Candidato de derecha De la Espriella ganó elecciones en Colombia y pasa a segunda vuelta contra el izquierdista Cepeda

El país se debate entre dos visiones; el resultado del próximo 21 de junio será importante también para la región, donde el presidente Trump ha puesto la mira y su influencia últimamente.

El candidato presidencial colombiano Abelardo de la Espriella, del movimiento Salvadores de la Patria, saluda mientras vota en un colegio electoral durante las elecciones presidenciales en Barranquilla, Colombia, el 31 de mayo de 2026.
Celebraciones. De la Espriella celebra el resultado ante la posibilidad más cercana de ser el sucedor del presidente de Colombia, Gustavo Petro.
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El candidato de derecha Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, ganó las elecciones en Colombia ayer domingo, y junto al izquierdista Iván Cepeda, del Pacto Histórico, diputarán en segunda vuelta la Presidencia del país el próximo 21 de junio.

Con el 99% de las mesas contabilizadas, De la Espriella da la sorpresa al pasar de los 10 millones de votos (43,7%), un resultado mejor que el que le daban las encuestas, en las que siempre estuvo en segundo lugar, detrás de Cepeda.

El candidato de la izquierda quedó en segundo lugar, con 9,5 millones de papeletas (40,9%), según la Registraduría nacional, entidad que organiza las elecciones. Sin embargo, como ninguno obtuvo la mitad más uno de los votos necesaria para proclamarse vencedor en primera vuelta, De la Espriella y Cepeda irán a una segunda ronda.

De la Espriella se pronunció luego de los resultados, agradeciendo a los “colombianos que respondieron a su llamado y aseguró que en 21 días su campaña “hará historia”. Quien ha usado el apodo de “El Tigre”, aseguró que en la segunda vuelta su campaña “derrotará a la tiranía y al absolutismo”.

“Por lo pronto, vamos a celebrar esta victoria de los nunca, de los nunca hemos vivido de la teta del Estado, de los que nunca hemos hecho politiquería contra los de siempre, contra los que siempre han hecho politquería, han vivido de la teta del Estado y hacen parte del establecimiento y del mismo régimen de Gustavo Petro”, señaló.

El tercer puesto es para la senadora Paloma Valencia, del partido uribista Centro Democrático, que recibió 1,6 millones de votos (6,9%). Ella es la gran perdedora de estas elecciones porque su votación es muy inferior al 12% que le daban las últimas encuestas. Ayer ya anunció que apoyará a De la Espriella. En cuarto lugar se sitúa Sergio Fajardo, del partido de centro Dignidad & Compromiso, con 992.510 votos, que representa el 4,26%.

De la Espriella

Es un abogado millonario, de personalidad desparpajada que sacó a la derecha tradicional de la contienda con un discurso antisistema y de desprecio por la izquierda.

Con 47 años, aspira por primera vez a un cargo de elección popular tras años dedicado a defender a múltiples personalidades del país, incluidos paramilitares, narcotraficantes y estrellas de fútbol.

Practicante judeocristiano, caribeño y admirador de Donald Trump, De la Espriella dejó atrás su vida entre lujos en la ciudad italiana de Florencia. Radical contra el primer de izquierda de Gustavo Petro, se presenta como un comerciante próspero: “Yo no soy un mercader de ilusiones, soy un empresario de realidades”, dijo en campaña. Su objetivo: “que la empresa más importante del país, que es el Estado, sea manejada por gente que en su vida ha creado riqueza”, dijo en su sede de campaña en Bogotá.

En la campaña denunció amenazas de muerte y daba discursos detrás de un cristal antibalas. Para lograr su meta, se inspira en los mandatarios Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele, pues cree que “la política necesita más empresarios y menos políticos”.

Apuesta por sepultar el tribunal surgido del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC en 2016 y que juzga los peores crímenes del conflicto armado.

Cantante de ópera aficionado, suele vestir trajes impecables sin corbata y mocasines.

En la carrera electoral, le llueven cuestionamientos sobre el origen de su fortuna. Antes de aspirar a la presidencia, el abogado presumía en sus redes sociales de viajes en aviones privados, trajes de sastrería, sombreros y lentes oscuros de lujo. Durante la carrera presidencial fue criticado por declaraciones tildadas de machistas y homofóbicas, que no afectaron sin embargo su popularidad. Es padre de cuatro niños y amante del golf, y asegura que tiene “los cojones” para gobernar con “mano de hierro” al país con mayor producción de cocaína del mundo.

El candidato presidencial colombiano del partido gobernante Pacto Histórico, Iván Cepeda (derecha), saluda a sus seguidores junto a su compañera de fórmula vicepresidencial, Aida Quilcue (izquierda), tras conocerse los primeros resultados de la encuesta a pie de urna de las elecciones presidenciales en el Hotel Tequendama de Bogotá, el 31 de mayo de 2026.
El candidato presidencial colombiano, Iván Cepeda (derecha) junto a su compañera de fórmula vicepresidencial, Aida Quilcue (izquierda).
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Cepeda

Cuando era profesor de filosofía, Iván Cepeda encontró baleado a su padre, un político comunista asesinado por agentes estatales. Frente al cadáver clamó justicia, en la primera aparición pública de una agitada carrera.

Agentes estatales aliados con paramilitares acribillaron al dirigente en 1994, un crimen que marcó la vida y profesión del candidato de 63 años: se convirtió en defensor de derechos humanos, sufrió el exilio y ganó cuatro elecciones al Congreso donde opositores de derecha los tachan de marxista convencido.

El senador, que rechaza esa etiqueta, de niño, por la persecución contra su padre, se exilió en Checoslovaquia, Cuba y Bulgaria. Al regresar al país se puso del lado de las víctimas del conflicto armado, realizó un papel clave en el proceso de paz de 2016 que desarmó a las FARC, ha sido legislador (2010-2026) y ahora una de las dos opciones para suceder a Petro, el primer izquierdista en la presidencia de Colombia.

Cepeda decidió no tener hijos y vive en compañía de su esposa y tres perros chow chow. Es reconocido como un personaje escéptico que nunca pierde el control de sus emociones. Admira a Gandhi, al filósofo marxista italiano Antonio Gramsci, y ha escrito libros sobre Sigmund Freud y Michel Foucault. Habla checo y ruso, y practicó hockey sobre hielo, según escribió su amigo León Valencia en el libro “Iván Cepeda, una vida contra el olvido”.

Su forma de expresarse contrasta con la del elocuente y provocador Gustavo Petro, que de joven perteneció a una guerrilla nacionalista antes de firmar la paz en 1990.

Cepeda cuida sus palabras al punto de escribir minuciosamente cada discurso. Juntos protagonizaron históricos debates en el Congreso en los que denunciaron los nexos entre el paramilitarismo y políticos.

Aunque vivió en países del bloque de la Unión Soviética, rechaza los modelos tradicionales soviéticos y apuesta por un “capitalismo productivo” y “diverso”. Se define como un “progresista”.

En un largo proceso judicial de más de una década, el dirigente izquierdista denunció que Álvaro Uribe sobornó a paramilitares encarcelados, por lo que el exmandatario fue condenado a 12 años de prisión domiciliaria. Luego un juez revocó esa sentencia.

Cepeda también es blanco de críticas por ser el artífice de la “paz total”, la política de Petro para negociar con todos los grupos armados que no ha dado buenos resultados.

El candidato se compromete a continuar con las reformas sociales del gobierno actual, a las que llama “revoluciones”.

“Venimos a profundizar las reformas y acelerar las transformaciones sociales que el país clama con urgencia para hacerlas irreversibles”, afirmó.

Análisis

El intentar inclinar la cancha “es constante”

Es verdad que todo lo que ha determinado la política en Colombia a lo largo de su historia republicana ha llevado a que con mucha frecuencia las elecciones presidenciales se desarrollen en medio de tensiones. Es una constante. Los factores que rodean la jornada del domingo no son menores. Y son innegables. El primero tiene que ver con el comportamiento del propio Gobierno Nacional. Nunca antes, al menos de una manera tan abierta y persistente, un gobierno había dado tantas señales de querer inclinar la cancha en favor de un determinado proyecto político. El uso de medios públicos para difundir contenidos proclives a uno de los aspirantes, el incremento de la contratación estatal bajo criterios cuestionados y poco claros a pocos días de la elección, así como la constante participación política de altos funcionarios gubernamentales, configuran un escenario profundamente preocupante. En este sentido, las denuncias tanto de distintos sectores políticos como de la ciudadanía no pueden ser desestimadas ni minimizadas. Lo que está en juego, insistimos, es la confianza en las reglas del sistema democrático. A ello se suma otro elemento inédito y desafortunado: la ausencia de debates entre los favoritos en la contienda. Durante cerca de cuatro décadas, los debates televisados se consolidaron como una herramienta esencial para contrastar ideas, medir capacidades y permitirles a los ciudadanos tomar decisiones mejor informadas. El vacío de estos espacios se siente más cuando es evidente que esta ha sido una campaña marcada por evasivas, estrategias digitales confusas y mensajes fragmentados. Con todo, quizás el elemento más delicado haya sido la irresponsable difusión de teorías infundadas de fraude. Que estas versiones hayan circulado ya era grave. Pero que incluso el propio Presidente de la República, Petro, contribuyera a amplificarlas resulta aún más inquietante. Debemos insistir en que sembrar dudas carentes de sustento sobre el sistema electoral erosiona la legitimidad institucional y alimenta peligrosamente la polarización. A Colombia no le convienen discursos incendiarios ni mensajes ambiguos frente a un sistema electoral que ha sido reconocido por décadas como confiable y referente regional. En este orden de ideas, el llamado hoy es inequívoco: cualquiera que sea el resultado que entregue la Registraduría, este debe ser aceptado sin vacilación.

El Tiempo (GDA)

Con información de EFE, AFP y El Tiempo (GDA)

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