El primer ministro británico, Keir Starmer, reiteró ayer lunes que no sumará al Reino Unido a los ataques contra Irán, aunque defendió su postura de permitir que Estados Unidos use las bases británicas en la zona para llevarlos a cabo, en una demostración del difícil equilibrio que trata de mantener en su relación con Donald Trump.
Starmer, ante la Cámara de los Comunes, reconoció que el presidente estadounidense pidió expresamente al Reino Unido sumarse junto con Israel a la guerra contra Irán -aunque no pronunció la palabra “guerra”- lanzada el sábado, a lo que él se negó, lo que suscitó el “desacuerdo” de Trump, dijo.
Al día siguiente, el jefe de la Casa Blanca hizo otra petición al Reino Unido: utilizar sus bases militares para su aviación, y en esta ocasión la respuesta fue afirmativa, aunque Starmer dijo entonces que sería solo para darle un uso “defensivo”.
Trump fue menos diplomático al explicar su versión de los hechos: en conversación con el diario The Telegraph dijo que estaba “muy decepcionado” con Starmer por negarle en un primer momento el uso de una base británico-estadounidense en el archipiélago de Chagos, en el océano Índico, y que cuando finalmente le dio su permiso “eso le tomó demasiado tiempo. Demasiado tiempo”.
“Esto probablemente nunca había pasado entre nuestros dos países con anterioridad”, dijo Trump al rotativo.
La justificación que Starmer dio para cambiar de opinión fue que se ajustaba a la legalidad internacional y, concretamente, al artículo 51 de la Carta Fundacional de la ONU. Ese artículo reconoce “el derecho inherente a la defensa individual o colectiva ante un ataque armado contra un miembro de Naciones Unidas, hasta que el Consejo de Seguridad tome las medidas necesarias para mantener la paz y seguridad internacionales”.
La sesión parlamentaria sirvió para demostrar que la postura de Starmer no convence prácticamente a nadie en el arco político británico y que no ha hecho más que ahondar la soledad del primer ministro, criticado incluso dentro de su propio partido.
Desde la oposición, la líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, reprochó a Starmer haber perdido la ocasión de reforzar la histórica alianza del Reino Unido con Estados Unidos, y le recordó que otros aliados tradicionales de este “eje occidental”, como Canadá y Australia, no tardaron sino unas horas en manifestar su apoyo a los ataques de Estados Unidos.
Por el contrario -continuó Badenoch- Starmer ni siquiera ha dicho explícitamente si apoya los bombardeos y el cambio de régimen en Irán.
Le respondió Starmer afirmando que él no cree “en los cambios de régimen desde el aire” -lo que sonó a otra crítica velada a EE.UU.-, aunque no ahorrase ninguna crítica con el Gobierno iraní actual por sus ataques a casi todos sus vecinos árabes del golfo Pérsico y por el tratamiento dado a sus propios ciudadanos.
EFE