La carrera por el Senado en Michigan se volvió una de las más sucias del año. Dejó al descubierto fracturas electorales en torno a la religión, la raza, la inflación, los aranceles y, por supuesto, el presidente Donald Trump. Podría definir el control de la cámara. También se convirtió en la contienda más trascendente del año para los demócratas de cara a 2028.
Abdul El-Sayed, el candidato demócrata, se anotó uno de los mayores triunfos del movimiento progresista en años cuando derrotó en la interna a la candidata del establishment del partido. Ahora enfrenta un desafío muy distinto: una elección general que va a poner a prueba cuánto están dispuestos los votantes moderados e independientes a acompañar un progresismo combativo y sin matices.
Esa contienda se enredó más el domingo, cuando Haley Stevens, la representante demócrata a la que derrotó en la interna, respaldó a su rival republicano, Mike Rogers. Stevens había prometido hacer campaña por él pese a sus reiterados choques sobre la política de Estados Unidos hacia Israel.
El-Sayed asistió a un servicio religioso en Detroit que estaba pensado como un acto de unidad con Stevens, en un intento de dejar atrás las críticas recientes de ella. Pero ese plan se cayó durante el fin de semana.
La militancia activista del Partido Demócrata cree que un triunfo de El-Sayed esta semana demostraría que el populismo de izquierda es un mensaje ganador, incluso en estados péndulo. El candidato abrazó una agenda económica que ataca con dureza a la clase multimillonaria y tomó una postura clara contra Israel. Los demócratas centristas temen que una eventual victoria de El-Sayed, en un clima que de por sí favorece a los demócratas, se malinterprete gravemente como un mandato.
Prácticamente lo único en lo que coinciden ambas alas del partido es esto: que El-Sayed gane o pierda, y por cuánto, va a fijar los términos del debate ideológico y político rumbo a una de las carreras presidenciales más abiertas que el partido recuerde.
“Más que grande”, dijo Bhavik Lathia, estratega demócrata progresista de Michigan que trabajó en los estados en disputa para la campaña de Kamala Harris en 2024. “Se trata de qué visión del Partido Demócrata llega a 2028 con el viento a favor: el populismo económico progresista o el centrismo de siempre del establishment”.
Eso es exactamente lo que preocupa a Matt Bennett, vicepresidente ejecutivo de Third Way, un centro de estudios centrista que impulsa un enfoque demócrata más moderado.
“El peligro es que el discurso triunfalista que viene de la izquierda se instale como un relato que se crean los aspirantes a 2028”, dijo Bennett sobre Michigan. “Creo que va a ganar a pesar de, y no gracias a, que hizo una campaña mayormente volcada a la izquierda”.
Bennett y otros ya están preparando el terreno para debilitar el argumento de El-Sayed si gana el martes.
Señaló que El-Sayed rinde por debajo de otros demócratas que compiten en estados tradicionalmente republicanos, como los también candidatos al Senado Adam Hamilton en Kansas y James Talarico en Texas. Y remarcó que El-Sayed aparece en las encuestas detrás de Jocelyn Benson, la candidata demócrata a gobernadora de Michigan que encabeza la boleta.
El-Sayed, que irrumpió en la escena con una arrogancia poco habitual y los codos afilados —y que disfrutó de cruzarse tanto con el presidente Trump como con el vicepresidente JD Vance—, desestimó esas comparaciones en una entrevista y las calificó de “una tarea bastante inútil”.
“Enfrenté más gasto en mi contra que cualquier candidato a un cargo estatal en la historia de Michigan”, dijo El-Sayed, y se apuró a elogiar la “gran campaña” que está haciendo Benson. “Simplemente creo que no vale la pena comparar las dos carreras”.
Que los demócratas ya estén discutiendo márgenes antes de que termine la elección muestra lo observada que está esta contienda.
A su importancia se suma que Michigan quedó firmemente instalado entre los primeros estados que ayudarán a elegir al candidato presidencial demócrata en 2028. El-Sayed no ocultó sus ganas de aprovechar ese rol anticipado del estado, sobre todo si gana. “Quiero que Michigan sea el próximo Iowa”, le dijo hace poco a Politico.
Las primeras maniobras por la nominación de 2028 van a salir a la luz casi inmediatamente después de las elecciones de medio término. Un evento llamado Crooked Con está previsto que empiece en Washington el jueves, apenas dos días después de la elección. Otra conferencia, en Denver, está programada para una semana después, bajo el nombre “What’s Next?” (“¿Y ahora qué?”). Se espera que ambas atraigan a posibles candidatos que buscan posicionarse para sacar ventaja temprano.
La representante Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York, que encabezó actos para El-Sayed en el área de Detroit y lo acompañó hace poco en una gira en ómnibus por la Península Superior, presentó su elección como crucial para el “proyecto generacional” del movimiento progresista.
“Empieza con Abdul”, les dijo a donantes en Nueva York el mes pasado. Después lo reforzó con una transferencia de 1 millón de dólares desde su cuenta política para apoyar a El-Sayed, la mayor de su carrera.
Algunos referentes republicanos coinciden.
“Voy a hacer una predicción”, dijo el senador Ted Cruz, de Texas, el miércoles mientras hacía campaña en Michigan por el exrepresentante Mike Rogers, el rival republicano de El-Sayed. “Creo que si gana El-Sayed, la candidata demócrata a presidenta en 2028 va a ser AOC”.
“En la interna, el argumento número uno contra AOC es que es demasiado extrema para ganar la general”, dijo Cruz. “Si gana El-Sayed, van a decir que no: ¡que se puede nominar a un delirante de izquierda y un estado péndulo como Michigan lo va a votar!”.
Votantes que asistieron este mes a los actos de Ocasio-Cortez en Michigan dijeron estar inquietos por lo que está en juego en la carrera al Senado.
“Es todo o nada”, dijo Justin Braman, de 49 años, veterano retirado que vive en Auburn Hills, mientras esperaba que Ocasio-Cortez hablara en un acto en Pontiac. “O los progresistas logran hacer pie en esta elección o estamos condenados a los políticos del establishment para siempre”.
Llamativamente, El-Sayed no giró por iniciativa propia hacia el centro político tras una interna cara y desgastante en la que derrotó a una rival más moderada. Hace poco hizo campaña con la senadora Elizabeth Warren, de Massachusetts, la representante Ayanna Pressley, de Massachusetts, y Ocasio-Cortez, todas figuras centrales de la izquierda.
Lo que está en juego en su carrera abarca tanto políticas concretas como la postura general del partido.
El-Sayed hizo de Medicare para Todos una promesa central de su propuesta y ha sido un crítico constante de Israel. Más recientemente, se negó a decir si Irán o Israel representa una amenaza mayor para Estados Unidos.
Ese enfoque movilizó a quienes apoyaron el movimiento Uncommitted (No Comprometidos), la campaña de protesta que surgió en Michigan en 2024 para presionar al entonces presidente Joe Biden a que dejara de apoyar la guerra de Israel en la Franja de Gaza. Pero también alejó a algunos demócratas tradicionales que promueven una campaña similar de “dejarlo en blanco”, esta vez para negarle el voto a El-Sayed en la boleta del martes.
Un operador republicano involucrado en la carrera al Senado en Michigan dijo que el chiste entre los partidarios de Rogers es que algunos demócratas quieren derrotar a El-Sayed tanto o más que los republicanos.
Un grupo que combate el antisemitismo, la Beacon Coalition, que en el pasado fue financiado en parte por Third Way, apoyó a Rogers. Third Way dijo que no estaba de acuerdo con ese respaldo, que no conocía los planes del grupo y que no estaba financiando esa iniciativa.
“Públicamente, en privado, en lo más profundo de mi corazón, queremos que gane El-Sayed”, dijo Bennett. “De verdad que sí”
Pero Bennett agregó que hay otros demócratas que son mejores modelos para que el partido amplíe el mapa electoral en 2028 y después, en especial el exgobernador Roy Cooper en Carolina del Norte, que ahora es favorito para convertirse en el primer demócrata en ganar una banca en el Senado por ese estado desde 2008.
“Lo está logrando con cero momentos virales. Cero”, dijo Bennett sobre Cooper. “El tipo nació, digamos, con un blazer azul puesto. Es lo más establishment que se puede ser. No es joven. No tiene ninguno de los atributos que la izquierda dice que hay que tener, y sin embargo está ganando con comodidad”.
Por su parte, El-Sayed parece disfrutar de pelearse tanto con Trump como con los sectores más cautos y corporativos de la coalición demócrata.
“Hay una razón por la que las corporaciones y los intereses particulares gastaron una cantidad histórica de dinero para ganarme en la interna y van a gastar una cantidad histórica de dinero para ganarme en la general: entienden que yo peleo por los trabajadores”, dijo El-Sayed en la entrevista.
Adam Green, cofundador del Progressive Change Campaign Committee, dijo: “Abdul es la prueba número uno del argumento que estamos planteando: que los luchadores económicos audaces, que quieren sacudir el sistema, pueden ganar en estados péndulo”.
“Que gane o pierda va a cambiar de forma drástica la lectura dominante que deje la elección”, explicó Green.
Hay varios otros casos de prueba a menor escala de populistas o progresistas que compiten en distritos de la Cámara de Representantes republicanos o en disputa: Randy Villegas en el Valle Central de California, Will Lawrence en Michigan, Tom Perriello en Virginia. Ninguno tiene el perfil nacional de El-Sayed.
“Todos esos son adornos del árbol”, dijo Green. “Abdul es el tronco”.
Por Shane Goldmacher / The New York Times