Cuando faltan seis meses para las elecciones en Brasil, tres sondeos distintos divulgados en las últimas semanas coinciden en mostrar un escenario muy reñido en la primera vuelta, con escasa diferencia entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, el hijo de su antecesor, con entre el 35% y 40% de las preferencias para ambos, y un empate técnico en una hipotética segunda vuelta. Así, el apellido Bolsonaro se presenta de nuevo como la única amenaza para Lula, quien optará a un cuarto mandato.
El panorama es de polarización extrema entre la derecha que encarnan los Bolsonaro y la izquierda de Lula, y supone una repetición del tablero de las últimas dos últimas citas con las urnas, en 2022 y 2018.
Para ganarse el favor de los cerca de 156 millones de electores, Lula cierra cuentas y difunde balances de su mandato aún en ejercicio. Pero la evaluación del Gobierno se está deteriorando en los sondeos y las valoraciones negativas ya alcanzan el 40%, en un contexto de repunte del desempleo (5,8%) y de enfriamiento de la actividad económica.
Lula, de 80 años, apuesta por la continuidad de su alianza con la centroderecha más tradicional, al repetir fórmula con el vicepresidente, Geraldo Alckmin, y dar su respaldo a una lista de 18 ministros de su gabinete que competirán por asientos en el Poder Legislativo que le aseguren apoyo parlamentario en el caso de una victoria electoral.
Por su lado, Flávio Bolsonaro (44 años) busca ganarse el voto del centro. Ha hecho gestos a las mujeres, se ha presentado como “moderado” y recordado que él sí se vacunó durante el covid, al contrario de su padre.
No obstante, centrará su campaña en las promesas de mano dura contra la delincuencia, principal preocupación de los brasileños, así como en las promesas de recortar el gasto público y reducir los impuestos.
Si había dudas en círculos políticos sobre el potencial de otro Bolsonaro para desafiar a Lula cuando Jair Bolsonaro nombró a su hijo como sucesor, el pasado 5 de diciembre, los sondeos han confirmado lo contrario.
Para la doctora en Ciencia Política y especialista en Derecho Electoral de la Universidad de Brasilia Marcela Machado, “es un error subestimar” el fenómeno del bolsonarismo.
“Se ha consolidado como un lenguaje político, con valores, repertorios y una base social que no desaparece automáticamente con la ausencia o el debilitamiento de un líder específico”, agregó.
El panorama de polarización deja poco espacio para los otros cuatro posibles candidatos a la Presidencia. Las candidaturas, no obstante, solo se formalizarán entre julio y agosto, cuando se realizan las convenciones partidarias, y la campaña arranca oficialmente el 16 de agosto. EFE