Deterioro sostenido de la democracia y del estado de derecho a nivel mundial. Esta es la principal conclusión del estudio de la organización IDEA Internacional, publicado en su “Informe Global sobre el Estado de la Democracia 2026”.
El informe -poco alentador, por cierto- señala que el 57% de los países (de un total de 98 evaluados) registró en 2025 retrocesos en, al menos, un indicador de democracua en comparación con cinco años atrás, en 2020. Las mejorías, en su mayoría leves, fueron el 32% del total.
Lo cierto es que el 2025 fue el undécimo año consecutivo en que más países retrocedieron en la medición.
El informe también destaca que la independencia judicial mundial está en su nivel más bajo en 36 años y las “elecciones “creíbles” en su peor nivel en 30 años. Además, la libertad de expresión, la libertad de prensa y el acceso a la justicia muestran fuertes retrocesos.
Ante esos resultados, IDEA Internacional alerta que el debilitamiento de las instituciones democráticas aumenta el riesgo de la conflictividad y la violencia política y social.
En cuanto a Uruguay, el informe indica que sigue siendo una de las democracias más sólidas de América Latina y el Caribe, con un desempeño alto en prácticamente todas las dimensiones estudiadas.
De hecho, Uruguay se mantiene con muy buenos desempeños en representación y participación, pero con un leve descenso en estado de derecho, vinculados al control del crimen organizado y la criminalidad, así como en efectividad en las resoluciones de la Justicia. Esto en comparación con años anteriores.
“Son temas que deben ser vistos como alertas para una democracia de alto desempeño y resiliencia como la uruguaya, que tiene de los mejores indicadores de la región, pero con aspectos a cuidar”, afirmó a El País Marcela Ríos Tobar, directora de IDEA Internacional para la región, desde Chile.
El estudio muestra la existencia de una “gran fragmentación” de las alianzas y colaboraciones históricas entre países, lo que agrava el clima de incertibumbre radical que rige en el mundo de hoy. “A medida en que se cuestionan las alianzas políticas históricas, surgen nuevos bloques, la seguridad y la protección van mermando y las democracias están teniendo problemas para marcar el camino a seguir de forma decisiva”, afirma el informe.
Además, el texto da cuenta de que en el mundo predomina el “desempeño de rango medio o bajo” de la democracia, lo que genera situaciones de fragilidad política intermedia, algunas de ellas asociadas a potenciales inestabilidades o conflictos.
El retroceso global más generalizado aparece en libertad de expresión, seguido por libertad de prensa y luego, acceso a la justicia. “Gran parte del deteriorio es por golpes de estado y conflictos o centralización del poder, además de problemas con la gobernanza de la democracia o de la autocracia consolidada”, prosigue el informe. Como positivos, la organización IDEA destaca ciertos avances en países en contextos de transición, como Polonia.
Estados Unidos
Consultada sobre Estados Unidos, Ríos Tobar declaró que “justamente ese país, que ha sido históricamente una de las democracias tradicionales o emblemáticas en el mundo, tiene su caída más fuerte en sus mediciones en la comparación internacional, al bajar a su peor nivel en 50 años”. Las mediciones a las que hace referencia incluyen: representación, estado de derecho, derechos y participación ciudadana.
“Esto es altamente preocupante, porque tiene impacto no solo dentro de ese país, sino que irradia su deterioro democrático a otros lados, en tanto legitima narrativas y comportamientos autoritarios, o apoya discursos y posiciones de líderes populistas, que se replican en el exterior de Estados Unidos también, agregó.
A su entender, el deterioro democrático en Estados Unidos es tal vez más preocupante que en otros países, por su impacto geopolítico, en especial en América Latina y el Caribe.
En esa línea, el informe advierte textualmente que “hay retrocesos sin precedentes registrados en Estados Unidos, que a su vez están empeorando las perspectivas de la democracia en otros países”.
Algunos de los indicadores de la democracia estadounidense -desde la libertad de prensa hasta la independencia judicial, entre otros- que han caído estrepitosamente, según indica el informe, han afectado además la confianza en el multilateralsimo y el estado de derecho a nivel global, advierte.
Venezuela
Otro caso interesante de estudio es el país caribeño que atraviesa un proceso “sui generis” hacia una supuesta democratización, elecciones mediante, que no llegan a concretarse, porque “no existen condiciones para ello”, según ha señalado la administración Trump, que tiene bajo tutela al régimen chavista, luego de la capura del Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.
Al respecto, Ríos Tobar opinó, en base al estudio de IDEA Internacional, que “en Venezuela se está consagrando un deterioro democrático que, a pesar de la intervención de Estados Unidos, no se ha abierto al camino de la democratización que esperaban los venezolanos. Producto de experiencia de las elecciones de 2024 (con un resultado “digitado” por el chavismo), la gente quiere tener la posibilidad de concurrir prontamente a las urnas en un proceso electoral transparente, pero eso no ha ocurrido”.
En tal sentido, Ríos Tobar observó que en Venezuela se ha mantenido “intacto” el nivel de deterioro de las cuatro dimensiones de la democracia (representación, participación, derecho y estado de derecho). Su visión es que el sistema sigue congelado en una situación que “requiere urgentemente una apertura y convocar a elecciones libres y con garantías, lo antes posible”, dijo.
Otras advertencias
El informe de IDEA Internacional advierte que, en muchos países, si bien la ciudadanía sigue resistiendo ante el deterioro de la democracia, se está reduciendo el espacio cívico, por ejemplo, por la criminalización de las protestas pacíficas u otros mecanismos.
Otros estudios advierten que para mucha gente los sistemas democráticos no han podido contrarrestar la delincuencia, por lo que han retirado o disminuido su apoyo a este tipo de sistema, al tiempo que piden más “mano dura”, lo que es propio de regímenes autoritarios, sacrificando los valores de la democracia por la seguridad. En este contexto, los defensores de la democracia apelan a que el sistema logre desarrollar mecanismos eficientes para obtener resultados claros en contra de la violencia, y así lo demuestren ante la opinión pública para no perder adeptos.