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Israel recibe un fuerte respaldo de Biden, que le pidió que evite ampliar el conflicto

Apoyo absoluto e incondicional a Israel luego del ataque terrorista más sangriento de su historia y prioridad absoluta a la liberación de los rehenes, entre los que hay diez norteamericanos.

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Joe Biden en su visita a Israel
Joe Biden en su visita a Israel
Foto: BRENDAN SMIALOWSKI/AFP fotos

Por Elisabetta Piqué, LA NACIÓN /GDA
Respaldo absoluto e incondicional a Israel luego del ataque terrorista más sangriento de su historia que, para un país pequeño como Israel, comparó con un 11 de Septimebre multiplicado por 15. Prioridad absoluta a la liberación de los rehenes, entre los que hay diez norteamericanos.

Pero también, recomendaciones, advertencias. La primera y más importante, que Israel no cometa los mismos “errores” que cometió Estados Unidos después del 11 de Septiembre: que no amplíe el conflicto, sino que avance en su represalia con “objetivos claros”.

La segunda, que Israel no confunda a los más de dos millones de palestinos que hay en Gaza -bajo asedio y bajo una ofensiva de retaliación desde hace 12 días-, con los terroristas de Hamas y que respete a la población civil.

En este marco, permitir la apertura de un corredor humanitario desde la frontera de Gaza con Egipto, para que llegue asistencia humanitaria “lo antes posible”.

Es lo que dejó la visita relámpago del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a Israel, en medio de una guerra de consecuencias cada vez más peligrosas e impredecibles. Biden, en efecto, llegó en medio del baño de sangre ocurrido el martes por la noche en un hospital de Gaza, que inflamó como nunca los ánimos en varios países árabes.

Estos acusaron a Israel por lo que consideraron otro “crimen de guerra”, pero también a sus aliados occidentales, que después de la masacre perpetrada por Hamas el 7 de octubre que dejó 1400 muertos y shockeó a la población por las salvajadas cometidas, se alinearon a rajatabla con el Estado judío.

De ahí, las manifestaciones de protesta que hubo en varios países musulmanes, donde hubo gran malestar y se vieron masas enfurecidas ante embajadas y consulados de países como Estados Unidos, Francia y demás.

Más de 500 personas murieron en ataque a un hospital en Gaza
Más de 500 personas murieron en ataque a un hospital en Gaza.
Foto: AFP

Coincidencias

En medio de acusaciones cruzadas por el desastre del hospital anglicano de Gaza, Biden dijo que, “según la información que manejaba”, que le proporcionó el Pentágono, la explosión del hospital -que causó 471 muertos y apareció como una gota que rebalsó el vaso después de las más de 3000 muertes palestinas en 12 días-, fue resultado de un lanzamiento fallido de cohetes por parte de la Jihad islámica palestina. Respaldó, así, la versión de Israel, que, a través de un vocero militar, desde la mañana aportó supuestas evidencias, a través de fotos y hasta audios.

Al final de una visita relámpago en la que, al margen de una reunión de más de dos horas con el gabinete de guerra puesto a punto por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, también tuvo tiempo para estar con familiares de víctimas y rehenes, Biden fue protagonista de un “show” de respaldo inequívoco, que todos se esperaban.

Como ya habían hecho su secretario de Estado, Anthony Blinken y su ministro de Defensa, Lloyd Austin, en los últimos días, se mostró muy conmovido y aún más empático que sus funcionarios.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Foto: EFE

Al aparecer en un hotel de Tel Aviv ante la prensa, comparó a Hamas con el grupo terrorista fundamentalista Estado Islámico y denostó las barbaridades de las que fue protagonista ese nefasto sábado 7 de octubre, cuando además se celebraba una fiesta religiosa judía. Se mostró muy cercano a las víctimas y familiares, tras esa “herida profunda, la más sangrienta desde el Holocausto” que le infligió este grupo terrorista al Estado judío, que comparó al 9-11.

Aseguró, también, que Israel jamás iba ser dejado solo por Estados Unidos, país que en 1948 fue el primero, de la mano de Harry Truman, que reconoció su creación. Si cuando ocurrió el Holocausto, durante la Segunda Guerra Mundial, el mundo miró para otro lado, “no lo vamos a hacer de nuevo”, sentenció el jefe de la Casa Blanca, que aseguró que con la ayuda de Estados Unidos “Israel tiene que ser de nuevo un lugar seguro”.

Prometió, en este marco, toda la ayuda militar necesaria -habló de un nuevo paquete sin precedente para su defensa-, pero también dejó claro que Estados Unidos no quiere absolutamente una ampliación del conflicto, como todo el mundo teme, sobre todo después de los estallidos de ira por la masacre del hospital.

Biden recordó, en efecto, que todo ese arsenal que envió al Mediterráneo es para disuadir que otros jugadores pueden animarse a intervenir en esta guerra. Sin mencionarlos, aludió a Irán, Líbano -donde Hezbollah está en pie de guerra- y Siria. “No se atrevan”, amenazó.

Benjamin Netanyahu, primer ministro electo de Israel
Benjamin Netanyahu, primer ministro electo de Israel.
Foto: AFP

Preguntas duras

Aunque no dio precisiones, Biden dijo que en su reunión de más de dos horas a puertas cerradas con el gabinete de guerra de Netanyahu puso sobre la mesa “preguntas duras”. Se presume que, como indicó el otro día en una entrevista, probablemente le recordó que sería “un grave error” volver a ocupar Gaza. Y exigió “claridad de objetivos” de cara a la tan esperada invasión terrestre de la Franja de Gaza, que algunos creen que podría convertirse para Israel lo que para Estados Unidos se convirtieron Irak y Afganistán después del 9-11. Una sugerencia que podría significar una ulterior demora en la tan anunciada ofensiva terrestre, sobre todo porque si la prioridad absoluta es sacar con vida a los rehenes de Gaza, debe ser muy bien planificada.

En una jornada en la que siguieron cayendo misiles en el sur y centro de Israel desde Gaza, con alertas y sirenas, más allá de la alineación total, incondicional a Israel, Biden también pareció marcar límites.

Recordó que “los palestinos no son Hamas” y que “Hamas no representa al pueblo palestino”. Lamentó la “pérdida de vidas inocentes palestinas”, así como la tragedia del hospital de Gaza y fue más allá. Destacó que Estados Unidos “en forma inequívoca respalda la protección de civiles durante los conflictos” y recordó que tanto Estados Unidos como Israel son democracias que viven con reglas. “No podemos dejar ganar a los terroristas (…). Los terroristas viven en la oscuridad, Israel no vive en la oscuridad”, dijo.

Tal como se esperaba después de un sitio de 12 días que ha provocado una catástrofe humanitaria de proporciones dantescas, según denuncian organismos humanitarios, Biden anunció, finalmente, que le había pedido al gabinete de guerra que permitiera el ingreso de ayuda humanitaria a Gaza. Una ayuda que, precisó, no debía llegar a manos de Hamas y que deberá pasar por la frontera con Egipto de Rafah, hasta ahora sellada. Allí, desde hace días camiones de Naciones Unidas esperan ingresar con asistencia de todo tipo.

Poco después, en un comunicado de su gabinete de guerra, Israel dijo que si bien no va dejar llegar ayuda humanitaria a Gaza desde su territorio hasta que no sean liberados los rehenes, no iba a “impedir” que llegara desde Egipto, en lo que apareció el único resultado concreto de la visita de Biden.

El jefe de la Casa Blanca, que ostentó toda su admiración por ese “milagro” con que definió a Israel, también pidió que la Cruz Roja pueda visitar a los 199 rehenes que Hamas y otros grupos islamistas mantienen rehenes en los famosos túneles de Gaza. Anunció, además, un paquete de ayuda de 100 millones de dólares para los palestinos de Gaza y Cisjordania. Y llamó a trabajar para que se abran caminos de paz en esta región ensangrentada, volviendo a respaldar la olvidada y al momento totalmente irrealizable solución de “dos Estados”, uno israelí y uno palestino.

“Los terroristas no van a ganar, va a ganar la libertad. Israel no está solo”, clamó finalmente Biden, concluyendo con tonos épicos una visita que, por otro lado, también fue considerada por muchos un sonoro fracaso. Como es sabido, debido a los tres días de luto y la furia que desató el desastre del hospital en Gaza en toda la región, quedó cancelada la segunda etapa del viaje, que iba a ser en Amán, Jordania y que era muy esperada para que se calmaran las aguas.

En Amán Biden hubiera debido reunirse con el presidente palestino, Mahmud Abbas, con su par egipcio, Al Sisi y con su anfitrión, el rey Abdullah II. Fuentes de la Casa Blanca hicieron saber que en su viaje de regreso a Washington Biden iba a hablar por teléfono con Al Sisi y Abbas. Algo que no es lo mismo que la diplomacia “face to face”.

Según analistas, la cancelación de esta mini cumbre de Amán reflejó la decadencia del poder de Estados Unidos a nivel geopolítico: los países árabes nunca se hubieran atrevido años atrás a semejante afrenta a un presidente de Estados Unidos.

Por otro lado, más allá de los abrazos, las palabras de apoyo y el respaldo militar incondicional, para algunos analistas como Nahum Barnea, de Yedhiot Ahronoth, la visita de Biden dejó en claro que en esta guerra que trastocó al mundo, Israel tendrá una “supervisión” por parte de Estados Unidos como nunca antes en su historia.

Estados Unidos sí quiere que Israel descabece a Hamas, pero sin poner en peligro a los rehenes, prioridad número uno, sin poner el peligro el frágil equilibrio actual de Medio Oriente -zona de interés estratégico- y sin ser arrastrado en una peligrosísima guerra con Irán.

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