El fatal error de un ingeniero del caos

¿Cómo hizo Cerimedo para avanzar hasta las cercanías del presidente boliviano? La respuesta estaría en el caos y la negligencia.

Fernando Cerimedo
Fernando Cerimedo.
Foto: EFE

El personaje podría definirse como un pequeño engranaje latinoamericano de lo que Giuliano da Empoli describe como “la ingeniería del caos”. El hombre cuyo oscuro poder destruyeron las balas a las que sobrevivió malherida la mujer que él habría ordenado asesinar, era un eslabón de la maquinaría propagandista que, mediante la desinformación y la promoción del odio, genera liderazgos patológicos y los ayuda a presidir gobiernos.

Como asesor de imagen y consultor político con especialidad en asesoramiento de campañas electorales, Fernando Cerimedo es una suerte de versión siniestra de lo que es Jaime Durán Barba.

El consultor ecuatoriano tiene páginas turbias en su rica historia profesional, como haber asesorado en Colombia al partido Alternativa Liberal, que lideraba Pablo Escobar antes de ser procesado por narcotráfico en gran escala.

Pero aquella fue una excepción. La regla en Durán Barba fue asesorar a políticos centroderechistas de su país, como el ex presidente Jamil Mahuad, el también ex presidente Guillermo Lasso, el cinco veces candidato Alvaro Noboa, el ex alcalde de Quito Mauricio Rodos y otros dirigentes como Jaime Nebot.

Durán Barba también asesoró al ex presidente argentino Mauricio Macri y dirigió la campaña del mexicano Marcelo Ebrard, cuando el ex canciller de Andrés Manuel López Obrador enfrentó en la interna del partido centroizquierdista MORENA a la actual presidenta Claudia Sheimbaun.

En el caso de Cerimedo, la regla es la asesoría electoral y la acción propagandística al servicio de dirigentes ultraconservadores. Jair Bolsonaro, incluida alguna participación en el armado del intento golpista por el cual fue condenado el ex presidente brasileño; el hondureño Nasry Asfura, el chileno José Antonio Kast y el argentino Javier Milei fueron sus clientes más notables.

No sólo les aportó asesoramiento electoral sino que también integró el aparato de propaganda que produjo fake news a escalas industriales para la difamación y linchamiento de imagen contra sus opositores y críticos.

El accionar truculento en el terreno de la propaganda y los vínculos con la derecha extrema es la regla en Fernando Cerimedo. Parte de su aparato de propaganda dedicado al linchamiento de imagen pública mediante falsedades era La Derecha Diario, el medio de comunicación que co-fundó y codirigió con el ultraconservador español Javier Negre, denunciado en México por las campañas de desinformación que orquestó contra la presidenta Sheinbaum.

La Derecha Diario ha sido en estos últimos dos años una parte relevante del aparato de propaganda del gobierno de Javier Milei, de quien Cerimedo fue asesor en la campaña electoral.

En Chile, antes de asesorar la campaña de Kast, puso su aparato de desinformación y generación masiva de fake news contra el gobierno del presidente centroizquierdista Gabriel Boric.

Finalmente logró ingresar al gobierno de Bolivia, situándose en las cercanías del presidente Rodrigo Paz. Desde esa posición de poder habría organizado el atentado que dejó malherida a la mujer que lo amenazaba con hacer revelaciones que lo destruirían y afectarían muy negativamente a muchos involucrados en sus presuntas conspiraciones.

La pregunta que creció desde Bolivia tras el fallido atentado es cómo logró Cerimedo llegar hasta las cercanías del presidente. En la elección que lo convirtió en jefe de Estado, Rodrigo Paz no era la opción extremista sino de centro derecha. Al espacio ultra lo representaba Jorge Quiroga, el candidato que perdió el ballotage.

¿Cómo hizo Cerimedo para avanzar hasta las cercanías del presidente boliviano? La respuesta estaría en el caos y la negligencia que caracterizan al gobierno de Rodrigo Paz.

La Derecha Diario y los ejércitos de trolls, además de las intrigas y la corrupción, son las armas que manejó con habilidad para escalar en el caótico gobierno boliviano, quedando en posición de ser el poder detrás del trono.

Cuando su carrera quedó acribillada por los sicarios que él mismo habría contratado, estaba cerca de lograr lo que más ambicionaba. Eso que tan bien describe el título de otro libro de Giuliano da Empoli: “El mago del Kremlin”.

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