba, basada en casi dos años de trabajar como taxista en La Habana. El resultado de esa investigación es Havana Taxi Cuba y los años de la ilusión, libro que se presentó ayer martes en la Escuela de Negocios de la Universidad ORT.

En diálogo con El País, Wig relata el origen del libro, su llegada a la isla en pleno deshielo con Estados Unidos en la época de Barack Obama, y cómo la esperanza de un cambio quedó por ahora en el debe.

-¿Cómo surge la idea del libro?

-Yo nunca fui de esos jóvenes con un cartel del Che Guevara en mi cuarto. De hecho, no tenía mucha idea concreta de visitar a Cuba. Había ganado una beca para hacer un estudio antropológico en África del Sur. Pero, como tengo familia en México, fui a visitarla y una pareja mía de entonces me propone irnos a Cuba una semana en el 2014. Llego entonces a La Habana justo después del reinicio de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba.

El diálogo entre EEUU y Cuba es una conversación a tres: el papel de Miami
Una persona con una camiseta de la bandera de los Estados Unidos espera junto a un bicitaxi, en La Habana
Foto: EFE

-Era la época de Barack Obama.

-Exacto. Aterrizo en La Habana me doy cuenta muy pronto que no voy a realizar ningún estudio en África del Sur, que quería cambiar mi investigación para La Habana, porque no solo estaba en marcha ese acercamiento entre los dos países, sino también había reformas internas, la apertura hacia los negocios privados legales, la conexión al Internet, el pueblo tenía por primera un acceso amplio a Internet. Y también porque la generación histórica de la Revolución estaba falleciendo. Entonces regreso a mi universidad de Oslo y pido cambiar el estudio para hacer un trabajo de campo en Cuba. Una fundación en Noruega me da una beca para escribir un libro sobre el Cuba contemporáneo. Y así fue, una especie de experimento literario antropológico para estudiar la situación cubana desde el punto de vista de un taxista.

-¿Cómo fue la experiencia de manejar un taxi en La Habana? ¿Lo hizo como medio de vida en Cuba o para vincularte con la sociedad cubana?

-Lo segundo. No era que necesitara el dinero, pero era un método de explorar, de meterme en la sociedad cubana, en la caliente, como dicen los cubanos. Hice vínculos muy interesantes. Primero con la mujer que registró el taxi a su nombre, que ahora es como una madre mía en Cuba. Con los mecánicos, con la venta del petróleo ilícito, con todo el sistema del transporte, que es como un microcosmos de Cuba entera, de la economía cubana. Y empiezo a relacionarme con pasajeros. Pero al mismo tiempo, en el transcurso de esa experiencia, elijo tres historias, tres personajes reales en que se basa el libro. Uno es la dueña formal del taxi, Catalina. Por un lado, es miembro del Partido Comunista, sigue militando, sigue amando a Fidel Castro, pero al mismo tiempo es como una reina del subterreno de la economía cubana. El segundo es Norges Rodríguez, un periodista independiente, un joven que sale del closet y se presenta al mundo al mismo tiempo que abre un blog y empieza a expresar opiniones políticas en las redes pensando que eso no es tan peligroso como antes, pero en el transcurso del libro se meten aguas muy profundas. La tercera es Linet, que es una empresaria que sale de una relación tóxica con un novio ruso. Después me di cuenta que es una cosa bastante simbólica: que Cuba también estaba saliendo de una relación tóxica con Rusia. Linet sale de esa relación, empieza un curso de negocios en La Habana, que se llama Cuba Emprende, y abre un negocio de alojamiento. Esos tres personajes dan como una perspectiva amplia a la historia en los últimos años en Cuba.

Hombre parado junto a un mural de Ernesto "Che" Guevara en La Habana
Hombre parado junto a un mural de Ernesto "Che" Guevara en La Habana.
Foto: Yamil Lage/AFP.

-Partiendo de esas tres historias y cómo fueron derivando, ¿a qué conclusión llega? ¿En qué quedó esa apertura que se preveía entonces? Parece que fue como una primavera que pasó muy rápido en Cuba.

-Sí, sí, 100%. Y por eso estoy contento con el nuevo subtítulo del libro, que en noruego no se llama así, “Cuba y los años de la ilusión”, porque la ilusión tiene doble sentido: por un lado es esperanza y alegría, pero también engaño, traición. Eso es para mí el resumen de los últimos años en Cuba, y de lo que se trata el libro: una crónica sobre la traición a la esperanza que surgió después de Obama y la oportunidad perdida de esos años. Ahora Cuba se enfrenta a una situación mucho más fuerte, con un contrapunto en Estados Unidos mucho menos amable, y casi el colapso de la economía cubana. Es una historia que terminó siendo más oscura de lo que había pensado. De varias maneras los personajes chocan con un muro invisible pero real. Sea la burocracia, la corrupción, la opresión, la represión a gente que piensa diferente, dificultades estructurales económicas, la falta de agua. Y narra entonces la decisión al final de ese viaje para varios de los personajes, que es marcharse, como muchos cubanos en los últimos años.

-Los tres personajes en los que basa el libro, ¿creían realmente que en Cuba iba a haber un cambio real?

-Sí, sobre todo los dos personajes jóvenes, Linet y Norges. Catalina, que es la que tiene más experiencia, siempre fue más escéptica, más como “vamos a ver qué pasa”, “tengo mis dudas”. Y sí, creo que creyeron, y creímos todos, incluso yo, que Cuba estaba entrando en un momento histórico.

Un hombre pasea en bicicleta por una calle con el Capitolio al fondo en La Habana.
Un hombre pasea en bicicleta por una calle con el Capitolio al fondo en La Habana.
Foto: AFP

-Ahora, en un momento en que hay otro intento de negociación con Cuba, con otro gobierno en Estados Unidos, ¿qué perspectiva le ve?

-El régimen de Cuba se encuentra en una situación mucho más difícil. Tienen una economía que está al borde de colapso. Están utilizando las últimas gotas de petróleo. Y han perdido aún más legitimidad en el pueblo. No quedan líderes con carisma o cierto nivel de apoyo como tenían antes en los 70, digamos. También se enfrenta a una situación geopolítica que es mucho más difícil, con la caída de Venezuela, su primer aliado. Y al final, obviamente, la administración de Trump muy agresiva que ha mostrado al mundo lo que es capaz de hacer en Irán y en Venezuela. Entonces es para el régimen una crisis al borde de lo existencial. Para el pueblo es una situación en que entre 10 y 20% de la población entera se ha marchado en dos, tres años. No hay en muchos casos profesores en las escuelas, médicos en los hospitales y corriente eléctrica en las casas. Hay un país que se mantiene vivo a través de la remesa. Es una situación desesperada. Hay cubanos y amigos míos que tienen cierta esperanza porque parece que la mesa se ha movido con respecto a las negociaciones que están pasando ahora en el máximo nivel. Pero también hay otros que temen o un cambio falso, un cambio que se abre simplemente para intereses de Estados Unidos, o que temen por una invasión norteamericana, que podría ser un desastre humanitario.

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