Las protestas estudiantiles reunieron ayer martes en París y otras grandes ciudades francesas a decenas de miles de personas a favor de una mejor educación y contra los recortes en el sector público.
La movilización de ayer en Francia reunió a 256.000 personas en todo el país, según el Ministerio del Interior, frente a 450.000 según las organizaciones estudiantiles convocantes. En París, las autoridades contabilizaron 56.000 manifestantes, mientras que los organizadores elevaron la cifra a 100.000.
La revuelta de alumnos de secundaria, que empezó el 17 de septiembre en un liceo de las afueras de París y se extendió después a toda Francia, contó ayer con el respaldo de varios sindicatos y de partidos de izquierda.
Presionado por el malestar social, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se reunió con varios de sus ministros.
La protesta sucede también en plena polémica por las denuncias recíprocas de violencia entre policías y menores y que tuvo uno de sus puntos álgidos el lunes, cuando un adolescente de 15 años perdió una mano, en circunstancias aún bajo investigación, durante unos enfrentamientos a las puertas de un liceo de Lens.
La marcha parisina ha contado con un dispositivo especial de seguridad, con miles de policías y gendarmes en las calles, y con el cierre de diez estaciones de metro anexas al recorrido de la manifestación (entre la plaza de la República y la de la Nación).
Desde mediados de septiembre se han registrado durante las revueltas más de 600 policías y gendarmes y algo más de 200 estudiantes heridos y más de 5.000 arrestos en todo el país, además de destrozos en los centros educativos y en mobiliario urbano ya evaluados en varias decenas de millones de euros.
Este último asunto ha llevado al Ejecutivo a acelerar la tramitación de una ley para obligar a los padres de los menores a pagar los actos vandálicos de sus hijos. Al mismo tiempo, al menos el 10% de los institutos han visto su funcionamiento perturbado por los piquetes y bloqueos.
Al malestar de los estudiantes se suma el de otros colectivos, como el de los funcionarios públicos o los agricultores, descontentos con el encarecimiento de productos de primera necesidad como la energía y el estancamiento salarial.
A solo siete meses de la primera vuelta de las presidenciales, en las que la ultraderechista Marine Le Pen es la clara favorita a suceder a Macron en el Elíseo, los partidos de izquierda han buscado asociarse a las movilizaciones estudiantiles.
El más criticado por ello ha sido La Francia Insumisa (LFI), del candidato Jean-Luc Mélenchon. El propio Mélenchon aprovechó su presencia en la protesta de París para felicitar a los estudiantes, a los que pidió “prudencia”. EFE