El presidente de Argentina, Javier Milei, llegará a la apertura de sesiones del domingo próximo con un dato político que buscará exhibir como propio: el quiebre del peronismo en el Senado. Tres gobernadores alineados en distintos niveles con la Casa Rosada impulsaron la ruptura del interbloque del PJ, después de haber contribuido al avance de la reforma laboral en Diputados.
Se trata de Raúl Jalil (Catamarca), Gustavo Sáenz (Salta) y Osvaldo Jaldo (Tucumán), mandatarios que sostienen una relación pragmática con el oficialismo y que resultan claves en la aritmética parlamentaria.
Esta vez, su movimiento impactó en la Cámara alta: tres senadores dejaron este lunes el interbloque Popular que conduce José Mayans y el PJ quedará reducido a 25 integrantes. Los que abandonarán el espacio son Carolina Moisés (Jujuy), Guillermo Andrada (Catamarca) y Sandra Mendoza (Tucumán).
Los legisladores anunciaron la conformación de un bloque propio, presidido por Moisés, aunque con una reafirmación de identidad peronista. “No somos libertarios, no nos vamos con Milei y somos críticos de su plan económico. La conducción del Partido Justicialista nacional se dedicó a promover divisiones internas de manera irreversible, a sancionar y expulsar compañeros sin objetividad, y es responsable también de los fracasos electorales”, señalaron.
Desde 1983, el peronismo mantuvo el control del Senado y funcionó como un actor con poder de veto. Esa mayoría comenzó a resquebrajarse justo antes de que Milei inaugure el período legislativo, en un discurso que el Gobierno prepara para el prime time televisivo.
Los tres senadores conformaban un mismo espacio junto a Fernando Salino (San Luis) y Fernando Rejal (La Rioja). Hasta hoy convivieron dentro de un interbloque con 21 legisladores kirchneristas y los dos santiagueños referenciados en el exgobernador Gerardo Zamora.
“Por ahora son solo tres, aunque van a tratar de convencer a los demás”, admitieron referentes del espacio a LA NACION. Tanto Salino como Rejal se mueven con cautela entre sus agendas provinciales y las tensiones nacionales: el primero responde al armado del exgobernador Alberto Rodríguez Saá, enfrentado tanto al kirchnerismo como al oficialismo de Claudio Poggi en San Luis; el segundo, alineado con Ricardo Quintela, busca el equilibrio entre una agenda federal crítica del “ambacentrismo” de Cristina Kirchner y la disputa local con el armado de los Menem.
La salida se formalizará esta tarde, según fuentes parlamentarias. En el entorno del grupo no descartan ampliar el espacio con otros referentes provinciales sueltos, como la salteña Flavia Royón, la tucumana Beatriz Ávila y los dos misioneros aliados a Carlos Rovira.
Gobernadores, obras y negociación
Detrás de la ruptura asoma un factor común: la relación de los gobernadores con la Casa Rosada. Con recursos escasos, la mayoría depende del margen de negociación que les otorgue la Nación.
Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), dirigido por Nadin Argañaraz, registró en enero una caída real interanual del 6,6% en las transferencias automáticas a provincias y la Ciudad. La baja se explica, en gran parte, por la retracción del consumo y del IVA. Con un Gobierno que recortó obra pública y administra los fondos con criterio político, los mandatarios negocian caso por caso, sin coordinación colectiva.
Jalil es uno de los ejemplos más claros. Busca destrabar el financiamiento del Acueducto Albigasta, una obra hídrica conjunta entre Catamarca y Santiago del Estero. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) prevé desembolsar más de 200 millones de dólares, pero el contrato requiere una garantía nacional que todavía no fue firmada. El aval implica que, ante insolvencia provincial, el Tesoro responda y luego descuente el monto de la coparticipación. Esa firma -clave para el proyecto- permanece frenada, aunque ahora podría aparecer.
El antecedente más reciente fue la Ciudad de Buenos Aires, que necesitó un aval similar para un préstamo del BID destinado a fortalecer el sistema de salud. Aunque el proyecto había sido aprobado en noviembre de 2024, la garantía nacional llegó recién tras el acuerdo electoral entre Pro y LLA.
Jalil ya había mostrado su pragmatismo en Diputados. En diciembre retiró a tres legisladores de Unión por la Patria, armó el bloque Elijo Catamarca y contribuyó a que el oficialismo desplazara al peronismo como primera minoría. Poco después, la provincia recibió el control de Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD), una caja clave que concentra el 60% de las utilidades netas provenientes de explotaciones de oro, plata y litio. El actual presidente de la entidad es Fernando Miguel Jalil, hermano del gobernador.
Tucumán también obtuvo beneficios concretos. En noviembre, en la previa del debate presupuestario que Jaldo terminó respaldando, la Nación giró $20.000 millones en Aportes del Tesoro Nacional (ATN), el monto individual más alto entregado durante la gestión de Milei. Salta, en paralelo, se ubicó entre las provincias más favorecidas por las transferencias discrecionales del Gobierno.
Un vínculo roto
La ruptura venía madurando desde hace tiempo. En Jujuy y Salta, Cristina Kirchner intervino el PJ con dirigentes propios que definieron las listas en la última elección. A Moisés, incluso, la expulsaron del partido. Jaldo y Jalil lograron contener sus territorios con listas de unidad, pero la tensión nunca desapareció.
El debate por la reforma laboral terminó por quebrar la convivencia. La discusión tocó el corazón discursivo del peronismo -la representación de los trabajadores- y dejó expuestas las diferencias internas. Sin una conducción unificada, prevaleció la fragmentación.
Durante el debate, Moisés denunció presiones internas y reivindicó su autonomía política. “Siempre voy a votar lo que sea mejor para los jujeños”, afirmó, tras relatar una campaña de cuestionamientos dentro de su propio espacio. También ensayó una autocrítica: sostuvo que el peronismo se alejó de la realidad social y quedó atrapado en una lógica de resistencia permanente. Tanto ella como sus nuevos compañeros de bloque votaron en contra de la reforma laboral de Milei.
En Diputados, el clima fue similar. Los legisladores tucumanos, catamarqueños y salteños que dieron quorum para habilitar el tratamiento del proyecto oficial fueron señalados como “traidores” por sectores del PJ. El caso más visible fue el del tucumano Javier Noguera: tras las críticas, abandonó la sesión y no volvió al recinto; en las votaciones siguientes figuró como ausente, a diferencia de sus compañeras del bloque Independencia, que acompañaron la iniciativa.
El comportamiento volvió a exponer la fragmentación del peronismo: mientras el bloque que conduce Germán Martínez -93 legisladores- rechazó la reforma en su totalidad y ni siquiera dio quorum, los espacios provinciales se dividieron entre el rechazo, el apoyo parcial y la colaboración para habilitar el debate.
Delfina celichini / La Nación (GDA)