GINEBRA
Interpol y la policía de Zurich continúan la investigación sobre el robo -el pasado domingo- de cuatro cuadros impresionistas valuados en 112 millones de euros (unos 163,2 millones de dólares), que eran exhibidos en el museo de la Fundación Emil Bührle de esa ciudad.
Tres hombres armados y enmascarados entraron en el recinto y se llevaron -en pocos minutos- cuatro óleos de la colección del empresario industrial Emil Georg Bührle, fallecido en 1956.
Se trata de las obras "Campo de amapolas cerca de Vetheuil" (1879), de Claude Monet; "El conde Ludovic Lepic y sus hijas" (1871), de Edgar Degas; "Ramas de castaño florecidas" (1890), de Vincent Van Gogh; y "El niño con un chaleco rojo" (1888-1890) de Paul Cézanne.
Las autoridades ya ofrecieron una recompensa de 91.000 dólares para quien pueda aportar pistas sobre el caso.
Se cree que las obras podrían haber sido robadas por una banda de la antigua Yugoslavia, según afirmó a la agencia alemana DPA, Julian Radcliffe, el presidente de la Art Loss Register (ALR), el registro de pérdidas artísticas.
El robo fue uno de los más espectaculares realizados en Suiza. La policía y los expertos continúan sorprendidos por la maniobra, no sólo por el modus operandi, sino por la dificultad que los ladrones tendrán para venderlos.
"Esas pinturas no son vendibles. Carecen de valor en el mercado de arte en el mundo", afirmó al diario Le Temps, el responsable para Europa del departamento de los impresionistas y de arte moderno de la subastadora Christie`s. La causa es que pocos compradores van a arriesgarse a adquirir unos cuadros que están en las listas de Interpol y de todas las policías especializadas del mundo.
En Suiza, el origen de una obra debe ser declarado en detalle, y la persona que adquiera una pieza robada se arriesga a una pena de prisión de hasta dos años y 200.000 francos (181.000 dólares) de multa.
RECTIFICACIÓN. Por su parte, el historiador suizo Thomas Buomberger rectificó ayer su anterior afirmación de que el cuadro "El niño con un chaleco rojo", de Paul Cézanne, hurtado en el museo de Bührle, había sido robado por los nazis en Francia.
Buomberger había afirmado a la agencia suiza ATS que esa obra de Cézanne era uno de los 77 cuadros del registro que la Confederación Helvética tenía de las obras que los nazis robaron y resguardaron en Suiza.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Berna abrió un proceso y restituyó a sus legítimos propietarios algunas de las obras confiscadas.
Sin embargo, muchos de los propietarios las revendieron posteriormente para obtener dinero y rehacer su vida tras la guerra.
Fue así que el industrial Emil Georg Bührle, compró el cuadro de Cézanne -valuado en 60 millones de euros (unos 87 millones de dólares)- y otras nueve obras a sus propietarios legítimos.
Bührle hizo su fortuna con la venta de armas y durante la guerra compró centenares de obras al marchante helvético Theodor Fischer, es por eso que es conocido por ser una de "las leyendas negras" suizas, dado sus lazos con los nazis y la compra masiva de obras confiscadas. EFE