Fueron apenas unos segundos. Primero la alerta en el móvil, luego el temblor. En un abrir y cerrar de ojos, todo se puso negro y Ashley Ochoa, de 32 años, quedó enterrada bajo una montaña de escombros. Había aterrizado en Caracas hacía tan solo cinco horas. En el video que tomó su rescatista, lleva un vestido verde manchado de polvo, el mismo que había elegido minutos antes del sismo para lucir en la primera cita en persona con su novio, Victor José Ruvolo Mujico, quien había viajado hasta la capital desde su pueblo en Quíbor, Estado Lara, para recogerla. Llevaban varios meses hablando a distancia, tras conocerse en el submundo de las batallas de rap en TikTok. Decidieron alojarse en La Guaira, el lugar que se vino abajo por los terremotos consecutivos de 7,2 y 7,5 que llevaron la tragedia a Venezuela. Ella le escuchó gritar por auxilio antes de que el silencio se impusiera en el desastre del derrumbe. “Parece una broma del universo, ¿cómo es posible que a las cinco horas de conocerle pase el terremoto y jamás voy a volverlo a ver?“, se pregunta Ochoa, todavía desde el hospital recuperándose de las heridas.
Ni siquiera les había dicho a sus padres que estaba en Venezuela. Nacida en San Diego, California, de migrantes mexicanos, le había contado a su familia que estaba de visita en México, como suele hacer cada año. Temía que no comprendieran su relación nacida en internet. “Una amiga me pidió que me bajara la aplicación de rastreo en mi teléfono y pudo localizarme y avisarles”, relata en una llamada telefónica. Por entonces, su ficha de búsqueda ya se había viralizado y varios de sus amigos la estaban buscando. Mientras pasaban las horas, ella permanecía sepultada bajo las ruinas de su Airbnb. “Fueron horas muy difíciles. Mi rescatista me dijo que me sacó a las tres de la madrugada, pero yo no procesaba bien el tiempo. No procesé que fueron nueve horas, para mí fueron como tres. No sé si perdí el conocimiento”, recuerda.
Un amor nacido entre batallas de rap en TikTok y transmisiones en vivo
El viaje a Venezuela lo planeó en el último momento. Tras varios meses haciendo videollamadas con uno de sus raperos favoritos de TikTok y, unos días después de que él le pidiera ser oficialmente su novia en un directo en la plataforma, se armó de valor para por fin conocerle. “Yo me había metido mucho en lives. Era donadora en la plataforma y Víctor era rapero y hacía batallas de gallos. Yo siempre le tiraba en contra, apoyaba a colombianos y venezolanos por el algoritmo, que me lleva a ellos, pero poco a poco me fue ganando", relata sobre cómo se conocieron. Al final se acabó convirtiendo en su mayor apoyo dentro de la comunidad, y él en el de ella cuando decidió empezar a hacer lives también. Cinco meses después, el 15 de junio, él le pidió delante de todos los usuarios del directo que fuera su pareja. “Me lo pidió con anillos y flores. Para mí era necesario conocerle en persona para poder desarrollar algo más profundo”, señala.
Aterrizaje en Caracas y el colapso en La Guaira durante el terremoto
Al aterrizar, estaba tan nerviosa que se escondió en la sala de espera de las llegadas del aeropuerto. “No sabía, una cosa es hablar todos los días por videollamada y otra en persona. Tenía miedo de que yo no le gustara, o que a mí no me gustara su olor. Soy muy particular sobre esas cosas”, rememora con una sonrisa. Finalmente decidió salir. Él la estaba esperando con dos amigos. Traía en la mano un ramo de flores y un oso de peluche. “Cuando le abracé, se me pasó todo. Le dije que había valido la pena viajar. Nos dimos nuestro primer beso ahí”, añade. Ese vídeo del encuentro es el único que se salvaría después de la catástrofe.
Fueron directos al Airbnb, un edificio de 11 plantas muy cerca de la playa y de La Guaira, el principal centro del desastre del sismo en el que colapsaron decenas de edificaciones y que luego sería el escenario de la búsqueda de centenares de cuerpos. “Nos encerramos en el cuarto. Nuestros amigos nos dejaron solos para descansar y disfrutar. Fueron momentos muy lindos que compartimos; decíamos de salir a comer, pero no queríamos que terminara”, detalla Ochoa. En esas horas hablaron de los viajes que querían hacer en el futuro juntos. “Recuerdo tocarle la cara, la barba. Me gustaba cómo se sentía. No queríamos separarnos, pero teníamos amigos que nos esperaban para comer”, relata. Víctor Ruvolo se fue al baño y ella aprovechó para cambiarse de ropa. “Me estaba subiendo el vestido cuando veo que me llega una alerta al celular de que iba a llegar un terremoto. Le marco a Víctor para avisarle, pero se había dejado el celular en la recámara. Empezó a temblar horrible, fue demasiado pesado”, recuerda.
@lobita_xx94 Gracias a todos por su cariño y amor. #lobita #ashleyochoa #venezuela ♬ son original - Salomon 🇨🇩🇸🇳
Desde la oscuridad escuchaba la voz de su novio, pero con el paso de las horas sus gritos se apagaron y dejó de oírle. Cuando un civil consiguió sacarla de debajo de los escombros, con la mirada perdida y llena de polvo, el rescatista siguió buscando en el edificio. “Fue un rescate muy difícil, tardaron bastante. Cuando terminaron conmigo, intentaron sacar a Nairo, nuestro amigo. Pero luego no pudieron rescatar a Víctor, ya no hablaba. No quedamos cerca, no sé cómo se partió el edificio, pero no quedó cerca mío”, reconoce. Cuando Ochoa fue trasladada al hospital, tenía varias fracturas en su pie izquierdo y heridas abiertas. Estuvo varias horas en el suelo, rodeada de otros heridos. “Vi cómo llegaba gente muriéndose. Le conté a una señora que no sabía de mi novio, que estaba preocupada por él. Ella oró por mí y a las pocas horas falleció su esposo, que estaba a mi lado”, consigue recordar de ese día.
Había perdido su teléfono, sus tarjetas, todo. Alguien en el hospital le tomó un video en el que ella pide que la ayuden a localizar a Noa Gusamin, un amigo que vive en Caracas. Consiguieron operarle el pie con poca anestesia y sin quirófano, entre todos los heridos. La herida se infectó y tres semanas después todavía está combatiendo las bacterias y bajo supervisión médica. Gracias a sus seguidores de internet, logró que su amigo la encontrara. “Todos mis amigos de TikTok se coordinaron para enviarle dinero a Noa y que pudiera moverse, porque cobraban muy caro para trasladarse en la ciudad. Mucha gente de la comunidad mandó ayuda y estuvieron pendientes”, dice agradecida.
Para cuando rescataron el cuerpo de Víctor Ruvolo y celebraron el funeral, ella todavía estaba en el hospital. Su misma comunidad de TikTok del rap recaudó los fondos para trasladar el ataúd de vuelta a su pueblo. Las pocas fotos y videos que Ochoa y Ruvolo consiguieron tomarse ese día se perdieron junto a los teléfonos de ambos en los escombros. “Es difícil procesar que momentos antes estábamos tan felices, y pasa esto y ya. Jamás voy a volver a escucharlo, a verlo, es difícil entender por qué las cosas pasan”, dice Ochoa entre lágrimas. “Si yo no hubiera ido, él no habría viajado y esto no habría pasado, pero no es culpa de nadie. Mucha gente ha muerto. Uno puede morirse en un accidente de carro, uno nunca sabe cuándo va a pasar el momento”, agrega.
Micaela Varela, El País de Madrid