Análisis de Alejandro Grobert: Boicot político disfrazado de derechos humanos

“Cancelar el convenio con la Universidad de Tel Aviv representa violentar la apertura hacia un mundo académico libre, innovador y plural”, opina el escritor sobre la decisión del Consejo de Facultad de Humanidades.

Facultad de Humanidades
Fachada de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educacion de la UdelaR.
Foto: Ignacio Sánchez

La decisión del Consejo de Facultad de Humanidades de revocar el convenio con la Universidad de Tel Aviv constituye un nuevo ejemplo de cómo parte del activismo antiisraelí intenta presentar como defensa de los derechos humanos lo que en realidad es un boicot político selectivo contra el único Estado judío del mundo.

El texto utilizado para justificar esta medida reproduce el discurso ideológico de sectores cuya prioridad no parece ser la paz ni la convivencia, sino la demonización sistemática de Israel. Resulta revelador que se considere escandaloso que una universidad israelí mantenga vínculos con el sistema de defensa de su país, especialmente después del 7 de octubre de 2023, cuando Israel sufrió la peor masacre de judíos desde la Shoá, perpetrada por la organización terrorista Hamas.

Se pretende instalar la idea de que la presencia de soldados en un campus israelí constituye una anomalía “militarista”, ignorando que Israel vive bajo amenazas permanentes desde su creación y que el servicio militar forma parte de su realidad social. En Israel, los soldados son ciudadanos: estudiantes, padres, científicos, médicos. No una casta separada de la sociedad. Además, en las FDI sirven no solo judíos, sino también árabes musulmanes, cristianos, drusos y miembros de otras minorías, reflejando una realidad diversa y diferente de la promovida por ciertos discursos militantes.

La hipocresía resulta evidente cuando quienes impulsan estos boicots guardan silencio frente a universidades de países donde no existe libertad académica real, opositores son encarcelados o minorías perseguidas sistemáticamente. El estándar parece aplicarse únicamente a Israel.

Fachada ANII
Fachada de Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), en el LATU, Los Nogales.
ANII.GUB.UY

También preocupa que se invoque la “libertad académica” para justificar la ruptura de vínculos con una de las universidades más prestigiosas y pluralistas de Medio Oriente, que cuenta con estudiantes judíos, árabes, musulmanes, cristianos, drusos y extranjeros; alberga debates políticos intensos y una diversidad ideológica impensable en gran parte de la región. Presentarla como un “cuartel militar” es solamente propaganda militante.

Estas campañas forman parte de una estrategia internacional de aislamiento contra Israel impulsada por sectores que suelen autodenominarse “pro-palestinos”, aunque rara vez promueven convivencia, negociación o reconocimiento mutuo. Este supuesto activismo humanitario termina convertido en una maquinaria de desinformación y hostilidad permanente hacia el Estado judío.

Además, este tipo de decisiones perjudica mucho más a estudiantes y académicos uruguayos que a sus pares israelíes. La Universidad de Tel Aviv seguirá siendo una de las principales instituciones de investigación e innovación del mundo en áreas como tecnología, medicina, inteligencia artificial, ciberseguridad y ciencias aplicadas. Quienes pierden oportunidades de intercambio, cooperación y acceso al conocimiento son principalmente los estudiantes locales, sacrificados en nombre de un gesto ideológico cuya utilidad práctica para la paz resulta inexistente.

También resulta inevitable preguntarse qué camino está tomando una parte de la Universidad cuando sectores cada vez más dogmáticos logran imponer agendas ideológicas por encima de los valores universales de la academia. Sus consignas aparentemente humanitarias, son acciones de cancelación alineadas con el BDS, y, cuya finalidad es generar aislamiento y la deslegitimación de Israel. En ese proceso, lo que se erosiona es el valor de la libertad de intercambio, cooperación, pensamiento y acceso al conocimiento.

Cancelar el convenio con la Universidad de Tel Aviv representa violentar la apertura hacia un mundo académico libre, innovador y plural. Y eso es lo que esta agenda busca desmantelar, avanzando por un camino marcado por el resentimiento ideológico, la hostilidad hacia el sionismo y, en mi opinión, una judeofobia apenas disimulada bajo el rótulo de activismo “pro-palestino”.

Empieza además a percibirse que la resolución vinculada al cierre de las oficinas de la ANI no ha sido un episodio aislado. Todo indica que formó parte de una dinámica más amplia de presión política, boicot académico y aislamiento institucional contra toda cooperación vinculada al Estado de Israel.

La academia debería ser un espacio para el pensamiento crítico y el intercambio intelectual, no una plataforma para importar consignas ideológicas simplistas ni para premiar narrativas falsas y caricaturas políticas. Romper puentes académicos no ayuda a nadie. Tampoco a los palestinos. Solo fortalece la polarización, la ignorancia y el sectarismo.

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