“Más Uruguay, menos Argentina”, dice analista brasileña

En Brasil también piden más flexibilidad para el Mercosur.

Luiz Inácio Lula Da Silva.
Luiz Inácio Lula Da Silva, presidente de Brasil.
Foto: EVARISTO SA/AFP fotos

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La posición del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de demorar su respuesta al side letter que presentó la Unión Europea (UE) al Mercosur con nuevas condiciones ambientales para ratificar el acuerdo UE-Mercosur, no es vista con buenos ojos por muchos políticos y analistas de su propio país.

Es innegable el buen número de seguidores que detenta el mandatario brasileño, quienes comparten su visión, pero si algo está generando desavenencias últimamente es la tranca en ese acuerdo que permitiría a esta región abrirse al mundo.

Mañana comenzará la cumbre UE-Celac, y el acuerdo de la UE-Mercosur saldrá a la luz como un gran pendiente; un acuerdo que es uno de los más grandes del mundo en relación al PIB conjunto de sus integrantes, pero que a esta altura de las negociaciones parece de nuevo condenado al fracaso.

En la coyuntura internacional, con la guerra en Ucrania que ha significado el recorte de suministros de alimentos y de gas a Europa, la UE está más proclive que siempre a firmar acuerdos con América Latina, incluyendo al Mercosur, pero la pelota está del lado del Mercosur, más precisamente en la cancha de Lula, quien planteó sus dudas y luego permaneció silente.

La economista brasileña Deborah Bizarria, coordinadora de Políticas Públicas del Instituto Livres (organización sin fines de lucro de perfil académico), escribió una columna de opinión bajo el título “Más Uruguay, menos Argentina: Brasil debe buscar la integración global” en el diario Folha de S. Paulo el pasado 7 de julio, donde plantea que Lula debería dejar la visión proteccionista que comparte con el presidente de Argentina, Alberto Fernández, y acercarse más a la de Luis Lacalle Pou.

Bizarria habla de “aislacionismo versus integración” y cómo los desacuerdos de visiones han trancado la ratificación del acuerdo UE-Mercosur. “Si el proteccionismo brasileño respondiera a una tesis de desarrollo correcta, no solo tendríamos una industria pujante y competitiva, sino también un gran número de empresas exportadores. Pero la realidad es lo contrario: sectores de la industria buscan subsidios para sobrevivir y menos del 1 % de las empresas brasileñas son exportadores”, afirma en su columna, la cual tuvo mucho impacto en Brasil.

El País contactó a Bizarria para consultarle qué tan dividida está la academia sobre este tema y qué piensa la opinión pública brasileña, a lo que respondió: “En el campo de la academia, hay dos lados: los economistas que se muestran proclives a la apertura del comercio como algo bueno, y otra corriente de economistas de “entornos interiores”, con la visión de que necesitamos sustituir la importación con producción nacional, e industrializar más. Pero eso significa mucho dinero y además, ya no siempre funciona en Latinoamérica. Así que es una batalla muy difícil en términos de ideas”. Y agregó: “A la sociedad brasileña le gusta comprar productos importados, pero son muy caros localmente, más que en la mayor parte de los países. Por ejemplo, tenemos el iPhone más caro del mundo y mucha tecnología es imposible de conseguir a menos que se tenga mucho dinero, o se viaje al exterior (…) Hay que cambiar la mentalidad e ir más hacia el comercio abierto y la conexión global”.

Ante el planteo del presidente Lacalle Pou de que el Mercosur debería flexibilizarse, o de que Uruguay podría buscar un cambio de su estatus en el bloque para no estar tan encorsetado, la economista opinó que “si los negocios no están fluyendo, entonces hay que respetar el derecho a intentar perseguir los negocios de manera propia”.

A su entender, todo el bloque suramericano debería flexibilizarse. “La integración de América del Sur es muy importante, así como la del Mercosur, porque negociar con otros países fuera del bloque sería más fácil en conjunto, pero estar conectados en el sur no debería ser una manera de detenernos ante el resto del mundo”, afirmó.

Otros economistas brasileños también están levantando sus voces para que Brasil y Argentina relajen sus decisiones a favor del proteccionismo, en el entendido de que los aranceles que protegen la industria en la región ya no son medidas suficientes para el desarrollo, ni tampoco las compras gubernamentales que favorecen a los proveedores locales. Es decir, habría que ir más allá, con un comercio abierto al mundo.

La integración que defiende Lula es principalmente regional, pero un acuerdo con la UE permitiría elevar los estándares, diversificar mercados, atraer más inversiones. Es por ello que Bizarria habla de “más Uruguay, menos Argentina”, para que Brasil reacomode su discurso y sea una plataforma que apalanque al bloque en la economía global.

Consultada sobre lo que puede pasar, la economista afirmó: “Es muy difícil predecir las intenciones de Lula, sí sabemos que la política de Brasil no es para amateurs. Espero que los obstáculos para el acuerdo con la UE se superen. No soy optimista en que lo logremos”.

No obstante, en este juego de negociaciones las cartas de Lula se verán más claras en la cumbre UE-Celac de esta semana, en la que se espera un discurso del presidente brasileño que podría esclarecer cómo estamos parados en esta encrucijada.

Si no se esclarece el panorama en la cumbre, no será de extrañar que la UE mire más a otros potenciales aliados, como lo hizo especialmente con México y Chile que sí han ido para adelante con acuerdos con el bloque europeo.

La pregunta está en si seguiremos siendo espectadores de los acuerdos mundiales, o nos subiremos al tren que ofrece la UE en este momento.

Francia “inflexible”

Francia mantiene de forma inflexible su rechazo a la ratificación del acuerdo de libre comercio UE-Mercosur salvo que se incluyan cambios a nivel medioambiental y las llamadas “cláusulas espejo”, indicaron fuentes del Elíseo.

La fuente recalcó que Francia es “extremadamente exigente” en los acuerdos comerciales que finaliza la Unión Europea (UE), como se ha hecho con el recientemente firmado con Nueva Zelanda. Para el Gobierno francés, hay razones también de “justicia”, de forma que los productores de los países con los que se cierren acuerdos de comercio “estén sometidos a las mismas reglas que los productores” de la UE con las cláusulas espejo.

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