INVESTIGACIÓN

Uruguay produce en ciencia un 25% menos de lo que se podría esperar por su inversión

Estudio revela que por cada millón de dólares invertido, el país publica 4,1 artículos científicos.

Laboratorio del Casmu. Foto: Leonardo Mainé.
Cada 1.000 documentos científicos, 0,45 son uruguayos. Foto: Leonardo Mainé.

En las pandemias, como en las guerras, no hay ganadores. COVID-19 no es la excepción. Pero si en algo contribuyó la extensión planetaria del nuevo coronavirus es a la jerarquización de la ciencia. Tanto es así que algunos autores discuten si la ciencia nos salvará de la pandemia, o si la pandemia es la que salvará a la ciencia.

La publicación de documentos científicos -que requieren la revisión de los pares y son una carta de presentación de la ciencia- ya venía creciendo a un ritmo del 6% cada año previo al COVID-19. En América Latina, según describe un reciente estudio uruguayo cuyo equipo investigativo está centrado en la Universidad ORT, la producción científica aumentó, entre 1996 y 2019, a un promedio de 9% cada año. Y Uruguay se ubicó apenas por debajo de ese promedio regional (8,6%).

COVID-19 puso el pie en el acelerador. En los primeros 10 meses de la pandemia, y solo asociado al coronavirus, se publicaron 13 artículos científicos por hora. Este cálculo al que llegó la Universidad de Ohio da cuenta del estallido de papers (como le dicen en la jerga a los documentos que se publican en revistas científicas): “Se necesitaron más de 19 años para pasar de 4.000 a 90.000 artículos científicos sobre la ciencia a nanoescala (uno de los temas científicos más investigados en la década de 1990). La investigación del coronavirus alcanzó ese nivel en unos cinco meses”.

En este escenario volvió una pregunta clásica: ¿se invierte lo suficiente en investigación y desarrollo? La respuesta siempre es “no”. Aunque en la ciencia no hay verdades sagradas (Carl Sagan bromeaba con que en la ciencia la única verdad sagrada, es que no hay verdades sagradas), hay consenso de que (siempre que se invierta bien) se necesita más inversión.

El director ejecutivo del Institut Pasteur de Montevideo, Carlos Batthyány, lo resumió así: “Ya en 1911 había evidencia de que el desarrollo venía del valor agregado de los conocimientos”. En su visión, “de las crisis se sale invirtiendo en aspectos como la investigación”.

Los investigadores Néstor Gandelman, Osiris Parcero, Matilde Pereira y Flavia Roldán aprovecharon el apoyo financiero que recibieron a través del Fondo María Viñas (ANII) y se propusieron salir de la disyuntiva de si es mucho o poco lo que se invierte, y responder a lo siguiente: ¿cómo evolucionó la producción científica uruguaya? ¿Cómo se ubica, comparado con otros países, en relación a lo que se invierte en investigación y desarrollo? ¿Y en proporción a la cantidad de investigadores?

Cada 1.000 habitantes en el mundo, hay cerca de 0,45 uruguayos. Esa misma relación es la que, según estos investigadores, existe entre la producción científica mundial y la local: cada 1.000 trabajos académicos en el mundo, hay 0,45 que son de producción o autoría uruguaya. A esta estimación llegaron en base a la información bibliométrica contenida en una base de datos que cubre más de 34.000 títulos de más de 5.000 editores internacionales y 239 países en todo el mundo.

Instituto Pasteur de Montevideo trabaja en la investigación del nuevo coronavirus. Foto: Leonardo Mainé.
Instituto Pasteur de Montevideo. Foto: Leonardo Mainé - Archivo El País.

En 2019, el último año con datos actualizados y hasta el que alcanza el estudio publicado por Universidad ORT, por cada millón de dólares que Uruguay invertía en investigación y desarrollo, publicaba 4,1 artículos científicos. Significa que, entre los 74 países que fueron considerados, Uruguay está a mitad de tabla.

En este sentido, el estudio concluye: “En términos de costo-eficiencia Uruguay produce menos de lo que se podría esperar dado el nivel de gasto en investigación y desarrollo y la cantidad de investigadores que posee”. La producción de documentos es un 25% menos de lo que se podría esperar por la inversión, y 7% de acuerdo a la cantidad de investigadores que posee.

“El estudio arroja algunos resultados positivos, en particular que en el período analizado (1996 a 2019) hubo una mejora creciente en la producción de documentos y una mejora en comparación a otros países en áreas en las que Uruguay es fuerte: Veterinaria y las Ciencias de la Vida (Biología y afines)”, dijo el presidente de la ANII, Flavio Caiafa. Sin embargo, “el estudio parecería demostrar que, aunque haya que invertir más, se podría hacerlo mejor”.

Existe discusión sobre qué hace a un buen científico, pero hay dos elementos que suelen ser clave en el curriculum: la producción de documentos y las veces que esos documentos son citados por otros. Dos de los coordinadores del GACH, por ejemplo, están entre los científicos uruguayos más reconocidos según esta paramétrica. En 33 años de investigación en Bioquímica y Biología Molecular, Rafael Radi publicó al menos 299 artículos científicos y su obra fue citada unas 25.011 veces en las últimas dos décadas. El matemático Fernando Paganini elaboró unos 115 artículos en 28 años y recibió 3.045 citas.

Pero hay una diferencia entre las áreas en las que se desempeñan estos científicos uruguayos. Radi trabaja en disciplinas en las que Uruguay tiene, según el estudio publicado por Universidad ORT, ventajas comparativas reveladas. Es decir: la Bioquímica, como la Veterinaria, las Ciencias Agrícolas, la Enfermería o la Inmunología, son áreas que tienen una participación en la producción científica nacional mayor que la participación del área en la producción mundial.

Ventaja comparativa revelada por áreas en citas y documentos
Ventaja comparativa revelada por áreas en citas y documentos

En las áreas en que ejerce Paganini (Matemática e Ingeniería), en cambio, Uruguay está en desventaja comparativa. Eso lleva a una discusión, que podría estar vinculada al nivel de producción, sobre si el país debería apostar a unas áreas sobre otras.

Según el ministro de Educación, Pablo da Silveira, “hay que distinguir entre investigación fundamental e investigación aplicada, aun admitiendo que los límites entre ambas son borrosos. En la investigación fundamental es necesaria la indagación guiada por la curiosidad. Primero, porque así se innova. Y segundo, porque es muy difícil anticipar sus resultados y sus eventuales aplicaciones. En el caso de la investigación aplicada, es más razonable que el dinero aportado por los contribuyentes se oriente a responder problemas y necesidades que son importantes para el país”.

Caiafa reconoce que “Uruguay no prioriza por áreas: existe una priorización laxa, a través del Plan Estratégico del año 2010, que refiere a priorizar las TICs, la Biología y la Nanotecnología. Pero a nivel estratégico el campo es tan grande que cabe más del 99% de la producción”.

Hay áreas, como algunas de las Ciencias Sociales, en las que el estudio encuentra resultados “contradictorios”: ventaja en la cantidad de documentos y desventaja en las citas.

La situación “menos alentadora”, según el estudio, es en las Ciencias Físicas, tanto cuando se mide en cantidad de documentos como de citas. “Hay un rezago en la producción de Matemáticas, Programación, Física, que también se ve reflejado en una alta demanda de profesionales, dice Caiafa.

Todo esto es parte de una discusión más amplia en la que el gobierno busca “aggiornar” el Plan Estratégico con dos documentos que, según el principal de la ANII, deberían tener resultados antes de fin de año.

Pero, a la vez, se da tras un año de discusión presupuestal en la que la comunidad científica cuestionó “recortes”. Acontenció la primera Asamblea Nacional de Investigadores con más de 1.300 participantes cuestionando la inversión, y la queja incluso llegó a la prestigiosa revista Nature.

Sin meterse en este asunto, el estudio publicado por Gandelman y equipo concluye que es necesario incorporar algunos de sus hallazgos en la discusión de cómo se asignan los recursos.

Hay más de 2.000 investigadores que están categorizados

El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) sumó este año 178 nuevos investigadores y confirmó la permanencia de otros 445 cuyos registros estaban por caducar. Tras este crecimiento, el sistema superó los 2.000 investigadores, el doble que aquellos que lo integraban en su origen. Uruguay había creado el SNI en 2009 con el objetivo de que algunos académicos pudieran dedicarse por completo a la investigación. Esto no solo supuso apoyos económicos para proyectos específicos, sino la categorización de los investigadores y el establecimiento de una gran red. Según comunicó la ANII, la agencia de la que depende el sistema, “desde la creación de este instrumento los investigadores produjeron más de 48 mil productos bibliográficos, así como también más de 4 mil productos técnicos”.

Las Ciencias Naturales y Exactas siguen liderando el listado de investigadores: 41 de los nuevos integrantes del SNI son de estas disciplinas, que acumulan 691 académicos categorizados. Les siguen las Ciencias Sociales (415), Ciencias Médicas y de la Salud (262), Ciencias Agrícolas (260), Ingeniería y Tecnología (206) y Humanidades (194).

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