Cómo tres meses de guerra contra Irán cambiaron el Golfo Pérsico para siempre

Estados Unidos afirma que nada socavará la seguridad de sus aliados en Medio Oriente.

Estrecho de Ormuz. Uno de los cambios más trascendentales en el Golfo ha sido el cierre efectivo del estrecho por parte de Irán.
Estrecho de Ormuz. Uno de los cambios más trascendentales en el Golfo ha sido el cierre efectivo del estrecho por parte de Irán.
Foto: EFE

Durante décadas, los habitantes de las ricas naciones árabes del Golfo Pérsico observaron por televisión cómo se desarrollaban las guerras de la región. La guerra afectaba a sus vecinos -en Yemen, en Siria, en la Franja de Gaza-, pero no a ellos.

Esa ilusión se desvaneció con la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán. El conflicto trastocó la sensación de seguridad de estos países, paralizó sus economías ricas en energía y los obligó a reconsiderar sus estrategias de defensa. Las bases militares estadounidenses en su territorio, lejos de protegerlos, los convirtieron en blanco de miles de misiles y drones iraníes.

Los combates parecen haber terminado, al menos por ahora, pero muchos en los países del Golfo Pérsico temen que el acuerdo que está surgiendo entre Estados Unidos e Irán sirva de poco para aliviar la amenaza que Irán representa para ellos, según afirman los analistas.

En un reconocimiento tácito de las preocupaciones de los países del Golfo, el secretario de Estado Marco Rubio se reunió esta semana con varios líderes árabes de la región para tranquilizarlos. El miércoles, declaró a la prensa en Kuwait que Estados Unidos “no hará nada que socave la seguridad de nuestros aliados”.

Sin embargo, con sus vulnerabilidades al descubierto, los países del Golfo han cambiado para siempre a causa de la guerra. Muchos ahora están decididos a aumentar su poderío militar, invirtiendo más en armamento y defensa. Este nuevo panorama representa un cambio palpable respecto a los ambiciosos y optimistas proyectos que definieron la última década en la región.

“Ha dejado una herida profunda”, declaró Khalid Al-Jaber, director ejecutivo del Consejo de Medio Oriente sobre Asuntos Globales, un instituto de investigación con sede en Catar. “La recuperación va a llevar muchísimo tiempo”.

Las escenas que se desarrollaron en los últimos meses en ciudades del Golfo como Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos, y Doha, en Catar, incluyendo explosiones masivas y rascacielos de lujo humeantes, eran impensables para la mayoría de los residentes.

Los padres se refugiaban con sus hijos en los pasillos mientras las alertas de misiles resonaban en sus teléfonos. En los Emiratos Árabes Unidos, las escuelas cerraron durante semanas y algunos residentes extranjeros adinerados huyeron. La única comparación histórica que muchos en la región podían establecer era la invasión iraquí de Kuwait, ocurrida hace más de tres décadas. Si bien los países del Golfo lograron interceptar la gran mayoría de los ataques con misiles y drones de Irán, más de 30 personas murieron y decenas resultaron heridas.

A medida que cada gobierno adopta su propio enfoque hacia Irán, la guerra parece haber acentuado las diferencias entre algunos países del Golfo, en lugar de unificarlos.

Emiratos Árabes Unidos ha reforzado sus alianzas con Estados Unidos e Israel. Catar ha desempeñado un papel clave como mediador en las negociaciones para un acuerdo entre Estados Unidos e Irán. Arabia Saudita ha buscado mantener abiertas sus opciones, intentando influir en las decisiones de la administración Trump y, al mismo tiempo, mantener canales de comunicación con funcionarios iraníes.

Omán se ha ganado la ira del presidente Donald Trump al entablar conversaciones con Irán sobre la posible imposición de tasas por el uso del estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que los estados del Golfo exportan petróleo y gas.

Uno de los cambios más trascendentales ha sido el cierre efectivo del estrecho por parte de Irán. La amenaza de que Irán pueda volver a cerrarlo algún día se cierne ahora sobre la región y, como consecuencia, los países del Golfo están replanteándose cómo entran y salen de sus países el petróleo, los alimentos y otros bienes.

El gobierno de los Emiratos Árabes Unidos está implementando una estrategia de “cero dependencia del estrecho de Ormuz”, expandiendo sus puertos fuera del estrecho y construyendo oleoductos y ferrocarriles, según declaró recientemente el ministro de Comercio del país a Bloomberg. Por su parte, Omán, una nación generalmente tranquila -que cuenta con puertos en el mar Arábigo, a cientos de kilómetros del estrecho- se ha convertido en un centro logístico crucial para sus vecinos, transportando mercancías por tierra.

En una reunión del Grupo de los Siete celebrada la semana pasada en Francia, el jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan, el poderoso líder de los Emiratos Árabes Unidos, transmitió un mensaje de gratitud a Trump.

“Gracias por su apoyo, por su compromiso con sus amigos”, dijo, inclinándose hacia adelante en su asiento. “Significa mucho para nosotros, y nos han demostrado quién es el verdadero aliado”.

Sin embargo, según los analistas, entre bastidores muchos funcionarios del Golfo sienten una mezcla de frustración y decepción con sus aliados de larga data, incluidos los Estados Unidos.

El acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán apenas mencionaba las preocupaciones de los gobiernos del Golfo, como el arsenal de misiles y drones de Irán o su apoyo a las milicias regionales.

El lunes, la administración Trump levantó temporalmente las sanciones petroleras contra Irán, lo que podría suponer un impulso económico para el país.

En una columna reciente publicada en el periódico Asharq Al-Awsat, Abdulrahman al-Rashed, un escritor saudí cercano a la cúpula del reino, argumentó que el acuerdo reciente entre Estados Unidos e Irán “rehabilita al régimen de Teherán como potencia regional”.

Los beneficios financieros que podría aportar “convertirán a Irán en un monstruo aún mayor de lo que era antes”, escribió Al-Rashed.

Los funcionarios estadounidenses también han sugerido que los estados del Golfo podrían contribuir a un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares para Irán, una idea que ha recibido una fría acogida en la región.

Al-Jaber afirmó que da la impresión de que la administración Trump está viendo al Golfo “como un cajero automático”, y que eso “molesta a mucha gente”.

El viaje de Rubio esta semana a los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin puso de relieve esas tensiones, al tiempo que intentó enfatizar que los funcionarios estadounidenses estaban interesados en tener en cuenta los puntos de vista de toda la región.

“Si bien queremos llegar a un acuerdo, no lo queremos a cualquier precio”, dijo.

El jueves, tras una reunión con los ministros de Asuntos Exteriores de los países del Golfo en Bahréin, Rubio declaró a la prensa que estos habían “compartido con nosotros algunas preocupaciones muy concretas” y que él se había comprometido a que sus gobiernos participarían “en cada paso del proceso” durante las negociaciones con Irán.

En sus conversaciones, no mencionó la idea de que los gobiernos del Golfo contribuyeran al fondo de 300.000 millones de dólares, según declaró. En cambio, los funcionarios del Golfo le dijeron que les interesaba mucho recibir sus propios fondos para la reconstrucción, afirmó Rubio.

En un discurso pronunciado durante una reunión con Rubio, Abdullatif al-Zayani, ministro de Asuntos Exteriores de Bahréin, afirmó que la región acogía con satisfacción el fin de las hostilidades “tras los graves desafíos a los que nos enfrentamos”.

“Hoy vemos un rayo de esperanza”, dijo.

Sin embargo, tras la última guerra, “existe la percepción en el Golfo de que la disuasión contra Irán se ha reducido”, afirmó Mahdi Ghuloom, un investigador bareiní, lo que significa que las amenazas de Estados Unidos e Israel contra Irán podrían ser menos efectivas en el futuro.

Si bien Irán fue duramente golpeado por la campaña de bombardeos, su gobierno finalmente sobrevivió y aprendió que podía utilizar herramientas poderosas como su control sobre el estrecho de Ormuz.

En consecuencia, según Ghuloom, es hora de que los países del Golfo entablen sus propias conversaciones por separado con Irán, con la posibilidad de alcanzar un pacto de no agresión con su vecino.

Vivian Nereim / The New York Times

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