El papa León XIV realizó ayer domingo una dura condena del aborto y de la eutanasia, desde el santuario de Lourdes, durante su viaje a Francia, al afirmar que “debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión” e instó a los sanitarios a “cuidar y no eliminar”. También se reunió con las víctimas sexuales de la Iglesia Católica.
“Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral”, dijo el papa en una dura condena contra el aborto y la eutanasia, sobre todo después de que Francia aprobó el pasado julio una ley que regula el suicidio asistido.
El papa acudió al Accueil Notre-Dame, dentro del Santuario de Lourdes, un centro acoge y presta asistencia a personas enfermas y ancianas y afirmó que “aquí la fragilidad no se esconde, sino que se convierte en el lugar de un encuentro sagrado”.
Recordó uno de sus últimos mensajes: “¡Ninguno tiene el derecho, nunca, basándose en algoritmos de laboratorio, de decidir sobre la vida de un embrión determinado o de una persona de la tercera edad determinada!”. “¡La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada!”, agregó recibiendo los aplausos de los presentes. E invitó a “seguir realizando estructuras de cuidado paliativo y de investigación” y “a acompañar con ternura a los enfermos, como sucede aquí en Lourdes”.
Más tarde, el papa reconoció el carácter “sistémico” de las agresiones sexuales en la Iglesia de Francia durante una reunión a puerta cerrada en Lourdes con siete víctimas.
“Desde su punto de vista, los agresores son individuos, pero lo que permite que esto continúe es la dimensión sistémica dentro de la institución”, declaró Jérôme Guillement, quien fue víctima de un sacerdote durante su adolescencia y ha relatado su experiencia en varios libros.
Con información de EFE y AFP