El acercamiento de Milei y Macri ante el riesgo del avance peronista ante las elecciones de Argentina en 2027

El Pro entra nuevamente en el radar del gobierno libertario, que sopesa que, si hay segunda vuelta, las fuerzas peronistas de cualquier matiz se unirían entre sí.

Presentacion de libro de Javier Milei
Mandatario. El equipo de Javier Milei ya está pensando en la estrategia política para las elecciones presidenciales del próximo año.
Foto: AFP fotos

Escepticismo. Esa palabra se extendía por la cúpula de Pro cuando ni siquiera se habían reunido las delegaciones de mileístas y macristas. Tal vez es la mejor conclusión de la inicial conversación entre Mauricio Macri y Karina Milei, en la que los dos empezaron con prioridades distintas. El acercamiento, promovido previamente por delegados de uno y otro bando, es la aceptación implícita (y explícita, por qué no) de que el Gobierno ya no siente la seguridad electoral posterior a los comicios de octubre pasado.

Los hermanos Milei creyeron que la victoria nacional de ese octubre de milagro, ciertamente importante, fue obra de la perspicacia política de Karina. No es una deducción: el Presidente lo dijo abiertamente. Nunca, hasta ahora, analizaron que en aquella elección habían intercedido de manera decisiva Donald Trump, cuando le hizo una especie de extorsión a la sociedad argentina (él entregaría un préstamo de 20.000 millones de dólares solo si ganaba Milei), y la decisión del santo mileísta Axel Kicillof de adelantar las elecciones bonaerenses. Kicillof ganó ampliamente esos comicios provinciales, la estabilidad económica comenzó a trastabillar y, en el medio de un naufragio que parecía inexorable, Trump prometió aquella ayuda condicionada. Un mes y medio después, Milei ganó también ampliamente las elecciones nacionales. Pero el gobierno posterior a octubre fue otro, porque los Milei y la sociedad tomaron caminos distintos. “Lo que fue eficaz en octubre, ya no lo es”, observa Juan Germano, director de la consultora Isonomía. En octubre, una parte significativa de los argentinos le dijo gracias al Presidente por haber bajado la inflación, pero ahora le exige un poco más de creatividad para mejorar sus vidas.

Los Milei miraban otra película. De hecho, no hubo desde entonces más milanesas como las que el jefe del gobierno solía compartir con Macri en la casona presidencial de Olivos. No se ven desde poco antes de las elecciones de octubre.

Así, mientras la diarquía que gobierna escalaba cimas muy altas de arrogancia y proclamaba que no necesitaría de nadie para que Javier Milei ganara la reelección en 2027, un porcentaje enorme de la sociedad comenzó a ver con ojos críticos la gestión de la administración nacional. No se trata solo de la percepción del gusto o del mal gusto del oficialismo; ese porcentaje social está endeudado porque necesita créditos para pagar los gastos fijos de cualquier hogar.

Las encuestas registran dos fenómenos. Por un lado, reflejan una notable caída en la aprobación del Gobierno. Por el otro, un porcentaje no mayoritario, pero destacado, sigue confiando en un destino más amable liderado por Milei, quizás porque la única perspectiva que rechaza es el regreso al pasado del peronismo.

La principal teórica de que con el mileísmo bastaba y sobraba era precisamente Karina Milei. Su némesis en las cercanía presidencial la corporiza el principal asesor presidencial, Santiago Caputo, quien venía impulsando una amplia coalición electoral para el domingo en que se decidirá la reelección del jefe del Estado. Caputo sostiene que deben hacerse acuerdos con una media docena de gobernadores, de Pro, radicales y hasta peronistas, aunque siempre desliza cierta lejanía crítica con Mauricio Macri. Esa distancia política o personal -quién lo sabe- es mutua. Todo debe decirse.

Los acuerdos propuestos por Caputo consisten en darles a los gobernadores todas las candidaturas provinciales (legisladores locales, intendencias y concejos deliberantes), pero preservando para el mileísmo las candidaturas a legisladores nacionales, para Diputados como para el Senado.

Lo que sucedió en estos días entre el mileísmo y el macrismo (el acercamiento) es de algún modo el triunfo de la estrategia de Caputo sobre el plan de autonomía electoral de Karina Milei.

Minorías intensas

“Riesgo de balotage es alto para Milei”

El país está atenazado por dos minorías intensas. Una la lidera Javier Milei y la otra la capitanea, guste o no, Cristina Kirchner. A nadie en el peronismo le gusta su jefatura, pero nadie está dispuesto a desafiarla seriamente. Kicillof es el único que toma un poco de distancia de ella, pero tiene solo la provincia de Buenos Aires. El resto de los gobernadores peronistas espera, algunos -es cierto- con más prudencia con respecto de Milei. Las encuestas, y sobre todo la tendencia a descender en ellas, es un factor decisivo de la política. Y eso es precisamente lo que está sorprendiendo a los Milei. El liderazgo político está vacante para un 40 o 50 por ciento de la sociedad argentina. A su vez, también Kicillof no repara en serios errores políticos. Acaba de aliarse con un personaje, Santiago Cúneo, que se llama periodista, pero que es un político de ideas extremistas. El canal de noticias Crónica se vio obligado a echarlo en 2018, luego de que hiciera declaraciones claramente antisemitas en un programa que tenía en ese medio. El desafío de Milei consiste en que debe ganar en primera vuelta el año próximo. El tamaño del riesgo de una segunda vuelta, o balotaje, sería enorme. Frente a él se juntarían el peronismo de cualquier matiz, liderado por el kirchnerismo; las muchas variantes de la quebrantada izquierda, y hasta sectores del radicalismo influidos por ideas progresistas. Sobre el acercamiento Milei y Macri, a veces la política solo puede elegir a sus adversarios, no a sus aliados.

Joaquín Morales Solá / La Nación (GDA)

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